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ABC DOMINGO 25 9 2005 Los domingos 63 Naomi Campbell ha dicho que le hacía cocinar con tacones de aguja. Conservan una buena amistad Con esta maciza compañía acaparó flashes en la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag EPA Fórmula 1 catapulta a Briatore a la órbita del deporte, la que últimamente le depara las mayores satisfacciones. Como gestor en este campo su brillo parece indiscutible: con el equipo Benetton fue el descubridor de Schumacher, y ahora con Renault, ejerce de Pigmalión del asturiano. Paternalista y protector, Briatore se suele llevar a sus chicos (los pilotos de la escudería) a The lion in the sun su mansión de Malindi (Kenia) derroche de confort y decoración étnica al borde de playas casi vírgenes. Un lujo al alcance de cualquiera dispuesto a pagar por él: funciona como hotel. También el yate Force Blue puede ser alquilado. Su filosofía al respecto es clara: Me daba reparo pensar que iba a dormir en la misma cama donde han estado personas que no conozco, pero luego he superado la barrera psicológica y me he dicho que también me paso todo el año en hoteles en los que igualmente han pernoctado desconocidos Así obtiene un mejor rendimiento cuando pisa el acelerador de la buena vida. Orígenes modestos Hijo de maestros, Briatore nació en 1950 en Verzuolo, un pueblo del Piamonte donde su infancia convencional no hacía presagiar que hoy marcharía a 300 kilómetros por hora hacia metas cada vez más ambiciosas. En 1974, cuando trabajaba en la Bolsa de Milán, conoció a Luciano Benetton, su mentor hasta su aterrizaje en Renault. Como empleado del empresario de las camisetas fue el encargado de introducir la marca en los Estados Unidos, hasta que en 1989 saltó, también desde la plataforma de los United Colours al mundo del motor. Desde hace doce años vive en Londres, a una cómoda distancia del ruido de su tierra. Italia se ha convertido en un gigantesco Gran Hermano se queja, en medio de la opereta de escuchas telefónicas y opas subterráneas en la que se le ha atribuido el papel de actor principal. A un tiempo, ha lanzado su línea de ropa Billionaire asesorado por el diseñador Angelo Galasso, mientras deja su sello en lo más alto del cajón de la Fórmula 1. Los pilotos van con el equipo de color azul mar que a él le gusta, el mismo que le sirvió para jugar con sus iniciales cuando bautizó su último yate: Force Blue, o Flavio Briatore. La inconfundible rúbrica de FB. En Italia se le relaciona con negocios de altos vuelos en los que también se vincula a su amigo Alejandro Agag De su tormentosa relación con la supermodelo alemana Heidi Klum tuvo una hija. La ruptura se produjo cuando ella estaba embarazada El infatigable top lover Todos los tópicos pasionales sobre los italianos se hacen carne (nunca mejor dicho) en Flavio Briatore, que se ha labrado un historial sentimental de escándalo, babosamente fiscalizado y envidiado por medio mundo ¡el otro medio son mujeres! Las top model van desfilando por su vida con la ligereza de majorettes en una abrupta sucesión de romances más o menos prolongados y con fecha de caducidad asegurada, ya que de un tiempo a esta parte el magnate de la Fórmula 1 se jacta públicamente de su libertad: Me encanta estar soltero No siempre ha sido así, pues a principios de los noventa estuvo casado con una rica heredera, Nina Cohen, matrimonio que dejó paso a noviazgos con divas de la pasarela como Naomi Campbell o Heidi Klum. El temperamento de ébano de la Campbell estalló cuando, tras la ruptura, propagó que Briatore es de los que quiere que cocines con tacones de aguja, y eso no puede ser Él la trataba como a una niña caprichosa. Pese a ello, conservan una buena amistad. Más traumática resultó su reciente relación con la escultural alemana Klum, de quien tiene una hija. Salieron tarifando en pleno embarazo, hace un par de años, lo que propició que la prensa sensacionalista germana se encargara de recabar opiniones poco favorables entre los familiares de la supermodelo: Es sólo un hombre demasidado viejo para ella y un indecente vinieron a decir. Ha mantenido también sonados romances con Fiona Swarowsky, del imperio de las cristalerías, y con la maciza Adriana Volpe, muy famosa en la televisión italiana. La lista de conquistas llega a ser sospechosa por interminable, aunque también pese en su debe que no tuvo éxito en el asedio a una fortaleza aparentemente inexpugnable: Nicole Kidman. El maduro seductor de las sienes de plata no es infalible. Por si acaso mengua su fama galante, siempre se deja ver en buena compañía, como la que se trajo a la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag. Con esa guarnición esbelta y minifaldera de 90- 60- 90 no aspiraba a pasar desapercibido. Nunca lo pretende.