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6 Opinión VIERNES 30 9 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA XAVIER PERICAY ESCRITOR LA RUPTURA DE SCHENGEN S I serán difíciles las relaciones entre España y Marruecos que Miguel Ángel Moratinos, pobrecito, afirma que son excelentes Tampoco podría decir algo muy distinto cuando, con la ausencia vergonzante de los representantes de Ceuta y Melilla, se celebra en Sevilla la primera Reunión de Alto Nivel entre los gobiernos de las dos naciones. La diplomacia, a fin de cuentas, es el arte de maquillar las palabras para, sin alterar la naturaleza de cualquier situación, aparentar que es distinta y más favorable de lo que muestran la razón y la inteligencia. Por otra parte, lo natural es que, en lo que afecta a las relaciones internacionales, los roces se susciten con los veciM. MARTÍN nos y no, en nuestro caso, FERRAND con Nueva Zelanda. Un vecino, como un pariente, es algo que no se escoge, que nos viene dado y, en consecuencia, es fuente de paz y bienestar el buen entendimiento con los próximos. Ya pueden echarle imaginación al asunto Moratinos y Mohamed Benaisa, copresidentes del Comité Averroes, que, aun siendo buenas, las relaciones hispano- marroquíes tendrán siempre un toque de conflicto. Así lo marcan la Historia y la geopolítica además de las circunstancias, y, entre estas últimas, el hecho de que el Sur de España, incluidos el archipiélago canario y las dos ciudades autónomas, es junto con el Sur de Italia la puerta de entrada a la UE más accesible para un africano. Otra cosa es que la situación, contemplada desde Ceuta y Melilla, resulte insostenible. Un Estado, y lo seguimos siendo, no puede aceptar que sus fronteras sean permeables con el uso de la fuerza. Aquí no solamente se acepta, sin más, sino que una buena parte de los subsaharianos que traspasan las vallas de las dos ciudades, en conflicto con la Guardia Civil y, a partir de ayer, con el Ejército, se instalan entre nosotros o, tomándonos como plataforma, abordan su traslado a otros países de la Unión. ¿Por cuánto tiempo seguirán aceptando nuestros socios europeos que la permeabilidad de nuestro flanco sur ponga en peligro la letra y el espíritu de los Acuerdos de Schengen? El derecho a la libre circulación de las personas, una de las más hermosas realidades de la Unión, no puede servir, ni tan siquiera invocando discutibles cuestiones humanitarias, para que Europa sea, sin control, sin planificación y sin medida, el punto de destino de todos los desamparados de África. Ni el Viejo Continente puede permitirse el lujo ni es admisible que la violencia, como la de quienes saltan las alambradas, surta los mismos efectos que un pasaporte en regla y un visado con carta de trabajo. En razón de la sonsa bonhomía desplegada por el Gobierno de España, imitador en esto del anterior, España podría ser un asilo para africanos; pero en ningún caso y por responsabilidad adquirida, una puerta abierta al espacio Schengen. EL DRAMA ESTÁ SERVIDO El Estatuto de Cataluña, una vez salvados todos los escollos, será hoy aprobado por el Parlament. Para el autor, ya no es el drama de Cataluña en España, sino el drama de España entera. Con Cataluña de primer actor y el País Vasco a punto de pisar la escena E NTRE quienes escribimos en los papeles periódicos existe una cierta tendencia a no tomarse demasiado en serio las palabras de Pasqual Maragall, a relativizarlas, a ponerlas en cuarentena, en la medida en que casi siempre parecen más el fruto de un arrebato que de una reflexión. Y nos equivocamos. No en lo del arrebato, sino en su trascendencia. El 15 de diciembre de 2003, al día siguiente de haber suscrito en nombre de su partido y junto a los máximos representantes de Esquerra Republicana e Iniciativa per Catalunya un acuerdo de gobierno para la legislatura autonómica, Maragall abría en el Parlamento de Cataluña el debate que iba a concluir con su investidura como presidente de la Generalitat. Y decía: El Estatuto debe acordarse con una reforma constitucional que ya es inaplazable Y, por si alguien dudaba de sus intenciones, después de advertir que Cataluña no se dejará engañar más remachaba: Estamos en un punto de no retorno Hoy, en el mismo lugar en que el actual presidente de la Generalitat pronunció aquel discurso, y después de dos largos días de votaciones parciales, negociaciones a la desesperada y cambalaches de todo tipo- -para muestra, la suspensión del pleno ayer por la tarde o lo ocurrido con el artículo sobre el carácter laico de la enseñanza pública- los parlamentarios catalanes podrán ratificar o desmentir los pronósticos del entonces candidato. Es decir, podrán decidir si este camino emprendido por Maragall y sus aliados- -concepto que, en este terreno, va más allá de sus socios de Gobierno e incluye al principal partido de la oposición- -tiene o no tiene retorno. A estas alturas, todo indica que no lo tiene. La única posibilidad de que el proyecto de reforma del Estatuto, ese eufemismo tras el que se esconde una propuesta nueva de cabo a cabo, no alcanzara los dos tercios necesarios para su aprobación y terminara su triste recorrido de casi dos años en el propio Parlamento catalán, o sea, allí donde nació, se esfumó ayer por la noche. El escollo de la laicidad de la enseñanza, el único que seguía separando a Convergencia i Unió del resto de las formaciones políticas que están por la labor de la renovación estatutaria, fue finalmente salvado y el texto será hoy bendecido por todos los diputados de la Cámara, excepto los quince del Partido Popular. Y ahora, Madrid. Porque Madrid no sólo existe, sino que para los parlamentarios catalanes ha sido siempre un argumento. Seamos ambiciosos, decía anteayer Artur Mas, que Madrid ya se encargará de los recortes. Sin duda. Si el proyecto de Estatuto hubiera llegado al Con-