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84 DOMINGO 25 9 2005 ABC FIRMAS EN ABC FRANCISCO J. MANSO CORONADO ECONOMISTA ¿ES POSIBLE ENFOCAR EL FUTURO IGNORANDO EL PASADO, MANANTIAL DEL FUTURO? Quien conduzca a los demás hacia el futuro debe hacerlo mirando el espejo retrovisor... E N estrategia, tan grave es dejarse dominar por el pasado como ignorarlo. De hecho, el proceso de aprendizaje de la estrategia ha tenido, y tiene como fuente de inspiración, el análisis de los hechos del pasado, matizados, cada vez más, por la comprensión creciente del concepto de evolución, en todos los órdenes. Esto es el fruto del formidable instinto de supervivencia, presente en todos los seres vivos, que se manifiesta de manera inteligente en la especie humana, ante el temor que le produce la conciencia de la ignorancia del futuro. Es decir, en los humanos, la supervivencia pasa de ser mero instinto de conservación, a una actitud estratégica inteligente para alcanzar el futuro posible deseado. Todos los grandes hombres de la historia que han hecho algo valioso en el futuro, ponían los ojos en el espejo retrovisor, al tiempo que atendían al timón. Es inevitable citar a Santayana: Los que no se acuerdan del pasado están condenados a repetirlo Además, Marañón distinguía entre un pasado que sólo es un cementerio de la historia, y aquel otro del que brota en su hondura viva, el manantial del futuro. El hombre revolucionario acomete el error de confundirlos y abominarlos a la vez Me sumo a los, no pocos, que proclaman que Rajoy ha cometido un grave error al afirmar que el PP debe renunciar al pasado, sin más. La tesis de Rajoy está basada en la equivocada idea de que todo lo que va quedando atrás es un pasado negativo, que debe ser ignorado a la hora de la construcción del discurso político del futuro. Pero cuidado, no podemos ignorar que, gran parte de ese pasado molesto, depende de un PSOE en posición dialécticamente dominante que, por lo que venimos comprobando, consigue, machaconamente, que esté permanentemente presente, vivo. Lo de Rajoy es la clásica reacción de quien mete la cabeza debajo del ala respecto a todas aquellas cosas que le torturan, a las que no quiere hacer frente, caballo de batalla en el diván de cualquier psiquiatra que quiere curar los males de su paciente, enfermo por los fantasmas del pasado. O sea, los traumas de la campaña del Prestige, la guerra de Irak, el 11- M y el 14- M. Estos hechos, entre otros más, desde el punto de vista de la acción política, no constituyen un pasado cementerio, sino un pasado que es manantial del futuro. También es inevitable citar a Cicerón: La Historia es maestra de la verdad, testigo del pasado, aviso del presente, advertencia del porvenir No es posible enfocar el futuro sin tener los pies en el suelo, el presente, lo único que existe como resultado del ayer. Y aunque es verdad que nadie recomendaría que, en estos tiempos de cambio rápido, el futuro de una empresa, o un país, se construya por simple extrapolación del pasado, tampoco recomendaría que ignorase el pasado, lo que sería tanto como ignorar quiénes somos, punto de partida imprescindible para saber quiénes queremos ser. En el fondo, esto denotaría la peligrosa aceptación de que a todo el pasado del PP le corresponde el calificativo de malo, desechable. Sin olvidar que manejamos juicios de opinión construidos en el terreno de la acción política, donde la dialéctica y la retórica juegan un papel primordial. Artes en las que el PSOE supera claramente al PP. JOAQUÍN ALBAICÍN ESCRITOR INTRUSOS Y HUÉSPEDES NA noche, recién llegado de un viaje a Asia, soñé con un desconocido que llegaba a mi casa, presentándose: -Soy un espíritu huésped. ¿Quieres darme hospitalidad? Hoy, he creído reconocerle en el tío que aparece escoba en mano, en el fondo de una piscina, en la portada de la nueva novela de Luis Magrinyá, titulada por lo demás Intrusos y huéspedes. Muy inquietante. Aquel espíritu huésped de mi ensoñación era joven, de tez morena y ojos negros, como éste, que tiene en cambio el pelo lacio en contraste con el rizado de aquél y carece del fino bigote que sombreaba su labio superior. A aquél se le diría entre mongol y ancestro del Pequeño Egipto, y al del li- U bro, en cambio, oriundo del Magreb o Siria. Aquél llevaba una camisa gris o azul plomo sin meter por el pantalón, y la blanca de éste va por dentro. Pero es el mismo individuo, sin duda. Luego, camino