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14 Nacional LA POLÉMICA TERRITORIAL CATALUÑA LUNES 26 9 2005 ABC ERC augura una guerra civil si se consuma un pacto PSC- CiU para que el Estatuto se rechace en las Cortes CiU tampoco acepta la última propuesta de financiación de Maragall y la califica de papelucho b La contraoferta del tripartito incluye la cesión y gestión de todos los impuestos y una cuota de solidaridad fijada por la Comisión Mixta de Asuntos Económicos MARÍA JESÚS CAÑIZARES BARCELONA. La reunión a tres bandas entre el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero; el presidente catalán, Pasqual Maragall, y el jefe de la oposición, Artur Mas (CiU) ha dado paso a una auténtica ceremonia de la confusión, en la que ERC ha expresado su malestar ante la posibilidad de un pacto entre socialistas y nacionalistas para recortar el nuevo Estatuto en el Congreso, y CiU reconoce que tendrá que dar explicaciones a sus desorientadas bases tras la ejecutiva que se celebra hoy, tal como explicó su secretario general, Josep Antoni Duran Lleida. Los republicanos han añadido más tensión al proceso negociador del Estatuto a través del consejero de Comercio de la Generalitat, Josep Huguet, quien ayer hizo alarde de una visión casi apocalíptica al advertir que si falla el Estatuto, se generará una crisis social y guerra civil, entre comillas, en Cataluña que ERC girará en contra de España como si fuera Els Segadors la revuelta del siglo XVII contra las tropas castellanas. Huguet dijo a Efe, que el país sabe y ha de saber que si esto falla, Cataluña entra en una dinámica de conflicto social creciente que, obviamente irá en beneficio de los independentistas porque esto lo giraremos en contra de España ERC se ha sentido excluida de la negociación que mantuvieron Zapatero, Maragall y Mas, en la que el primero español dejó en manos de Maragall el acuerdo con los nacionalistas, tras advertir que las exigencias de CiU, consistentes en incluir en el Estatuto un sistema de financiación basado en el concierto económico, son inconstitucionales. La posibilidad de un pacto para aprobar el proyecto en el Parlamento catalán, para luego estrellarlo en las Cortes ha indignado a ERC, que además fue ninguneada por el consejero de Economía, Antoni Castells, al enviar una nueva oferta sobre financiación a Artur Mas antes de que la conocieran los republicanos. Los socialistas catalanes, por su parte, presentaron ayer a CiU una nueva propuesta sobre financiación en la que pide la cesión de todos los impuestos estatales y refuerza la bilateralidad Estado- Generalitat. Sin embargo, este documento ha sido rotundamente rechazado por CiU, que lo calificó de papelucho Los convergentes consideran esta propuesta es una simple maniobra para romper el acuerdo entre Maragall y Mas, y que, entre otras cuestiones, no garantiza que Cataluña pueda administrar sus impuestos El PP denuncia compromisos ocultos El portavoz del PP en el Congreso, Eduardo Zaplana, acusó ayer al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de actuar con prisas respecto a la negociación del Estatuto catalán, en base a compromisos ocultos que podría haber asumido previamente ¿Está en una huida hacia delante sin saber él mismo dónde se encuentra el final? se preguntó el dirigente popular, quien calificó la actitud de Zapatero de tremendamente arriesgada El portavoz del PSOE en el Congreso, Alfredo Pérez Rubalcaba, expresó su sorpresa por el hecho de que un partido como CiU, que ha estado veinte años en el Gobierno catalán, proponga ahora un nuevo sistema de financiación inconstitucional que no es razonable El PSOE dijo que quiere ser prudente Rubalcaba no entiende a CiU por proponer un Estatuto inconstitucional ERNESTO AGUDO Pese a la presión de sus bases y de sus colaboradores, el presidente de CiU sabe que el bloqueo del Estatuto puede perjudicarle electoralmente, por lo que prefiere que el proyecto se frustre en el Congreso y sacar rendimiento al enemigo exterior La solución, el viernes El dilema de Convergència POR M. J. C. BARCELONA. Artur Mas representa el relevo generacional del que, por ahora, carece Pasqual Maragall en su partido. Eso explica muchas cosas del enrevesado proceso negociador que se está llevando a cabo en Cataluña en relación al nuevo Estatuto de Autonomía. Mientras el dirigente nacionalista soporta el peso de un pasado, el de CiU, en el que Jordi Pujol ejerció un liderazgo indiscutible, el presidente socialista encara un futuro sin que de momento se vislumbre un sucesor. Esta situación impide que, hoy por hoy, ninguno de los dos tenga las riendas de sus respectivas formaciones. Artur Mas, cada vez más proclive al acuerdo, no acaba de sintonizar con la militancia de CiU, de sello genuinamente soberanista. Pero tampoco en las ejecutivas parece que haya un cierre de filas, lo cual es especialmente desconcertante en el caso de Mas, que en el último congreso de su formación colocó en la dirección convergente a su guardia pretoriana, es decir, jóvenes soberanistas fieles al nuevo líder. Esta nueva generación convergen- te se ha estrenado en la oposición intentando manejar con evidente visceralidad la elaboración de un nuevo Estatuto que, paradójicamente, es una idea que el propio Artur Mas lanzó en el último mandato de Pujol. Durante años, el ex presidente catalán se vio obligado a aparcar esa idea en cumplimiento de su pacto con el PP. A punto de consumarse su relevo, Mas enarboló la bandera del nuevo Estatuto, pero dos años después, se convirtió en el principal opositor a esa idea, marcando los ritmos de la negociación de forma unipersonal y sin contar apenas con la opinión de Josep Duran Lleida, secretario general de CiU y presidente de UDC, al que el equipo de Mas considera parte del pasado. Pero contentar a las bases y a sus estrechos colabo- El equipo de Mas ha sido beligerante en un bloqueo que, ahora, no conviene a la federación radores es una arma de doble filo. Porque un no al Estatuto de Maragall comportará una revancha a corto y largo plazo. El PSC amenaza con una nueva ley electoral con la que CiU perdería votantes. Y con vistas a futuras legislaturas, los nacionalistas nunca contarían con el apoyo de los socialistas para impulsar un nuevo proyecto. Por no hablar de un posible adelanto electoral que tampoco beneficiaría a los nacionalistaa, pues un discurso en negativo- hemos frenado un Estatuto sin ambición -tiene pocos visos de éxito. Sin olvidar la postura del empresariado catalán, otrora satisfecho con el pragmatismo de Jordi Pujol y que, molesto con los titubeos políticos, urge la aprobación del Estatuto. La aprobación de un Estatuto en Cataluña y su fracaso en el Congreso, tesis que cobra cada vez más peso, sí que daría argumentos a Artur Mas para crearse nuevos enemigos fuera de Cataluña y convertirse en el paladín de las causas soberanistas que ERC habría abandonado. El reto es explicar todo esto a sus bases.