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ABC LUNES 26 9 2005 Opinión 7 San Vicente de Paul: el relato sobre la ayuda a ancianos alcanzó en un momento un grado de intensidad emocional difícil en la investigación social y por ello memorable. Y es que la compasión- -vocablo en declive como todo aquel que pertenezca a un lenguaje moral fuerte- -se entendía como un auxilio continuo. Nada que ver con el distanciamiento afectivo que defendían los voluntarios jóvenes, formados en los valores fríos de la independencia y la cautela, propios de un liberalismo mezclado de individualismo psicologista. Las formas de socialización- -en el sentido simmeliano- -eran para los jóvenes la reserva y la distancia, mientras que para las amas de casa cristianas lo eran la entrega y el sacrificio (siendo éste último un anatema en nuestra cultura) El modelo de vinculación era para el discurso cristiano el deber (nada menos que la obediencia a Dios y al primer mandamiento) frente a la libertad negativa- -por parte de los jóvenes- -o la interdependencia- -por parte de los profesionales que construyeron un discurso cívico- progresista- Por último, la práctica del voluntariado se resumía en la metáfora, en el caso del discurso cristiano, del amparo duradero, frente a la empatía limitada que transmitían los jóvenes estudiantes y la costumbre cívica de los profesionales. LA ESPUMA DE LOS DÍAS VUELTAS DE TUERCAS O peor que puede sucederle a los magos que mueven las tuercas políticas, con la paciencia y el talento que se les supone a inteligentes profesionales, es un exceso de vueltas. Que se pasen varias de las roscas y, como un castillo de naipes, salte por los aires el mecanismo imaginado como tabla salvadora que al final resulta inservible, con el consiguiente fracaso de toda la operación de ingeniería. En una estrategia política de riesgo mayor se hace necesario dar muchas vueltas a las tuercas. A veces esos movimientos, de ambigüedad calculada, parecen piruetas suicidas aunque después resultan triunfos para un futuro más limpio, pacífico y amJ. J. ARMAS plio. Entonces, el riesgo MARCELO habrá valido la pena y todos, incluso quienes estaban contra las vueltas de tuercas, apoyarán el final del trayecto. Aunque sea con la boca chica y las manos en los bolsillos. Depende de la grandeza y la dignidad del triunfo, que hay que imaginar- -a priori- -en el desarrollo del proceso. En otras ocasiones, no sale el truco como lo habían soñado, diseñado e interpretado los magos del espectáculo. Entonces el resultado es nefasto, todo el mundo juzga la acción como temeraria, siempre a toro pasado, y ni siquiera los protagonistas quieren hacerse cargo del fracaso provocado por las últimas y erróneas vueltas de tuercas. Como el rumor de que algo se mueve en la banda terrorista ETA y su entorno político crece en indicios y expectativas más o menos vaporosas, mientras oficialmente se sigue negando la mayor, todos estamos atentos a las nuevas vueltas que los magos den a las tuercas. Todos los días nos hacemos cábalas con al acercamiento de los presos y con las fechas de una hipotética negociación. ¿Y quién no quiere la paz en Euskadi a estas alturas, luego de tantos decenios de sufrimientos, violencias, muertes, víctimas y agravios excesivos? ¿Quién, en cualquiera de las alternativas que incluso los más pesimistas contemplan lejanas en el proceso político actual, no quiere la paz? El gran problema está en las vueltas que hay que dar a las tuercas que aún andan sueltas, a disposición de cualquiera de las partes implicadas, no sólo de los vascos, sino del resto de los españoles. El gran problema para los mecánicos mágicos es el número exacto de vueltas que hay que dar a las tuercas para apretarlas con certidumbres constitucionales e históricas. Vueltas exactas para que ninguna se pase de rosca, para que ninguna se quede suelta. Hacer encajes de bolillos con las vueltas de las tuercas en artefactos de ingeniería bien engrasados nos depararía expectativas de paz en un laberinto que se extiende ya demasiados decenios en nuestra historia más reciente. Aunque también sea evidente que en la ocasión de la paz que se reclama se exigirá demasiado de las víctimas del terrorismo, condenadas siempre a una violencia extrema. L no era- -en terminología weberiana- -afectiva, frente a la acción de tipo racional del voluntariado individualista de los jóvenes (que es el que ha recibido