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ABC MIÉRCOLES 28 9 2005 Opinión 7 del proyecto político que ve a Euskadi como una Euskalherria definida sólo por nacionalistas y en la que sobran todos los que no lo sean en su calidad de ciudadanos. Quizá sea el momento de recordar que todos los movimientos terroristas han actuado siempre por lo menos en dos frentes: el frente violento, dirigido a causar suficientes daños al enemigo como para obligarle a entrar en negociaciones, y el frente de la propaganda, dirigido a convencer a la ciudadanía de que lo democráticamente más aceptable, lo más humano, lo más progresista, lo más de izquierdas, lo más avanzado, lo más noble y ético es aprovechar las oportunidades de la paz, la aceptación de las exigencias de quienes han utilizado la violencia terrorista siempre que esas exigencias puedan ser formuladas en términos supuestamente democráticos, aceptables, humanitarios, progresistas, dialogantes. LA ESPUMA DE LOS DÍAS EL SIGLO DE ARON S ÁNGEL CÓRDOBA tendido a través del terror, del asesinato y la extorsión: una Euskadi definida sin tener en cuenta para nada a todos aquellos ciudadanos que no son nacionalistas. Una Euskadi que se corresponda con la intención de quienes han asesinado a casi mil personas. Una oportunidad para que todos estos asesinados desaparezcan de la memoria institucional de Euskadi. El problema del comunicado de ETA no radica en que invita a sus seguidores a seguir con las movilizaciones populares, sino en que considera que la situación actual es muy buena para conseguir sus fines: la materialización La oportunidad de la que habla ETA no es la oportunidad de la paz, es la oportunidad de la victoria del terror sobre el Estado de Derecho. La oportunidad de la que habla ETA no es la oportunidad de poner fin a una desgraciada historia de violencia, sino la oportunidad de alcanzar los fines perseguidos desde siempre por esa violencia terrorista. La oportunidad de la que habla ETA no es la oportunidad de enterrar dignamente a los asesinados gracias a la victoria del Estado de Derecho, sino la ocasión de abandonarlos en la fosa común del olvido histórico. Cuando un proyecto político, como es ETA, ha caído en la trampa de utilizar dos lenguajes, el lenguaje de las palabras y el lenguaje de los actos de violencia y de terror, los interlocutores nunca pueden caer en la trampa de dar prioridad en la interpretación a las palabras sobre los hechos. La verdad de ETA desde que usó la violencia- -y lo hizo, en proyecto, desde sus mismos inicios- -está en sus actos, y no en sus palabras. Por eso, la única posibilidad de que se pueda entrar en interlocución alguna con ETA es la renuncia explícita y comprobable al uso del otro lenguaje, el lenguaje del terror. Una posición que miembros del Gobierno afirman una y otra vez que es la suya. Es de esperar que no se trate sólo de una afirmación, sino del impulso vital que informe todas sus actuaciones en relación a ETA. Todo lo demás sería incomprensible en los encargados, y cualquier gobierno no es otra cosa, del mantenimiento del Estado de Derecho. PALABRAS CRUZADAS ¿Son tan generosos los Presupestos como dice el Gobierno? ESTO NO VA DE GENEROSIDAD UE sepamos, los Presupuestos no se nutren del bolsillo de los que los preparan y aprueban; más bien es dinero de terceros. Así que hablar de generosidad no es adecuado. La generosidad, en las cuatro interesantes acepciones que otorga a la palabra nuestro diccionario, está muy alejada de las opciones presupuestarias, de la decisión de los políticos sobre la asignación (gasto) de esos recursos que el Estado toma del bolsillo de los ciudadanos. Estos presupuestos son continuistas, con tufo electoral, con propensión al gasto, preparados para contentar a amigos y aliados. También vienen sobrados, por una coyuntura económica favorable que induce al crecimiento de los ingresos, paralelo a la sumisión del gober- FERNANDO G. URBANEJA nante a su pasión por gastar. Los romanos colocaban detrás de los césares triunfantes un paisano que les recordaba que eran mortales. Detrás de cada político gastador habría que colocar otro que les dijera: ojo, el dinero no es tuyo, pero debes administrarlo como si lo fuera. La generosidad es una virtud individual que puede devenir en vicio cuando