de Las Ventas, en el metro, he notado que una mujer, desde el otro tren, me miraba. Era Mangala, la protagonista de El cromosoma Calcuta, de Ghosh. No sé si Jorge Herralde, editor de ambas obras, suele toparse por las esquinas con las criaturas literarias que encuaderna. Yo, sí. No podía ser menos, puesto que en alguna ocasión me he permitido echar mano de amigos, enemigos y conocidos para construir personajes literarios. Por lo general, no he informado de ello a los modelos (llamar- les los interesados me parecería abusivo) Manteniéndoles ignorantes de su pertenencia al mundo de la ficción, su categoría literaria crece y se asienta. Es un truco culianesco de eficacia constatada. Pero esto son recursos e impulsos que apenas tienen que ver- -al menos, en el arranque del proceso- -con el careo, con la posterior coincidencia- -en el suburbano, en una foto, en una puerta de embarque- -con el daimon literario vehiculado por pluma ajena. Quienes no tenemos ningún sitio en el cuadro de previsión globalista seguimos experimentando encuentros de este tipo, vedados- -según parece- -a los integrados. De hecho, nos resultaría algo cuesta arriba encarar la existencia y hallarle sentido sin ellos. Entre ciertas tribus pieles rojas, aún se asume que el soñador ha de proceder en la vigilia a ejecutar las acciones vividas durante sus correrías oníricas. Mucha sabiduría encierra esa práctica. La recomendamos encarecidamente... Como también, claro, la novela de Magrinyá. Es decir, algunos de los hechos que a los ojos de cualquier ciudadano no sectario, con visión objetiva y no desviada de lo que son sus intereses, merecerían la consideración de buenos, dada la eficaz presión y dominio mediático que tradicionalmente lleva a cabo el PSOE, están mereciendo la consideración de malos por muchos ciudadanos, como demuestran las encuestas; lo que, según se aprecia, ha afectado incluso a la débil conciencia ideológica de algunos militantes del PP. Naturalmente, una vez conseguida la manipulación de la conciencia de la mayoría de los ciudadanos, con la ayuda de todo tipo de plataformas mediáticas y culturales, es el propio PSOE el que no deja de referirse a ese pasado que Rajoy quiere ignorar a cruz y raya. Es decir, ese pasado está bien presente en el debate político cotidiano. ¿Por qué Rajoy supone que los ciudadanos no están interesados en conocer todo lo que ocurrió en torno al 11- M y 14- M? Esta lamentable situación no constituye una novedad, como lo prueba el hecho del complejo de derechona fascista apreciable entre algunos miembros y seguidores del PP, que frente al vacío ideológico que pueda afirmar quiénes son, han optado por seguir las indicaciones de la izquierda otorgadora de bulas legitimadoras, y moverse hacia la centralidad. Pero ¿qué es la centralidad desde el punto de vista ideológico? Cualquiera medianamente informado sobre las ideologías políticas de nuestro tiempo, sabe que la centralidad, realmente, no es nada. Y para colmo, el PP tampoco parece que haga mucho por explicarle a sus militantes y seguidores lo que significa el centro derecha. Chesterton advierte: Si pretendemos el triunfo en la gran contienda ideológica de esta época, es preciso, sobre todo, que nos percatemos exactamente de cuál es nuestro credo La construcción del futuro, que no existe, es la clave de la acción política. Es como la programación de un viaje que necesariamente tiene un punto de partida, el presente, de imprescindible presencia en el mapa de ruta, para poder contestar a la pregunta dónde queremos ir. Punto de partida y punto de llegada que determinan la condición espacial de cualquier estrategia de futuro. En definitiva, espacio y tiempo de la acción política. Quien conduzca a los demás hacia el futuro debe hacerlo mirando el espejo retrovisor. Es inevitable que el pasado actúe como un prólogo, como un profeta del futuro. En los individuos y en los países, el pasado siempre está presente. Decía Bertold Brecht que el que quiera dar un salto hacia delante, deberá retroceder primero unos pasos, antes de saltar. El hoy, alimentado por el ayer, desemboca en el mañana. La irreversible flecha del tiempo. Lo que pretende Rajoy es un salto desde el vacío. Una fantasía como la que relata Borges en su cuento caótico El jardín de los senderos que se bifurcan. Hasta el astuto señor Minino del País de las Maravillas le diría que, así, sin pasado, da igual el camino a escoger.