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16 Nacional ESTALLA EL DRAMA DE LA INMIGRACIÓN SIN PAPELES Y EN LA CALLE VIERNES 30 9 2005 ABC En la asociación Karibú decenas de inmigrantes consiguen cada día lo indispensable para subsistir; un centenar de voluntarios se encarga de ello Cada banco del parque de Marqués de Lema está ocupado por más de un sin papeles proceden de cinco países distintos Una treintena de africanos subsiste en un parque del centro de Madrid entre cartones y plásticos; llegaron en patera o cruzaron la valla, no pueden ser expulsados y la regularización les pasó de largo; Moussa y Enqric ya no creen en el paraíso El sueño de Melilla acaba en Madrid TEXTO: CRUZ MORCILLO FOTOS: ÁNGEL DE ANTONIO MADRID. Cuando bajé de la patera en Fuerteventura, de madrugada, creí que había pasado lo más duro. El desierto es el infierno y yo ya lo había atravesado. Ahora veo que me equivoqué, porque aquí vivimos peor que en África; entonces qué podemos esperar. Yo casi nada Moussa Ilbondo hilvana un discurso tan coherente como desesperanzado. Lleva meses durmiendo en un parque en pleno corazón de Madrid, en la calle Marqués de Lema, a un paso de Cuatro Caminos. Otros 30 subsaharianos comparten su hogar y su rabia, malviviendo entre cartones y plásticos, en un campamento de refugiados improvisado, infinitamente peor que los levantados en torno a las vallas fronterizas. Sobre sus cabezas se apagan las luces en las oficinas, echan el cierre las tiendas de marca de Chamberí y las madres empujan sus carritos con prisa para no tropezarse con una marea de negros. La historia de Moussa es la historia de un fracaso y una negación; la historia del África negra que se nos cuela por las fronteras a la fuerza, creando un problema de orden público, porque no se puede pagar un billete de avión y hacerlo por los aeropuertos de forma más discreta. A Moussa y a sus compañeros de parque tercermundista, de al menos cinco países distintos, no les sorprenden los muertos en la valla. Ya dejamos muchos cadáveres en el desierto, sin fotografías y sin enterrar tercia Enqric Charles. Moussa salió de su casa en Burkina Fasso el 7 de diciembre de 2000. Tiene 38 años. Su único hijo había nacido un mes antes. Quería descubrir otro mundo, estudiar, ganar dinero, tener libertad, ver con mis propios ojos cómo era lo que llamaban el paraíso Tardó casi tres años en pisarlo, después de atravesar Mali, Argelia y Marruecos. Trabajé, mendigué, me escondí, trampeé, hice de todo. No quie- ro recordarlo es demasiado doloroso. Perdí a muchos en el camino Ya en Fuerteventura- -se tapa los ojos para huir de la visión de la travesía en la patera- fue conducido al centro de internamiento El Matorral con su orden de expulsión bajo el brazo. El 14 de julio un avión fletado por el Gobierno del PP le trajo a Barajas donde le esperaba la Policía. Le tomaron las huellas- -como siempre la rutina de la ley- -y lo abandonaron en la calle junto a sus compañeros de aventura. En ese momento empieza a funcionar el efectivo boca a boca y la autoprotección. Un amigo de un amigo lo acogió en un garaje abandonado junto a otros apátridas, con el sueño del futuro aún intacto. el problema no es el color de nuestra piel sino que no tenemos, cómo se dice, eso, ni un euro. Si viviera en la Castellana con mi trabajo y mi familia nadie se apartaría cuando me acerco por la acera Asegura que ha presentado los papeles para regularizarse, pero sin contrato, así que no se los van a dar. Al preguntarle por qué acepta seguir así, se encoge de hombros. Soy musulmán y la fe en Dios me conforta; miro a mi alrededor y veo que algunos empiezan a perder el juicio; entonces suplico que esta situación cambie y consigamos alguno de nuestros sueños. Si no es así, haré como el cazador. El hombre sale de caza y cuando no consigue la presa, se vuelve a su casa, malhumorado, porque ese día no cena Los sueños de Moussa y de Enqric y de quien dice llamarse Rober empiezan a ser de hojalata, perdido ya el brillo por el paso del tiempo. Enqric tampoco nos da muchos detalles sobre su travesía a ninguna parte. Procede de Guarda, jornalero, repartidor... Tuviste suerte- -interviene otro subsahariano que nos rehúye por cambiar las palabras la primera noche dormiste bajo techo; a mí me tocó pasarla en la calle, como ahora Moussa trabajó de vigilante de seguridad, escondido en turnos que nadie quería, e inexplicablemente consiguió empadronarse. Con su pasaporte, sus papeles a medias y la esperanza de un contrato, el año pasado se fue a recoger fresas a Huelva. Pero la ilusión duró lo mismo que la campaña. En marzo ha vuelto a intentarlo y tampoco hubo contrato para él. En medio ha repartido publicidad, ha intentado ser teleoperador (habla inglés, francés y español) y ha vuelto a ser guarda jurado clandestino. Mira, yo estoy orgulloso de ser negro pero me gustaría vivir como un blanco. Ningún español malvive como nosotros, en este parque, peor que los animales, con todo el tiempo del mundo para fumar, beber- -yo no lo hago- -y volverte loco reflexiona Moussa con rabia. No creo que los españoles sean más racistas que en otros países; Los inmigrantes piden una oportunidad; sólo queremos trabajar dicen a coro