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ABC MIÉRCOLES 28 9 2005 Cultura 63 TOROS FERIA DE ARNEDO Talavante y un sobrero salvan la tarde inaugural ROSARIO PÉREZ ARNEDO (LA RIOJA) Caminaba la tarde por los derroteros del aburrimiento cuando apareció el sexto bis, un sobrero de Santa Fe Martón, Feo de nombre, que estuvo por encima de la seria y floja novillada de Puerto de San Lorenzo. Le correspondió a Alejandro Talavante, que cortó la única oreja. El extremeño evidenció buenos modos, midió tiempos y distancias e instrumentó templadas series por ambos pitones, pero no acabó de redondear del todo la faena. Con el tercero, con calidad pese a su escasa fortaleza, se vislumbró ya su clásico concepto y ejecutó unos notables naturales. Oyó un aviso. Paco Ureña pechó con el lote menos agraciado: el manso y andarín primero tenía más querencia a tablas que un carterista a un bolso en la Puerta del Sol y el insulso cuarto no podía con su alma. El novillero de Lorca, que a punto estuvo en la pasada edición de calzarse el Zapato de Oro, se esforzó sin posibilidad de lucimiento. Fue silenciado, al igual que un voluntarioso Rafael Ayuso, quien recibió un recado presidencial con el rebrincado y más encastado quinto. EPA La ronda nocturna de un zorro por la National Portrait Gallery El artista belga, residente en México, Francis Alys introdujo un zorro, de nombre Bandido, en la prestigiosa National Portrait Gallery y utilizó las cámaras de seguridad de la institución para documentar los paseos nocturnos del animal por sus salas. La acción quedó documentada en un filme de 20 minutos de duración, encargado por el grupo de arte contemporáneo Artangel, que se exhibe en el museo bajo el título Ronda Nocturna como el célebre cuadro de Rembrandt. En él se ve al zorro detenerse ante algunos cuadros, que representan a famosos aristócratas de la historia inglesa. El zorro, dijo el director del museo, demostró muy buenos modales París celebra los 20 años del Museo Picasso reivindicando su pasión por el dibujo Una gran exposición reúne 350 obras del mejor dibujante del siglo XX JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. El Museo Picasso celebra el vigésimo aniversario de su apertura con una gran exposición titulada Picasso. La pasión del dibujo que reconstruye, a través de cerca de trescientas cincuenta obras, dibujos, acuarelas, guaches, pasteles y collages, la historia de la pasión más íntima del más grande de los dibujantes del siglo XX. Depositario de la colección personal de Picasso, legatario de buena parte de las colecciones que se dispersaron con su herencia, y beneficiándose de donaciones excepcionales, como la de su legendaria Celestina, una de sus obras capitales, el Museo Picasso no sólo tiene una de las colecciones más fabulosas del mundo, sino que realiza una obra excepcional de revisión de su legado, desde las ópticas más distintas. Una visitante contempla Mujer desnuda recostada de Picasso reunidos, con notables aportaciones del Museo Picasso de Barcelona, permiten revisar, una vez más, la faceta más íntima del trabajo de un monstruo sin comparación posible con ningún otro maestro de su tiempo. Para Picasso, el dibujo es, al mismo tiempo, muchas cosas. Él se sirve del lápiz y el papel para explorar, para crucificar para caricaturizar, para inmortalizar, para tomar apuntes, para trabajar sin cesar temas muy diferentes que el dibujo le permitirá revisitar. Sus caricaturas pueden ser feroces, pero son muy risueñas. Sus exploraciones permiten reconstruir caminos poco transitados. Sus retratos oscilan entre lo monstruoso y lo sublime. Las caretas que culminarán con Les Demoiselles AFP Su faceta más íntima El museo ha organizado cincuenta grandes exposiciones para glosar otras tantas facetas del legado picassiano. A la hora de celebrar el vigésimo aniversario, Jean Clair, director todavía en funciones, tomó la decisión, compartida, de glosar una faceta pasional e íntima, el dibujo, donde echan sus raíces el resto de sus pasiones creadoras. La gran exposición consagrada a la pasión del dibujo se complementa con otra, mucho más modesta, consagrada de manera muy particular a los esbozos que culminaron con Les Demoiselles d Avignon Los trescientos cincuenta picassos tienen algo de oscuro, sombrío, feroz. Sus retratos de las mujeres amadas son, siempre, algo glorioso. Ante el rostro o el cuerpo de sus esposas o amantes, Picasso se comporta, siempre, como un Minotauro enamorado. Y repite, sin cesar, durante muchas décadas, el mismo dibujo: el Minotauro que contempla la mujer desnuda y pinta a otro Minotauro que contempla al artista pintando la misma escena, que tiene incontables variantes y culmina, con frecuencia, con retratos de rarísima perfección. Picasso lo ha pintado y dibujado todo. Pero es en el cuerpo desnudo de la mujer, o en su rostro, donde culmina su arte, definitivo. Hay muchos otros misterios: pero todos desembocan en el misterio de la fecundación del cuerpo femenino. Amén.