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ABC JUEVES 29 9 2005 23 El congreso laborista británico se ve envuelto en protestas por la guerra de Irak y la privatización de la Sanidad El Senado de Argentina se deshace del último magistrado superviviente de la era de Carlos Menem Una encuesta Gallup, realizada entre el 13 y el 15 de septiembre, refleja que un 37 por ciento de los estadounidenses no se fían de sus medios de comunicación aquello hubiera sido un campo de batalla. Pero la realidad es que el contingente militar encabezado por el coronel Beron solamente había contabilizado seis muertos (cuatro por causas naturales, uno por sobredosis y otro más que se suicidó arrojándose desde las gradas del estadio) Esta realidad, triste pero limitada, contrasta por las declaraciones realizadas por altos cargos como el ahora dimisionario jefe de Policía de Nueva Orleáns, Eddie Compass, que no dudó en hablar de palizas, violaciones y tiroteos en los refugios temporales. Cinco días después del Katrina en un conocido programa de televisión, Compass afirmó que algunos bebés habían sido violados durante la anarquía posterior al ciclón. Tono terrorífico compartido también por el alcalde, Ray Nagin, que habló de bandas con cientos de miembros armados imponiendo la ley de la selva en las calles de la ciudad. La soldado England, condenada a tres años por las torturas de Abu Ghraib Los cargos imputados podrían haber implicado una pena tres veces mayor b Lynndie England responsabilizó Otras sentencias El sargento Charles Graner, superior, ex novio y padre del hijo de Lynndie England, considerado como el cabecilla de los torturadores, ha sido condenado a 10 años de cárcel. Los otros ocho militares inculpados en el caso han recibido penas que oscilan entre la expulsión deshonrosa del Ejército y los 10 años de prisión. La general Janis Karpinski, entonces comandante de la penitenciaria de Abu Ghraib, ha sido objeto de sanciones extrajudiciales, si bien no ha sido juzgada por el caso. El coronel Thomas Pappas se encuentra en la misma situación que la general Karpinski. ner de su conducta. Fui utilizada por él. Yo no habría hecho eso aseguró al tribunal. En este sentido, Charles Graner afirmó por su parte que los guardias de Abu Ghraib recibían órdenes directas de los oficiales militares de Inteligencia e incluso dijo que miembros del espionaje estadounidense llegaron a ser testigos de los abusos. de lo sucedido a su superior y padre de su hijo, Charles Graner, quien dijo que recibían órdenes de los servicios de Inteligencia ABC WASHINGTON. Las fotografías de la soldado del Ejército norteamericanos Lynndie England con una correa amarrada a un prisionero o posando ante una hilera de presos desnudos, al tiempo que señalaba sus genitales fumando un cigarro en la prisión iraquí de Abu Ghraib, pusieron rostro, nombre y apellidos al escándalo de abusos por parte de militares estadounidenses en Irak, y dañaron gravemente la ya de por sí denostada imagen de EE. UU. en el mundo árabe. Con la sentencia a England concluyó ayer la última de las nueve cortes marciales a militares de bajo rango acusados por malos tratos en el país del Tigris y el Éufrates. El jurado, compuesto por cinco oficiales del Ejército, precisó de noventa minutos para determinar el veredicto de la joven reservista de 22 años, oriunda de una región rural de Virginia y antigua trabajadora de una factoría de pollos. Finalmente Lynndie England fue declarada culpable de seis de los siete cargos de los que se la acusaba: conspiración para el abuso de prisioneros, cuatro por maltrato y otro por la comisión de actos indecentes Sus abogados alegaron en defensa de England su personalidad sumisa ante la presión de su superior, el sargento Graner, entonces su novio, ahora padre de su hijo de once meses, y hoy condenado a diez años de cárcel por los mismos hechos. La acusación, por el contrario, aseguró que la joven soldado se divertía con las vejaciones y argumentó que los militares norteamericanos están lo suficientemente entrenados para saber que las tortu- Falta de profesionalidad Para el fiscal jefe del distrito de Nueva Orleáns, Eddie Jordan, es muy desafortunado que esas historias de supuestos crímenes se hayan multiplicado sin respaldo de la realidad. Y que los grandes medios de comunicación no hayan hecho nada para comprobar esas historias, limitándose a aceptar como verdadero lo que la gente en la calle les decía. Esto no es para nada consecuente con los estándares del periodismo profesional El general encargado de la ayuda humanitaria en Luisiana, Russel Honoré, también exigió a los periodistas que no confundan preguntas con respuestas. Una oportuna encuesta Gallup realizada entre el 13 y el 15 de septiembre llega a la conclusión de que un 37 por ciento de los estadounidenses desconfía de la veracidad de los medios de comunicación, con un 12 por ciento que dice profesar un total escepticismo. Con lágrimas en los ojos Con todo, la sentencia de tres años de prisión y la baja deshonrosa del Ejército- -acogida con lágrimas en los ojos por Lynndie England- -puede considerarse una leve condena a tenor de las circunstancias, ya que los cargos que se la imputaban podrían llegar a implicar un castigo de hasta nueve años de cárcel. De este modo, el Pentágono ha conseguido presentar las torturas en Irak como algo esporádico frente a informes de prestigiosas organizaciones como Humans Rights Watch, que inciden en que los maltratos fueron reiterados. Más allá, el Departamento de Defensa estadounidense ha mostrado a England como una manzana podrida y una vergüenza nacional. La soldado England, esposada ante EPA el tribunal militar de Fort Hood ras físicas y psíquicas a prisioneros están terminantemente prohibidas por la legislación internacional en virtud de la Convención de Ginebra. England, que se disculpó en repetidas ocasiones durante el juicio, responsabilizó a su antiguo novio Gra-