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ABC VIERNES 30 9 2005 Nacional ESTALLA EL DRAMA DE LA INMIGRACIÓN SIN PAPELES Y EN LA CALLE 17 Barras de pan, zapatos y ropa en tres idiomas ¿Quieres una barra de pan para esta noche? pregunta una de las voluntarias de la ONG Karibú a un ghanés que se ha acercado al centro porque hoy no ha conseguido dinero ni para eso. Aghuna Khami acepta agradecido el pan no sin antes advertirle a la mujer que ya lleva bread ¡Que no, que eso son cruasanes, tú llévatelo todo que falta te hace! María tiene 82 años y una voluntad férrea. Igual despacha a un inmigrante de Mali que a un guineano y pasa del francés al inglés y de ahí al español y a otro idioma que me invento En media hora, se acercan a Karibú una decena de inmigrantes. Las modestas oficinas albergan un almacén de ropa de todas las tallas y tendencias, un zapatero gigantesco, varias estanterías de comida, cuentos para niños y algunos juguetes. Es la asistencia básica, la inmediata y la más necesaria. Aghuna y su compañero nos explican que viven en una obra abandonada de Coslada y entonan el reiterado e imprescindible discurso de los papeles. Algunos días trabajamos y no tenemos que venir a por comida o ropa, pero ahora tienen miedo de darnos empleo Ambos portan doblada en cinco su orden de expulsión- -con recurso- -y nos muestran orgullosos su tarjeta sanitaria, que nunca, todavía, han usado. Cuando suban la valla a los veinte metros, los inmigrantes excavarán túneles; esas medidas no son el camino Ningún español malvive como nosotros, con todo el tiempo del mundo para fumar, beber y volverte loco Guinea Conakry y apenas habla español. Asegura que no pudo regularizarse porque llegó a España después del 8 de agosto de 2004, también en patera. No tiene contrato ni certificado de antecedentes penales, pero está convencido de que su pasaporte es un salvoconducto suficiente. Todos los habitantes del parque han seguido rumbos parejos. Dos de ellos entraron por la valla de Melilla hace ya un año; el resto en patera. Después de pasar un máximo de 40 días en un centro de internamiento de Canarias o de la Península quedaron en libertad, como marca la Ley de Extranjería, con una orden de expulsión que nunca podrá hacerse efectiva porque no existen convenios con sus países de origen. Libres, pero abandonados a su suerte. Libres, pero sin papeles que les permitan entrar en la red de acogida y formación oficial. Libres, pero sin documentos que los capaciten para tener un contrato. Algunos se han empadronado, otros han recurrido la orden de expulsión y los menos puede que hayan solicitado asilo. Seiscientos al mes ¿Cuál es la solución para ellos? Nadie aventura una sola teoría. Podemos convertir Madrid en un gran albergue, pero ese no es el camino. Ellos no quieren estar encerrados en los albergues, sino trabajar y labrarse un futuro. La regularización les ha dado la espalda de forma premeditada porque el Gobierno sabía que muy pocos africanos podían cumplir las condiciones que exigían argumenta el padre Antonio Díaz, fundador y director de la ONG Karibú que lleva más de una década trabajando con subsaharianos. Por Karibú pasan hoy una media de 600 africanos al mes; unos necesitan atención médica, otros papeles, muchos comida, ropa y medicinas. Están ofreciendo asistencia humanitaria como la que se presta en los campamentos de refugiados de África, pero en pleno centro de Madrid. Sólo el miércoles atendieron a tres inmigrantes que habían saltado la valla de Melilla en junio. Los tres estaban heridos; uno de ellos se había roto la tibia y el peroné y el deambular de un lugar a otro no facilitó su recuperación. Nunca hubo menos integración que ahora. La Administración no está haciendo nada por sacar a estas personas de la marginación social y sólo apuesta por las medidas coercitivas que no van a solucionar el problema. Cuando suban la valla a los veinte metros, los inmigrantes excavarán túneles concluye el padre Díaz.