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ABC VIERNES 30 9 2005 Internacional 29 Tony Blair tuvo que pedir ayer excusas por la brusca expulsión del congreso laborista de un venerable militante que levantó la voz contra la invasión de Irak El héroe que llamó mentira a la guerra EMILI J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. Walter Wolfgang, de 82 años de edad y 57 de militancia en el Partido Laborista, regresó como un héroe al plenario del congreso que esta formación clausuró ayer en Brighton. Frágil y de dificultoso caminar, el veterano laborista fue aclamado por sus camaradas cuando sostuvo en alto la acreditación que le era devuelta. Tony Blair tuvo que presentar públicamente sus excusas por el trato que había recibido el día anterior el anciano, que fue arrojado de la sala por haber comentado en voz alta eso es mentira y usted lo sabe cuando en su discurso el ministro de Exteriores, Jack Straw, dijo que la única razón de la presencia de las tropas británicas en Irak es garantizar la democracia. Wolfgang, que como judío escapó de la Alemania nazi en 1937 e ingresó en el Partido Laborista antes de que naciera Tony Blair, recibió el miércoles un trato poco cordial del servicio de orden. Ya fuera de la sala, la Policía no le permitió entrar de nuevo invocando nada menos que la Ley Antiterrorista. trado del plenario cuando el ministro de Defensa, John Reid, presentó las excusas a la sala. El propio Wolfgang aplaudió, porque de alguna manera el incidente le venía a dar cierta razón moral en su enfrentamiento ideológico sobre la guerra. Pequeño error... gran error... Al regresar a la sala comentó que un pequeño error había sido subsanado, a diferencia de lo ocurrido con el gran error de la invasión de Irak. Alguien en el partido ha sido irresponsable en alquilar gorilas el partido tiene que volver a la cultura de apertura a la discusión manifestó. El suceso fue rápidamente utilizado por las formaciones de la oposición para arremeter contra el mesianismo con el que Blair dirige el laborismo. Los conservadores vieron el incidente como uno de esos momentos en los que queda clara el total absurdo del proyecto orwelliano del Nuevo Laborismo. Resulta que el ministro de Asuntos Exteriores trata de uno de los asuntos más controvertidos del día y a la gente no se le permite permanecer en sus asientos si expresan alguna protesta, aunque sea limitada destacaron los liberal- demócratas. No fue la única protesta en el congreso laborista. También una cruzada particular, esta vez en los pasillos. David Hockney, uno de los artistas más importantes del Reino Unido, se Silenciar las críticas El despropósito, y sobre todo las imágenes del altercado, en el que también se vio envuelto el presidente de la agrupación local de Wolfgang, que salió en su defensa e igualmente fue expulsado, obligaron ayer a Blair a intentar corregir el daño que el suceso le causaba. No sólo se ponía en cuestión la capacidad de debate en el seno del partido, sino que evidenciaba un excesivo nerviosismo ante cualquier crítica relativa a la guerra de Irak. Wolfgang no estaba boicoteando la intervención de Straw, sino que se limitó a hacer un comentario en voz alta que el titular del Foreign Office podía haber toreado. Lo siento realmente, no tenía que haber ocurrido declaró Blair ayer por la mañana en televisión, cuando la noticia era portada en todos los periódicos británicos, ocupados más de este asunto que de las medidas anunciadas por el Gobierno en el congreso laborista de Brighton. El primer ministro vino a echar las culpas al servicio de orden, compuesto por voluntarios sin experiencia ante una situación así. Es difícil para ellos saber cómo actuar cuando alguien interrumpe un discurso, pero deberían haber sido más sensibles, particularmente con una persona mayor afirmó Blair, y se comprometió a entrenar mejor en el futuro a quienes se ocupan de la seguridad interna en los actos. Blair comentó que no se reuniría con el expulsado, porque no podría expresar con más profusión la disculpa y luego se limitó a aplaudir desde el es- Walter Wolfgang, readmitido en el congreso, sigue con interés la sesión REUTERS La noticia era portada en todos los periódicos británicos, más destacada que las medidas laboristas presentó en Brighton, tradicional emplazamiento del congreso Laborista, para hacer campaña contra la decisión del Gobierno de prohibir fumar en todos los lugares públicos a partir de 2008. Hockney admite fumar una media de treinta cigarrillos al día. Otros dos dirigentes conservadores presentan su candidatura a liderar el partido ante la cita de Blackpool E. J. BLASCO. CORRESPONSAL LONDRES. Ya son cinco los dirigentes del Partido Conservador británico, y la cifra aún puede aumentar, los que se disputarán los próximos meses el liderazgo tory en sustitución de Michael Howard, quien aunque tuvo un resultado aceptable en las elecciones generales de mayo decidió pasar el testigo a un sucesor. David Davis y David Cameron presentaron ayer su candidatura, que se suma a la anunciada formalmente por Kenneth Clarke, Malcolm Rifkind y Liam Fox. Tendrán ocasión de buscar adeptos en el congreso conservador que comienza el lunes en Blackpool. Tras un largo proceso, el ganador será proclamado el 6 de diciembre, convirtiéndose en el quinto líder en los últimos ocho años. David Davis, responsable de Inte- rior en el Gobierno en la sombra tory, pasó durante meses como el probable ganador de la contienda, pero desde hace unas semanas Kenneth Clarke ha comenzado a recabar más apoyos y el sistema de elección parece favorecerle. Consulta a las bases En una revuelta interna, la militancia ha logrado mantener el vigente método, que establece que el grupo parlamentario realizará votaciones hasta que queden únicamente dos candidatos y luego serán los trescientos mil afiliados los que optarán por uno de ellos. Clarke, un perro viejo en la política británica, ministro de tres Carteras con Thatcher y Major, ya ha perdido dos veces la opción de liderar el partido, pero confía en que su fuerte personalidad, generalmente apreciada por el público, acabe decantando la balanza. Aunque es el mayor de todos, -tendrá 70 años si las elecciones son dentro de cinco- -espera transformar ese inconveniente en la ventaja de la experiencia. Clarke no lo tiene fácil. Ayer un importante donante del partido, Stuart Wheeler, anunciaba que no volverá a entregar ni una libra si gana el europeísta Clarke. Éste ya intentó contentar a los euroescépticos afirmando que no apoyará el ingreso en el euro, porque según asegura ahora, no tiene sentido plantearlo al menos en los próximos diez años. Pero los demás contendientes le buscan las cosquillas en este punto. En el duelo entre Clarke y Davis, más conservador, puede encontrar una rendija el joven Cameron, de 38 años, responsable de Educación. En la presentación ayer de su candidatura, Cameron trató de vender la idea de que sólo un líder de una generación más joven puede centrar el partido y abordar las cuestiones que preocupan a los ciudadanos de hoy.