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6 Opinión JUEVES 29 9 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA INOCENCIO F. ARIAS EMBAJADOR DE ESPAÑA LA FINANCIACIÓN DE LOS PARTIDOS OS partidos políticos, según la Constitución, expresan el pluralismo político y son instrumento fundamental para la participación popular Ahí, en la exclusiva concedida a las formaciones existentes e incluso venideras se asienta la partitocracia en que ha devenido el espíritu de la Transición. ¿Una vía muerta en el camino de la excelencia representativa? Sólo una financiación limpia y transparente podría moderar ese exceso, difícil de evitar, en el que se fundamenta nuestra cotidianidad democrática; pero ni los tiros fueron por ahí ni parece que vayan a ir en el futuro. La corta historia transcurrida bajo el manto de M. MARTÍN la Constitución del 78 esFERRAND tá cuajada de irregularidades- -no es necesario, por no ofender, recordar nombres y casos- -que afectan a la financiación de todos los partidos en presencia. La reforma de tan perturbadora situación fue una de las muchas promesas electorales que dejó incumplidas José María Aznar, y ahora, por la iniciativa de ERC, se tramita ya una nueva ley de Financiación de Partidos Políticos. Naturalmente se arranca de un consenso previo, con matices y sin excepciones, para que sean las arcas del Estado la fuente financiera principal de esas empresas políticas, cuajadas de militantes en plantilla, que sirven de medio de vida a una legión de profesionales de la participación que no han obtenido escaños o puestos remunerados. Se le añaden al debate, quizás como mera cláusula de estilo, cuestiones tan ruidosas como escasas de contenido, tal que los límites de las donaciones anónimas; pero, no sin mimo, se evita llegar al fondo del asunto. ¿No sería más razonable y más auténticamente democrático que los partidos, todos, se financiaran únicamente por las cuotas de sus militantes y las donaciones no anónimas, vale, de las personas que se puedan sentir afines a una de las siglas en juego? La práctica del sexo y la profesión política son las dos únicas actividades que, cuando se ejercen con precio tasado, cambian de nombre y dignidad, y para que la expresión de la sociedad por el cauce de los partidos no entre en parecido caso de relación resultaría conveniente que el Estado y sus dineros permanecieran al margen del proceso. Ya sé que lo dicho más arriba es predicar en el desierto, que aquí no hay nada que guste más, incluso que lo gratuito, que aquello que se satisface con el dinero de todos. Aun así es bueno predicarlo para que, aunque se salgan con la suya, las máquinas de los partidos- -sin diferencias notables entre ellos- -sepan, al menos una vez al año, cuando los Presupuestos, que los ciudadanos nos sometemos al yugo de su tiranía de muy mala gana: asumiendo como inevitables las grandes contradicciones y disfunciones que genera un régimen partidista. Parece que fuera del Estado no hay pan y lejos de los partidos no hay vida. L LAS SIMILITUDES DE AFGANISTÁN E IRAK (Y KOSOVO) Tanto la presencia de tropas extranjeras en Afganistán como la de Irak están amparadas, actualmente, por resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU. El debate, según el autor, sólo se puede centrar en el grado de peligrosidad o el origen del conflicto MPEZARÉ por el final: actualmente, la presencia de tropas extranjeras en Irak es tan correcta como la de Afganistán. Ambas están ampliamente amparadas por resoluciones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Uno puede disentir sobre el grado de peligrosidad para las tropas allí presentes, sobre el diferente origen del conflicto, pero no sobre la legitimidad del despliegue militar. Está totalmente autorizado por la ONU. Me explico. a) La peligrosidad. El riesgo en Irak es ciertamente mayor, el número de los golpes terroristas de los insurgentes es muchomás elevado (hay ya 1.912 americanosmuertos) aunque últimamente las víctimas sean fundamentalmente iraquíes. En Afganistán los ataques son más esporádicos, pero el peligro existe. En la semana que nuestro helicóptero se desplomó, creo lo que dice Bono, hubo un ataque con catorce muertos contra otro extranjero. Las tropas están allí para proteger un proceso político de democratización que los talibanes- -etcétera... -quieren impedir por la fuerza asesinando, como se ha visto, a candidatos, amenazando a los posibles votantes, etcétera. No quieren nada que tenga que ver con la democracia. Como en Irak. Si la situación fuera estable, si no hubiera facciones interesadas en impedir violentamente el proceso, la comunidad internacional no tendría allí varios miles de soldados. Tendría a mil funcionarios y expertos electorales de la ONU. En Afganistán hay muchas ONG, pero necesitan la protección militar. Los soldados no están, por citar a Pérez- Reverte, de besucones sin fronteras. Están de militares, con armas, protegiendo. Con un riesgo. E b) El origen de la situación. Muchos hemos sostenido que el origen de la intervención de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán estaba bendecido por las Naciones Unidas, mientras que la de Irak, ante la paralización del Consejo, se hizo al margen de la ONU. Eso convertiría a la primera en sacrosanta y a la segunda, para algunos, en execrable. La conclusión, con todo, merece ciertas matizaciones. De un lado, hay un número considerable de serios comentaristas que sostienen que en la intervención en Afganistán tampoco hubo una autorización expresa o clara del Consejo de Seguridad e incluso que se realizó con medios totalmente desproporcionados. Que no fue tampoco ortodoxa. Más importante aún. Muchos de los que califican de execrable la intervención en Irak por ser una agresión ilegal, antijurídica, etcétera, no se rasgaron las vestiduras ni protestaron, al contrario, aplaudieron, cuando algo antes se produjo otra que, con las consideraciones jurídicas aplicadas a Irak, resultaba infinitamente más ilegal, contraria a derecho, etcétera. Me refiero a Kosovo. Cualquier jurista lo admitirá. El argumento para probar de forma palmaria la ilegalidad de Irak es que no hubo una resolución expresa de la ONU que autorizara la intervención. Estados Unidos, Gran Bretaña y España habrían fracasado en sus esfuerzos de convencer a los miembros del Consejo. Es correcto, no lo lograron. En Kosovo no la hubo tampoco. Ni siquiera se intentó, por temor al veto ruso. La diferencia entre Irak y Kosovo es que en el primer caso existía toda una serie de resoluciones, la 678, la 687, etcétera,