Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MIÉRCOLES 28 9 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC VEINTICINCO AÑOS SIN JOAQUÍN GARRIGUES WALKER POR ANTONIO FONTÁN EX PRESIDENTE DEL SENADO Un liberalismo, el suyo, ajeno a toda confesionalidad, tanto religiosa como laicista, y no sólo compatible sino hasta cierto punto inspirado en la cultura histórica de España y del Occidente... N este pasado verano se ha cumplido un cuarto de siglo del fallecimiento de Joaquín Garrigues Walker tras una relativamente larga e implacable enfermedad que sobrellevó con admirable entereza y sin dejar de trabajar en cuanto tenía un respiro y de sonreír siempre. A sus amigos personales y políticos nos parece que fue ayer. Pero, como escribió Virgilio, el tiempo, más que correr, huye y no se deja atrapar. En este aniversario los que trabajaron con él en Murcia, su circunscripción electoral, se disponen a rendir un homenaje a su memoria. Garrigues fue ministro en los gobiernos Suárez de 1977 y 1979, de Obras Públicas y Urbanismo en el primero de ellos y de Presidencia en el segundo, cuando ya su mal, declarado al día siguiente de su última victoria electoral, no le permitía la insoportable tarea de un ministerio de gestión de cosas, como el MOPU. E Joaquín Garrigues fue, antes y después del final del régimen de Franco, una destacada figura en la política española y uno de los que más y mejor trabajaron en la Transición. Era, por antonomasia, el liberal Había nacido en Madrid en septiembre de 1933 en una familia de profesionales del derecho. Trabajó en el despacho J. y A. Garrigues (don Joaquín el catedrático y don Antonio el diplomático) y muy pronto también en actividades empresariales. Pasó una larga temporada en Nueva York, en el Chase Manhattan Bank que presidía David Rockefeller, que sería después gran amigo suyo. Como empresario, Garrigues promovió Liga Financiera que tuvo una importante presencia en la construcción de las primeras autopistas españolas. Fue también durante unos años presidente de la Sociedad Española de Radiodifusión, que entonces era ya la principal empresa privada española del mundo de las ondas. Desde ella contribuyó a salvar a la radio privada española del riesgo de la nacionalización, que en algún momento se propusieron llevar a cabo los gobiernos de entonces. En sus actividades profesionales Joaquín Garrigues Walker era ya el liberal que luego siguió siendo en la política. La principal aportación de Joaquín Garrigues Walker a la vida pública nacional en la transición a la democracia fue esa firme y consecuente condición suya de liberal. A fines de 1973 decidió dedicarse a la política, con el fin de hacer presente en España la doctrina y la práctica del liberalismo moderno que en aquel tramo final del siglo XX ocupaba posiciones de centro en otros países, y que en el nuestro apenas sí era promovido por algunos grupos. No sería el suyo un proyecto político de oposición radical ni de mero reformismo de un franquismo maquillado. Ni ruptura ni continuismo, sino cambio. Un liberalismo, el suyo, ajeno a toda confesionalidad, tanto religiosa como laicista, y no sólo compatible sino hasta cierto punto inspirado en la cultura histórica de España y del Occidente. Joaquín Garrigues fue el fundador y el alma del Partido Demócrata (minoritario y clandestino en sus pasos iniciales) que en un segundo momento se transformaría en la Federación de Partidos Demócratas y Liberales. Para Garrigues y sus amigos políticos el futuro de la nación exigía una organización nacional descentralizada. No se les ocurría pensar en un estado federal o en una utópica asociación de soberanías inventadas, sino en un Estado en que las regiones de más acusada diversidad histórica y cultural estarían juntas con las demás, apoyándose en la tarea de construir, o recobrar, una España democrática, liberal y abierta al entendimiento con otras ideologías. Con ese pequeño partido Joaquín Garrigues dio el salto de asociarse con la coalición de Centro Democrático del presidente Suárez. Habían reunido pronto un conjunto de hombres y mujeres que trabajarían lealmente en el proceso de la Transición. Su ideología era liberal, sin socialismos de izquierda o socialdemocratismos de imitación, sin la confesionalidad democristiana y sin los dirigismos políticos, económicos y sociales del régimen anterior. regularidad los Clubs Liberales en varias ciudades. Joaquín Garrigues fue el creador y director de los Cuadernos Libra En sus veintitantos volúmenes de unas doscientas páginas se abordan cuestiones de filosofía política, organización del Estado, historia reciente de España y proyectos concretos para realizar o promover. En torno a Garrigues y a las dos docenas de parlamentarios de su partido, integrados en la UCD, de las Cámaras del 77, se formó el activo núcleo de las Juventudes Liberales, que serían luego continuadores de ese estilo político y de esa ideología en otras formaciones como el Partido Popular, donde no pocos de ellos accederían a posiciones de responsabilidad. En la periferia de esta convocación liberal, funcionaron también con mayor o menor El de Garrigues era el liberalismo de las grandes libertades públicas, pero también el de las pequeñas libertades con minúscula, las reales e inmediatas, las de cada uno y de cada día, que son el verdadero contexto en que vive la gente. Una faceta de su personalidad que merece ser puesta de relieve fue la de escritor, más de artículos periodísticos que de libros. Hombre de formación jurídica y económica, y de muchas lecturas literarias y políticas, especialmente anglosajonas, publicó algunos trabajos de mérito, salpicados con el inimitable humor que le caracterizaba y el dominio de la expresión que le acompañó siempre. Escribió en los grandes diarios nacionales. Más que en otros en este ABC, donde algunas de sus Terceras páginas podrían ocupar un lugar en cualquier antología de buenos artículos de prensa. Joaquín Garrigues murió joven. Cuarenta y seis años son una existencia corta. Pero no frustrada. Su vida personal y de hombre público ha dejado huella y su firmeza y su lealtad fueron ampliamente reconocidas. No quiso ser ni aparecer nunca como un político, o un ciudadano, explícitamente confesional; pero, celoso siempre de sus intimidades personales, acertó a ser en la salud y en la enfermedad, en el trabajo y en la vida, una persona inspirada por los valores de lo que se entiende por una cultura cristiana. Seriamente enfermo, con las huellas del mal en su siempre alegre y sonriente rostro, acudió al Congreso de los Diputados para cumplir su compromiso político en una ocasión muy señalada. Con escasas fuerzas abandonó por un par de horas la clínica en que estaba hospitalizado, para votar contra la moción de censura que el PSOE y sus socios de izquierda le habían presentado al presidente Suárez. La inesperada llegada de Garrigues al hemiciclo fue acogida con una ovación por los diputados presentes. Su voto no era indispensable, porque Suárez tenía asegurada la mayoría y Garrigues lo sabía. Pero esa tarde Joaquín ofreció un testimonio de su sentido del deber político que rayaba en lo heroico, cosa no demasiado frecuente en los parlamentos. Caballerosamente, Felipe González, el candidato propuesto para echar a Suárez, le recibió en el centro del salón con un abrazo que registraron los fotógrafos y la televisión y recogieron al día siguiente los principales diarios. Quizá eran otros tiempos y otras formas. Era la Transición.