más atención por parte de las instituciones, quizá por una distorsión de la imagen de la caridad tradicional, demasiado frecuentemente asociada al franquismo) así como del voluntariado cívico de los profesionales. El sentimiento moral del discurso cristiano era la compasión, en el sentido literal de sufrir con Recuerdo un grupo de discusión de amas de casa pertenecientes a ONG confesionales en el que participaron miembros de El mal samaritano título del ensayo que publiqué como resultado de la investigación, es un libro polémico. Frente a la pretendida resurección de la ciudadanía por parte de los jóvenes- -tendientes a la desafección política- -mis conclusiones eran escépticas en relación con el futuro de un voluntariado anclado en valores individualistas y postmaterialistas. En más de un foro he tenido que explicar, cuando no defender, el valor moral y social del voluntariado cristiano. Sólo con valores fuertes, con la reivindicación del deber, con una noción del don que hace posible una cadena de ayuda, es posible una defensa sociológica de la compasión, del la filantropía organizada. La opinión de Bobbio sobre la tan maltratada caridad sirvió como acicate para reafirmarme en mis conclusiones. Ahora me alegra saber que una de las ONG que más colaboraron apasionada y desinteresadamente en mi análisis de los lenguajes morales de la práctica social del voluntariado ha recibido un premio prestigioso y justo. Enhorabuena, pues, a una organización que lleva casi cuatro siglos de existencia realizando una labor digna de encomio. PALABRAS CRUZADAS ¿Es Alonso el mejor piloto del Mundial? ESTÁ EMPATADO CON ROSSI ODOS aquellos que no conseguimos sacarnos el carnet de conducir a la primera sabemos lo difícil que es que te comprendan al volante. Fernando Alonso también es víctima, en cierto modo, de esa incomprensión: ha ganado el Campeonato del Mundo de pilotos de Fórmula 1 a los 24 años (como se ha subrayado tanto, lo anoto yo ahora aquí, aunque no me parece un dato a su favor: si tuviera 67 ó 68 sí me parecería un mérito añadido, pero lo que no se haga a los 24... bueno, pues hay un cierto interés externo y botarate en enfrentarlo al segundo piloto, ese hombre finlandés llamado Kimi Raikkonen, y entablar un pulso ficticio y melón sobre cuál de ellos ha sido el mejor piloto. Esto, forzado desde fuera, con polémica y OTI R. encuestas, es uno de esos ejemplos claMARCHANTE ros de la estupidez que nos rodea: vamos a ver, si ellos ya se enfrentan en cada prueba, se puntúan religiosamente y resulta que ha ganado sobradamente Fernando Alonso, ¿cómo puede venir un polemista o un encuestador a decir que el mejor no es Fernando Alonso? Personalmente, me parecería mucho más viva la polémica sobre quién es mejor piloto, si Fernando Alonso o ese Rossi que corre en esas motos gordas... En fin, ¡qué alegría, qué alboroto, Fernando Alonso es el mejor piloto! O Alonso, o Rossi. BENEDICTUS BENEDICAT Chesterton le encantaba contar el chiste sobre aquel monje benedictino que empleó la fórmula Benedictus benedicat y a quien un inculto franciscano le replicó orgulloso: Franciscus franciscat Pero vaya usted a contar este chiste en la España de Carmen Calvo. Da igual. El caso es que sólo bendicen los bendecidos, y Fernando Alonso es uno de ellos. Solo, lo mismo que Indurain, ha consumado una gesta. Otro español hecho a sí mismo. Ahí es nada: el más joven campeón del mundo en la historia del automovilismo, en Brasil- -todavía parece más verdad en un bólido el proverbio brasileño: Deus escreve direito por linhas tortas -y arrebatándole ese honor a Emerson Fittipaldi. Y como español hecho a sí mismo, Alonso no puede ser hoy un español más raro: es inteligenIGNACIO RUIZ te, eficiente y consecuente. Dice España en QUINTANO vez de Nestepaís o Restospaña exhibe orgullosamente en su casco la bandera nacional, sabe expresarse perfectamente en inglés (vive en Oxford, que significa vado de buey y no pordiosea subvenciones. Este Alonso universal representa, en fin, todos los valores que combate nuestro pequeño y aldeano Régimen de Progreso, que ahora intentará ningunearlo con todo lo que pueda. Por nuestra parte, sólo tenemos dos palabras: gratitud, que es la felicidad amplificada por la sorpresa, y agradecimiento, que es- -y así terminamos como hemos comenzado, con Chesterton- -la forma más elevada del pensamiento. T A ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate