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4 Opinión JUEVES 29 9 2005 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: IGNACIO CAMACHO Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Alberto Aguirre de Cárcer (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil EL GOBIERNO CEDE ANTE RABAT EUTA y Melilla no asistirán a la VII Reunión de Alto Nivel hispano- marroquí, que hoy se celebra en Sevilla, cuyo tema estrella es la inmigración ilegal y a la que sí han sido invitados los presidentes de Andalucía y Canarias. El sentido común indicaba que las autoridades de las dos ciudades autónomas deberían tener, en este contexto de presión asfixiante que sufren sus fronteras, una silla fija en la reunión. No será así. De nuevo aparecen la cesión y el no molestar al vecino del sur como patrones principales de las relaciones bilaterales, pese a que el Reino alauí sigue sin ofrecer gestos convincentes que inviten a pensar que se toma en serio el asunto. La prueba más palpable de este desinterés es que no evita la aglomeración de miles de personas preparando el salto a España. Sin embargo, el Gobierno de Zapatero dice estar satisfecho con el nivel de colaboración marroquí. Ayer lo repitió horas después del último asalto masivo. Tan es así que se conforma con destinar unas decenas de guardias civiles más. Errático, el Ejecutivo parece acomplejado ante el único hecho cierto: que esta situación insostenible sólo beneficia a Marruecos y a sus aspiraciones expansionistas. C CONTRA LA CONSTITUCIÓN L Parlamento catalán dio ayer a Rodríguez Zapatero el primer motivo para no apoyar en el Congreso de los Diputados el proyecto de reforma estatutaria, al aprobar aquél por mayoría abrumadora la definición de Cataluña como nación. Este principio de reconocimiento nacional de una comunidad que, en términos constitucionales, no puede superar la condición de nacionalidad es un paradigma del juego de máscaras en que se ha convertido la negociación del nuevo Estatuto. Los conceptos son relativos, las palabras no tienen significado y los principios jurídicos ya no vinculan. Con esta impostura intelectual, los mismos nacionalistas e independentistas catalanes que siempre han dicho que la Nación es el sujeto titular de la soberanía dicen ahora que la definición de Cataluña como nación no tiene asociado ningún efecto soberanista. El propio Consejo Consultivo catalán avaló la constitucionalidad de esta definición nacional con el alambicado razonamiento de que el término nación del proyecto estatutario es sinónimo de nacionalidad y no tiene vinculado el concepto clásico de soberanía Como mínimo, resulta sospechoso que los partidos nacionalistas de Cataluña minimicen ahora el concepto básico de su ideología. Y, en todo caso, resulta preocupante que el Partido Socialista de Cataluña haya respaldado expresamente el término nación como umbral del proyecto estatutario, más aún después de la incisiva intervención del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, mediante reuniones discretas en las que cabe presumir que se habrá ocupado de limar inconstitucionalidades flagrantes. Al menos la definición nacional de Cataluña ha debido de pasarle inadvertida. Sea cual fuere la gestación de este artículo 1 del nuevo Estatuto catalán, la cobertura que el presidente del Gobierno le haya prestado y las interpretaciones inverosímiles que del término nación hacen los nacionalistas, lo cierto es que la propuesta estatutaria que puede aprobarse en el Parlamento catalán tiene como premisa la derogación de la Constitución de 1978. La definición E de Cataluña como nación no es una concesión a la retórica histórica ni una inocua manifestación de nacionalismo romántico. Es un primer paso, porque, aunque es posible una nación sin Estado, es igualmente cierto que ya no es posible un Estado sin nación previa que lo reclame. La declaración de existencia de una nación en España que no es la española implica la fractura de la Constitución y supone una imposición unilateral de la revisión del concepto mismo de España, anterior incluso al pacto constitucional de 1978, como una realidad nacional unitaria. Ciertamente, el proyecto estatutario no establece un Estado para la nueva nación catalana. Ni falta que le hace, porque el proyecto, rozando la cuadratura del círculo, lo que propone es soberanía sin Estado y con nación. Así se puede entender mejor el andamiaje de derechos históricos y competencias blindadas que preparan el tripartito y CiU, con el que Cataluña se configura como un ente político, preconstitucional, soberano y nacional, que se inserta en el Estado español como quien subcontrata determinados servicios que no puede prestar por sí mismo y con la seguridad de que esa nación que hoy es tan inocua en la táctica del tripartito sería susceptible de convertirse mañana en fuente legítima de autodeterminación. Este proyecto no es sustancialmente distinto del Plan Ibarretxe y hasta cabe pensar que puede ser utilizado como espejo para el País Vasco. Su propósito es la instauración de un sistema que va más allá del federalismo; en la práctica la soberanía no es única ni radica sólo en el pueblo español, y España- -que en el preámbulo del texto estatutario es definida como un Estado federal -queda reducida a Estado, en el sentido más burocrático del término. La disyuntiva que se le planteará al Parlamento nacional, si mañana la Cámara catalana aprueba el proyecto, es tolerar la disgregación de la soberanía, aunque sea enmascarada con proclamas de solidaridad, o hacer frente a un intento descarnado de suplantar el pacto constitucional de 1978 por imposiciones unilaterales de una parte sobre el todo. Fidel Castro REUTERS CASTRO NO ESTÁ PARA DESFILES LABORISMO LIBERAL L objetivo trazado por Tony Blair para el laborismo en el congreso de Brighton es claro: evitar que la sociedad británica padezca el malestar de Francia y la angustia de Alemania. Para lograrlo, la fórmula política diseñada no es otra que dar una nueva vuelta de tuerca liberal al discurso que llevó a Tony Blair en 1997 a Downing Street. Con esta maniobra estratégica, Blair trataría de centrar definitivamente al Partido Laborista y hacerle renunciar a los viejos tics izquierdistas que aún conserva agazapados entre algunos de sus seguidores. Estamos ante una ambiciosa operación que tendría como objetivo arrebatar a los tories los rescoldos de centralidad que aún retienen sobre importantes segmentos de la clase media, al tiempo que traza líneas de acción sobre caladeros de voto juvenil esgrimiendo una reivindicación de la lucha contra la pobreza en el mundo, y plantea la protección del medio ambiente con una sugerente y arriesgada apuesta que combina el compromiso de Kyoto con la reactivación de la denostada energía nuclear. De este modo, se estaría articulando una compleja H fórmula política que transforma el viejo discurso igualitarista de la izquierda por otro fundado en la fuerza creativa y el dinamismo social de la libertad. Con todo, este cambio en el eje de gravedad del partido no será fácil. Tendrá poderosas resistencias, a pesar de que la mayoría de los laboristas parecen compartir la idea de que la sociedad británica debe seguir insistiendo en las reformas que hagan viables las políticas que mantengan al Reino Unido a la cabeza de la competitividad económica y la flexibilidad laboral dentro de una Europa que avanza hacia el estancamiento y la rigidez de sus estructuras sociales y económicas. Por otro lado, su compromiso con la defensa de la libertad y los valores de la civilización occidental aleja aún más a los laboristas de los ensayos políticos de una izquierda continental que no parece enterarse muy bien de por dónde van los nuevos vientos de la política en el siglo XXI. Así las cosas, el futuro pinta bastante negro para unos tories incapaces de afrontar una renovación que los libere de la herencia y la memoria thatcherista de los noventa. E ABÍA expectación por conocer la respuesta de Fidel Castro a la atenta invitación cursada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero para que tropas del Ejército cubano participaran con su bandera en el desfile de la Fiesta Nacional del 12 de octubre. El dictador, en justa reciprocidad y valorando el talante y el derroche de buena voluntad del presidente del Gobierno, ha dicho que... nones negativa que pone de manifiesto hasta qué punto Cuba agradece el gesto y la mano tendida del Ejecutivo español. Castro aplica el dogma: los desfiles, en casa, y los experimentos, con gaseosa. Calabazas con boina y subfusil del comandante, para desconsuelo de Zapatero y consuelo de todos aquellos que pensaban que la invitación era un exceso y una ofensa a partes iguales. Al final, el Gobierno queda en evidencia y se enreda otra vez en un desfile que algunos quisieron convertir en verbena. Castro no se suma a la fiesta y Zapatero se ahorra el tener que levantarse al paso de la bandera. ¡Marchando...