cursa con los recursos de los otros. Es el caso. No hay político generoso con dinero público. LA CARIDAD BIEN ENTENDIDA OS Presupuestos son muy generosos con el Gobierno, como suele suceder, porque para eso es el Gobierno. El paso siguiente, claro está, es que esta estafa no resulte descarada. Para ello se recurre al pensamiento único, conforme al cual aquí no hay ciudadanos sino súbditos, incapaces de hacer nada por sí solos, y por ende completamente dependientes de la política, que deja de ser nítida coacción para adoptar atributos de la virtud, como la generosidad y la solidaridad. Los socialistas (de todos los partidos) rivalizan así por ser más sociales que los demás, o sea, subir los impuestos más pero que se note menos. A escala internacional, esto es aún más ridículo, porque se supone CARLOS R. que es bueno llegar al 0,7 por ciento del BRAUN PIB en ayuda al desarrollo un camelo de la ONU masivamente compartido, pero que desafía con sensibilidad cualquier sentido común. El Gobierno sólo se preocupa por salvarse a sí mismo y está dispuesto a negociar cualquier cosa para lograrlo. Como es obvio, no se va a amedrentar jamás ante el insignificante obstáculo que le representan nuestra libertad y nuestra cartera. Nos arrebatará ambas, sonriendo siempre, y siempre con brillantes excusas que nos impidan ver con quién está siendo en realidad generoso. Q L ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate I aceptamos- -a efectos retóricos- -que se considere a los últimos cien años como el siglo de Sartre parece claro que el gran perdedor habría sido Raymond Aron, su antagonista intelectual: al fin y al cabo, aquélla fue la época triunfante del totalitarismo. Sí, pero quizá no. B. H. Levy, padre de la ocurrencia, contempla el mundo desde el punto de vista exclusivo de un pensador francés. Quiero decir que fue, tal vez, el siglo de Sartre en el terreno de las ideas: allí alcanzaron una victoria apabullante los epígonos de Marx, a veces disfrazados- -como es el caso- -de existencialismo y humanismo. Por suerte para todos, la gente real se libró del falso disBENIGNO curso progresista a base PENDÁS de contrastar aquel artificio con la solidez de los conservadores y la audacia de los liberales. De ahí, Reagan, Thatcher y la genuina revolución democrática, con sus defectos e imperfecciones, faltaría más. Cayó el Muro, pero salvaron su fuero los portavoces del mensaje rancio. Ahora nos ofrecen lecciones solemnes de democracia participativa, fervor multicultural y recetas contra la globalización. Siguen culpando de todo a los americanos. Actúan, como de costumbre, con altivez y desprecio a una derecha que imaginan- -o acaso desean- -ignorante y avariciosa. Nos gobiernan aquí y ahora los restos de serie de aquella generación, cuyo libro de cabecera, por hacer justicia a Sartre, no ha sido precisamente la Crítica de la razón dialéctica Demasiado fuerte. En el otro bando, Aron, escéptico, realista y liberal. El mejor estudioso de la Guerra Fría. El defensor exquisito de la democracia imperfecta frente a los regímenes totalitarios. El comentarista inteligente de Tucídides y de Clausewitz. El único teórico no marxista que parecía ser respetado, a veces a regañadientes, por los sátrapas de aquella universidad que alumbró tantas sinrazones. Para un público más amplio, el periodista capaz de enseñar a pensar a muchos miles de lectores. Eso sí, mal profeta, como todos: en 1983, poco antes de su muerte, era incapaz de prever la crisis de la Unión Soviética. Es tiempo de recuperar su obra, bajo pretexto del centenario. Por ello, merece máximo elogio la obra colectiva de FAES en homenaje a este liberal resistente inspirada y coordinada por José María Lassalle. El acto de presentación tuvo su morbo político con la denuncia implacable de Aznar sobre el peligro de un cambio de régimen También, su proyección de futuro con el sólido discurso de Rajoy sobre política exterior de España. Más allá del triste espectáculo del Estatuto catalán, me quedo con una venturosa novedad: el centro- derecha ha comprendido por fin que, a medio plazo, el poder se gana y se pierde en la batalla de las ideas. La tradición conservadora y liberal es más fértil que ninguna otra. Tal vez el XXI sea el siglo de Aron y no el de Sartre. Eso saldremos ganando.