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90 Deportes ALONSO, CAMPEÓN DEL MUNDO DE F- 1 PERFIL LUNES 26 9 2005 ABC No conoce la palabra derrota, ni la de conformismo. Todo lo ha querido hacer siempre a lo grande. Su primer objetivo ha sido el de ganar y cuando la victoria se veía lógica ha buscado nuevas metas. Su ambición ha sido tal que de pequeño no soñaba con ser campeón del mundo, sino cómo sería la manera más rápida de serlo Ser siempre el primero, su gran obsesión TEXTO JON AGIRIANO Desde que a los tres años pisó el acelerador del kart de su hermana Lorena, a Fernando Alonso le acompaña la certeza de que el tiempo fluye a dos velocidades. Una sería la de los demás, la que mueve por el mundo al resto de los mortales, y otra la suya propia, más rápida, siempre unos segundos por delante. Vista con perspectiva, su vida ha sido una carrera continua. En realidad, un larguísimo adelantamiento en busca de un único objetivo. Y no como uno de esos sueños imposibles que se alumbran en la niñez- -el de ser astronauta o explorador- -sino como una aspiración real al alcance de su mano. No hay que confundirse. Durante aquellos viajes legendarios de su infancia, dormido en el asiento trasero del Peugeot 405 que su padre y su amigo José Luis Echeverría conducían hasta Italia para que él pudiera participar en las mejores carreras de karts del continente, el Nano Alonso no soñaba con ser campeón del mundo de Fórmula 1. No. Lo que hacía eran planes sobre la manera más rápida de serlo. Fernando era entonces un chaval tímido y de pocas palabras, y su propósito era secreto, reducido al ámbito de las confidencias, pero tan abrasador que cumplirlo se convirtió en el motor de su vida y forjó su personalidad: la de un ganador frío. Letal. Él mismo suele reconocerlo. No sé hacer una cosa sólo por hacerla. La hago para ser el mejor. Y cuando no lo soy, me enfado mucho confesó hace unos meses. Fernando Alonso, efectivamente, lo hace todo para ser el mejor. Son ya muchos años exigiéndose el máximo y semejante carga de ambición requiere de una fuerza interior proporcional para poder soportarla sin que uno acabe aplastándose a sí mismo o haciendo el ridículo. Secundado por su padre o por amigos como José Luis Echeverría, Adrián Campos o Luis García- Abad, su representante, el piloto de Renault se ha ido modelando a conciencia como un número uno. Comenzó por afilar su carácter de competidor, para lo cual tuvo que deshacerse de todos los restos de inocencia y de piedad que le quedaban como rescoldos de la infancia. En su lugar, comenzó a aprovisionarse de frialdad, valentía, confianza en sí mismo y ese orgullo- -a veces recóndito y otras tan explícito que se confunde con la soberbia- -de casi todos los grandes campeones. Así se explica que Alonso se atreva de vez en cuando a perdonarnos la vida a los periodistas, a polemizar con el mismísimo Michael Schumacher o a desdeñar en público a un compañero y compatriota como Pedro Martínez de la Rosa- -le llamó el cuarto piloto de McLaren -por un comentario de éste durante la retransmisión de un Gran Premio. El cuello y el corazón A la vez que su carácter, el asturiano ha modelado su cuerpo con una precisión y un espíritu de sacrificio que Eduardo Bendinelli, el hombre que dirige su puesta a punto y le machaca en el gimnasio, no se cansa de admirar. A su juicio, Alonso reúne como piloto tres virtudes fundamentales en el aspecto físico. La primera es su cuello de boxeador, fortísimo y bien musculado. Todo su cuerpo se ha construido en torno a su cuello, que junto a la espalda es la parte que más deben trabajar los pilotos. Y Fernando lleva 20 años trabajándola explica. La segunda son sus extraordinarios reflejos. En las pruebas que comien- Sus virtudes, según su preparador, son su cuello, sus grandes reflejos y su corazón a prueba de sobresaltos En España, la Alonsomanía como fenómeno sociológico de culto al héroe se ha desbordado