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ABC JUEVES 29 9 2005 Nacional LUCHA CONTRA LA INMIGRACIÓN ILEGAL SITUACIÓN EN MELILLA 17 El boca a boca llega hasta los montes de Ceuta L. V. MELILLA. La entrada de tres centenares de subsaharianos por la valla de Melilla ha retumbado en todo Marruecos, donde un número indeterminado de inmigrantes clandestinos, que se cuentan por miles, esperan una oportunidad para llegar a Europa por vía española. Los montes que rodean Ceuta no han sido ajenos a estas noticias. Según ha sabido ABC, los habitantes del campamento de Beliones, el más grande que se mantiene en territorio marroquí en estos momentos, han dado la voz de alarma y ya hay algunos que han emprendido el camino hacia la valla de Melilla. A pesar de todo, la distancia que separa ambas ciudades autónomas, con la cordillera del Rif en medio, es grande y de difícil tránsito. Se trata del nuevo efecto llamada de los flujos migratorios. Al igual que hace varios años las mafias pusieron de moda la ruta del Sahara Occidental para llegar a las Canarias, el coladero melillense ha despertado de nuevo el interés por la ruta del norte. Tras las avalanchas de la noche del pasado martes, muchas de las caras de los subsaharianos que han pasado a Melilla son familiares. Hace apenas quince días permanecían al otro lado, en el bosque, donde relataban a ABC sus peripecias Reencuentro al otro lado de la valla TEXTO: L. DE VEGA MELILLA. Se hace de día en el Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Melilla. De las diez tiendas de campaña del Ejército que se han tenido que habilitar empiezan a aparecer cabezas para ver cómo está el ambiente. Los trescientos moradores de este camping improvisado han pasado su primera noche en España. Están Modiboh Diallo, Dauda Bamba, Soma Keita, Sangaré Mori, Babing Keita, Dossé Traoré... Todos saludan al reportero de ABC, al que conocieron en el bosque los días previos a que saltaran la valla. De su improvisada solución habitacional de lona extraen un ejemplar del pasado lunes 12 de septiembre que sus compañeros tenían guardado. Lo conservan como un tesoro de su paso por el bosque de Rostrogordo. Se arremolinan y comentan la foto en la que aparecen cuando malvivían entre los pinos. ¿Sabéis si Chek Umar ha pasado? Han hecho recuento de los que se han quedado atrás, que en esta colonia de los malienses no son muchos. Umar, con su perenne dolor de testículos desde que fue golpeado por agentes marroquíes, no aparece. Lo vi por última vez cuando atacábamos la alambrada asegura Brahim Mega, su compañero de correrías. De entre las decenas de jóvenes que se arremolinan a la entrada del CETI uno se acerca y pregunta en inglés. ¿No te acuerdas de mí? La gran mayoría de los que saltan el muro de alambre son francófonos y no había demasiadas posibilidades. Se trataba de Missa, el gambiano que pidió al informador que elevase al cielo sus oraciones para que todo saliera bien. Por favor, reza por mi para que pueda pasar a España dijo mientras construía una escalera. Missa era otro de los que ayer no cabía en sí de gozo. Rezaste, ¿verdad? Mira dónde estoy, en España Uno camina por el CETI y tiene la impresión de que en el bosque no deben quedar muchos a la espera de pasar a la Ciudad Autónoma. Todos los recién llegados refrescan sus ideas con ilusionados proyectos. Un grupo de hombres de la Legión pasa ante ellos campo a través, sufriendo el rigor de la instrucción. Yo podría acabar en el Ejército, ¿no? plantea Brahim Mega entre risas. Fue decirlo y aparecer ante ellos un legionario de raza negra que tuvo que seguir la marcha saludando en medio de los vítores de los subsaharianos. Brahim Mega ha aparecido varias veces en estas páginas- -ayer la última- -y sus contactos con este corresponsal no siempre fueron aprobados por sus camaradas en el bosque. Ahora, con los pies en Melilla todos olvidan. Su discurso es a menudo un mazazo a la política global que ahonda cada vez más el surco entre el primer mundo y el último. La valla está cansada. Ya lo sé. Pero he venido aquí para saltarla llegó a decir poco antes de dar el brinco definitivo- ¿definitivo? -a Europa. Ayer disfrutaba ya de las comodidades del CETI. Doy gracias a Dios. Sabía que Él era capaz de hacernos pasar ¿Porqué no acabar de nuevo el reportaje con una frase suya? Esta vez al otro lado de la valla.