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ABC VIERNES 30 9 2005 Opinión 7 que existiera todavía la Constitución republicana y sometido a referéndum en Cataluña antes de viajar a Madrid, pero sí en cuanto a la enorme distancia entre lo pedido y lo obtenido finalmente. Y a sus más que probables consecuencias, claro. LA ESPUMA DE LOS DÍAS TREINTA AÑOS DESPUÉS Y es que, aun cuando los catalanes de hoy en día cuenten ya con un Estatuto- -lo que los distingue, sin duda, de sus antecesores- no puede descartarse en modo alguno que la clase política autonómica, que ha convertido esta reforma estatutaria en su única razón de ser y gusta de reclamar para sí la herencia de los tiempos republicanos, vaya a reaccionar poco más o menos como lo hizo la de los años treinta. O sea, con medidas de presión de toda laya, así en los distintos Parlamentos como en la calle. Uno de sus más conspicuos representantes, el consejero de Comercio, Turismo y Consumo, Josep Huguet, ya abrió el fuego el pasado fin de semana. Y, entre muchas otras cosas, dijo lo siguiente, a propósito del posible fracaso del Estatuto: El país sabe y debe saber que, si esto falla, Cataluña entra en una dinámica de conflicto social creciente que, obviamente- -y hago una lectura partidista- irá en beneficio de los independentistas porque esto lo giraremos en contra de España Luego también habló de guerrillas y de guerra civil, aunque eso último, todo hay que decirlo, lo puso entre comillas. Bien es cierto que no hacía falta que Huguet nos pusiera sobre aviso. Con recordar el resto de las palabras pronunciadas por Maragall aquel 15 de diciembre de 2003 era más que suficiente. Y es que el entonces candidato, consciente de que el viaje de Ulises que iba a emprender no estaba exento de peligros, y de que el peligro mayor lo encarnaba el Gobierno de Madrid, le pidió ayuda al Partido Popular de Cataluña. Sí, porque en aquella época quienes mandaban en Madrid eran los populares, y nada permitía suponer que las cosas fueran a variar en el futuro. Para aquel Ulises de ocasión, el PP español debía tener una actitud más reflexiva y menos agresiva En caso contrario, añadía, el drama estará servido Lo está, en efecto. Pero ya no es el drama de Cataluña en España, sino el drama de España entera. Con Cataluña de primer actor y el País Vasco a punto de pisar la escena. Y lo que es más triste: con un Gobierno del Estado que ha rechazado el papel de director y parece conformarse con el de tramoyista. N greso de los Diputados con un perfil bajo, a la actual mayoría parlamentaria le habrían bastado unos cuantos retoques, no demasiado lesivos para sus promotores, para aprobarlo. Ahora, en cambio, y siempre y cuando el Congreso lo admita a trámite, deberá sufrir una desnaturalización considerable antes de ser aprobado. Aunque sólo sea para rebajar un poco su nivel de inconstitucionalidad. Con lo que estaremos en una situación muy parecida a la vivida por el Estatuto catalán en las Cortes de la Segunda República. No en cuanto al proceso, ciertamente, dado que entonces el Estatuto fue elaborado sin PALABRAS CRUZADAS ¿Supone la propuesta del Estatut un cambio de régimen? CAMBIAR, CAMBIA ERA NUEVA, SÍ; LO OTRO, NO N O ha estado muy afortunado el ex presidente Aznar con sus declaraciones sobre el cambio de régimen porque esa palabra se identifica con franquismo, con monarquía o con república, pero tenía más razón que un santo en el sentido de que cambia España, no sólo Cataluña, si sale adelante un Estatut que no hay por donde cogerlo desde el punto de vista de la Constitución, como ha dicho el propio Consejo Consultivo catalán. Aunque los nacionalistas catalanes se pasan el Consell y la Constitución por el arco del triunfo, y en eso están también algunos socialistas catalanes. Cambia España si Cataluña se conPILAR vierte en una nación, porque no hay más CERNUDA nación que España, se pongan como se pongan los nacionalistas. Cambia también porque Cataluña impone su criterio al resto de las comunidades autónomas, y no sólo por aplicación de la cláusula Camps su proyecto de financiación afecta a todas las regiones y a sus respectivos proyectos. Y la fiscalidad, y el agua, y la administración de los recursos territoriales. Con ese Estatut cambia España