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ABC MIÉRCOLES 28 9 2005 Cultura 61 Aguilar Camín reflexiona sobre el poder en la novela La conspiración de la fortuna b El autor mexicano retoma en su séptima obra la misma temática que en Morir en el golfo y La guerra de Galio pero contada por un amigo íntimo del protagonista El escritor mexicano, ayer en Madrid SERGIO PITOL Novelista y memorialista No soy vaca sagrada como algunos autores; de ser vaca sería vaca loca Es uno de los grandes renovadores de las letras iberoamericanas. Cronista del esperpento delirante y macabro que nos aprisiona, la inteligencia y la ironía son sus inseparables compañeras de viaje. Ahora regresa a España con El mago de Viena (Editorial Pre- Textos) su fe de vida TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTO: SIGEFREDO MADRID. Usted, alejado de cualquier boom adora a los excéntricos. ¿Su literatura es excéntrica? -Más o menos. Creo que sí. Dicen de mí que no pertenezco a ninguna generación de latinoamericanos, ni mis temas. Mi mundo literario generalmente está repleto de personajes excéntricos; es carnavalesco. Son novelas paródicas, caricaturizantes del esperpento. Pero tienen otro encaje: la angustia. -Confiese pasiones no angustiosas. -Los clásicos del Siglo de Oro, que son casi todos excéntricos (Quevedo, Góngora, Cervantes sobre todo) los últimos cuartetos de Beethoven, las óperas de Mozart, las películas de Lubistch, el expresionismo alemán, Faulkner y Borges (cuando a mediados de los años cincuenta comencé a esbozar mis primeros cuentos dos lenguajes ejercieron poder sobre mi incipiente visión literaria: el de Borges y Faulkner) Galdós y las literaturas centroeuropeas, eslavas, rusas. ¿Es Pitol el más europeo de los escritores mexicanos? -Quién sabe. En el año 61 (contaba yo 26 años) me vine a Europa para pasar seis meses recorriendo centros culturales y me quedé... 28 años. Yo fuí un niño enfermo. No tuve escolaridad normal. Estuve casi siempre encerrado en casas, en el campo, y cuando me llegó la salud lo primero que hice fue viajar por México, por el Caribe, por Nueva York. Todo eso es mi literatura. ¿Tiene enemigos literarios? -Casi no, según sospecho. Sólo ha habido dos personas que han declarado que mi literatura no es literatura. -Carlo Emilio Gadda invitaba a desconfiar de los escritores que no desconfían de sus propios libros. ¿Hay que desconfiar de usted ya que siempre desconfía de sus obras? -Existe siempre la necesidad de mejorar. No me siento ni soy una vaca sagrada, como algunos autores. De ser vaca, sería vaca loca. Ahora que tengo 72 años pienso que hay algunas cosas que nunca volvería a escribir porque son realmente buenas. Como los cuentos Nocturno de Bujara Vals de Mefisto o El oscuro hermano gemelo ¿Que es el libro para Pitol? -El libro realiza una multitud de tareas, algunas soberbias, otras deplorables; distribuye conocimientos y miserias, ilumina y engaña, libera y manipula, enaltece y rebaja, crea o cancela opciones de vida. Sin él ninguna cultura sería posible. Por imponentes que sean los escritos del odio, la letra impresa hace inclinar la balanza hacia la luz y la generosidad. Don Quijote triunfará siempre sobre Mein Kampf ¿Cree en las generaciones? -Sí, aunque nunca he estado en ningún Mi mundo literario está repleto de personajes excéntricos grupo. Soy un llanero solitario. Quizá por eso no tengo enemigos. ¿Piensa que los grupos generan sectas, como en la poesía? -Siempre. Los surrealistas, por ejemplo, ¡eran salvajes! -Sostiene usted que en la literatura se debe imponer siempre el instinto frente a cualquier mediación. ¿Cómo se vuelca el instinto? -Eso es lo que no sabe uno hasta que llega; luego hay reglas y moldes. Yo pulo mis originales, aunque mi primer borrador es como el de un niño de doce años. ¿Ideológicamente cómo es Pitol? -Como socialista, a la forma del alemán Willy Brandt o del sueco Palme. -Supongo que a años luz del PRI. -Estamos en un momento muy interesante con el PRI ya muy mayor, a punto siempre de deshacerse y con alguna momia dentro. Pero con una fuerza enorme. El PRI tuvo épocas extraordinarias, sin embargo ahora no es nada; está en una guerra intestina, como todos los partidos y de eso saldrá la democracia. Creo que llegará. Tal vez yo no la vea, pero la sociedad civil se gestó en diez años. -Se acerca el otoño de los premios literarios (Nobel, Cervantes) y usted siempre suena en las quinielas. -Ya tengo varios premios el Rulfo, el Herralde, el Villaurrutia Pero no escribo para tenerlos. ¿Para qué (o quién) escribe? -Para vivir, para ser; no podría yo ser sin escribir. J. HERNÁNDEZ MADRID. El escritor y periodista Héctor Aguilar Camín (México, 1946) se inspiró en las siempre socorridas noticias que se publican en los periódicos para su nueva novela. Sin embargo, La conspiración de la fortuna (Planeta) poco tiene que ver en la forma con esa historia que leyó Aguilar Camín sobre una bailarina exquisita y de gran talento que estaba a punto de debutar El día antes- -explica a ABC- -hace tres o cuatro pasos desbocados y se rompe varios huesos El final de tan negra historia es que jamás logra volver a bailar y, lo que es peor, proyecta sus fracasos en su hija- -otra artista con talento- armando un gran escándalo añade, en la noche previa a su gran debut. De la misma manera, Santos Rodríguez, el protagonista de La conspiración de la fortuna intenta proyectar sobre sus hijos la idea de revancha cuando ve que sus anhelos por lograr la presidencia de la República se desvanecen por un cambio imprevisto después de años y años de luchar en los entresijos del poder político. La brújula del rencor La venganza, que en toda condición humana se sirve en plato bien frío, en este caso no llega a darse. Santos ha enseñado a su hijo Sebastián a prepararse para la cabalgata del poder pero acaba perdiendo la brújula del rencor y se entrega a su otro hijo Salomón, el que fue fruto del amor prohibido con Silvana. En esa relación paralela a su matrimonio con Adelaida se halla a sí mismo, lejos de las ambiciones del poder y más cerca de la ternura de la vida. El narrador sin nombre puntualiza este nuevo valor de la literatura mexicana, es un amigo de Santos que va marcando el relato por ese mundo del hijo secreto a través del cual se presenta un espacio de libertad en el que no faltan las pasiones, la violencia y las ambiciones para transformar La conspiración de la fortuna en un caso de tragedia clásica con un Salomón enfrentado a su hermano y enamorado de la hija de un narcotraficante. La corriente subterránea son los amores imposibles pero, advierte un Aguilar Camín convertido en Maquiavelo, bajo esa corrupción, parte cosustancial de la política