porque va hacia el federalismo, y cambia porque competencias del Estado y que sólo deben ser del Estado pasan a ser cuestión de los gobiernos autonómicos. Vaya si cambia España. La convierte en otra. M E cuento entre quienes opinan que algo había que hacer con los nacionalismos. Nos gustarán más o menos, pero ganan elecciones y hay que procurar mantenerlos dentro del Estado. Hacía falta, seguramente, una nueva era tras el Santiago y cierra España. Y en esto llegó ZP. Y en lugar de mandar parar, mandó acelerar. Mucho y con rumbo desconocido, eso sí. Y sin que estuviésemos seguros de cuánto combustible nos quedaba. En este marco, la carrera hacia el Estatut está siendo todo un espectáculo de mentecatez, al que Zapatero, entre otros, no es del todo ajeno. Y nos puede salir un poco caro. Pero quizás haya FERNANDO que pagar el comienzo de una etapa disJÁUREGUI tinta, distante, quizás algo tonta. Nueva era cuestionable e incierta, por tanto, sí, pero no un cambio de régimen. Ahí, Aznar se ha pasado unos cuantos pueblos de melodramático. Porque cambio de régimen es otra cosa, mucho más definitiva, como sustituir monarquía por república. Y no me parece que estemos en eso. Exagerar en política es, al menos, tan peligroso como encogerse de hombros como si nada pasara. Pero ¿es que nadie es capaz aquí de adoptar un término medio, de ir por la senda de una firme moderación, encauzando los temas sin poner constantemente el grito en el cielo? ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate UESTRAS relaciones con Marruecos atraviesan un momento tan exquisito y dulce que al Gobierno no le ha quedado otro remedio que enviar 1.600 soldados a vigilar la frontera con el querido vecino del sur. La Virgen del pueblo de Bono debe de estar a punto de pedir la baja por estrés con tanta plegaria que se le viene encima: una vela para que no se apruebe el Estatuto de Cataluña en el Congreso, otra para que no ocurran más desgracias en Afganistán y ahora una más para que la crisis con Marruecos no vaya a mayores. Yo estoy dispuesta a rezar con Bono por esos cientos de personas cuya desesperación CARMEN se ha convertido en una MARTÍNEZ eficaz arma política en CASTRO manos de un régimen escaso de escrúpulos, pero al Gobierno cabe exigirle algo más que buenas intenciones con o sin mediación divina. Si el despliegue ordenado ayer se hubiera efectuado hace días, justo después del primer ataque, tal vez nos hubiéramos ahorrado cinco muertes y la discusión absurda sobre la procedencia de las balas. A los inmigrantes les empuja el hambre, la falta de horizontes y la miseria absoluta. Sólo así se explica que se jueguen la vida en una patera o en estos asaltos dramáticos, pero curiosamente los índices de desesperación fluctúan en función de los intereses estratégicos de Rabat. Incluso los más eficaces propagandistas del lobby marroquí en España admiten que los asaltos de estos días responden a una estrategia de presión: donde no hay un problema se crea, y luego se pide ayuda para solucionarlo. No es Chicago, pero se parece bastante. Sin embargo, los problemas con Marruecos no se arreglan con dinero, como nos quieren hacer creer. Eso sería relativamente fácil; existen cientos de mecanismos para conseguir que la primera y coronada fortuna del país sea un poquito más grande, aunque los marroquíes sigan sin beneficiarse de la solidaridad española. El problema no es de dinero, ni de dulzura, ni de falta de plegarias; es de soberanía. Otra vez esa incómoda palabra, esa fatigosa obligación de defender la integridad territorial. Nuestro querido vecino del sur quiere comerse Ceuta y Melilla como se comió en su día el Sáhara. La crisis de estos días sigue milimétricamente el guión de las típicas broncas de vecindario: se trata de echar al vecino como sea, pero en vez de montar guateques diarios a las tres de la madrugada, lo que se montan son asaltos a la frontera. Hace treinta años nuestro querido vecino descubrió el truco maravilloso de utilizar a la población civil como un ejército de ocupación; ahora ni siquiera tiene que tomarse el trabajo de organizar la revuelta, le hacen el trabajo gratis. Sin duda, estamos ante una tragedia humana, pero también ante una grave amenaza a nuestra integridad territorial. Otra más.