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54 Los domingos DOMINGO 25 9 2005 ABC SIMON WIESENTHAL (Viene de la página anterior) que apenas le sujetaban en pie los escasos 45 kilogramos que pesaba, Simón Wiesenthal lo tenía ya muy claro. Perseguiría sin descanso, sólo o en compañía de otros, con la inestimable ayuda de su hermosa mujer, Cyla, a los responsables de esta barbarie. Su intención se reafirmó después del proceso de Nuremberg, donde no estuvieron todos los que fueron. La posguerra venía acompañada de problemas perentorios que había que resolver a golpe de dólar; la reconstrucción de Europa amenazaba con enterrar viva la memoria de los muertos; la tensión de la guerra fría empezaba a borrar responsabilidades del pasado. Wiesenthal no estaba dispuesto a permitirlo, no dejó nunca de mirar atrás, de obligar a los demás a hacer lo mismo. Se caló hondo el sombrero; ajustó su cartuchera; engrasó su fusil; afinó su punto de mira y salió de caza. Volvió casi 50 años después, con paréntesis esporádicos entre tanto. Lo hizo con la red llena de presas, unas de mayor peso, otras de mayor calado, todas expuestas en la memoria colectiva de un pueblo castigado. Adolf Eichmann Su obsesión inicial tenía un nombre, Adolf; un apellido, Eichmann, un currículum ahogado en sangre: ser el organizador desde la jefatura de la SS de la tristemente célebre Solución final o lo que es lo mismo la deportación en los trenes de la muerte de tres millones de judíos a los campos de concentración nazis repartidos por Europa Central. Eichmann logró escapar en 1946 de una cárcel de Estados Unidos y refugiarse en Argentina. Su familia, para evitar su búsqueda, aireó su muerte, certificado incluido. Y falso, lo firmó su cuñado, lo que levantó las inmediatas sospechas de Wiesenthal. El cazanazis rastreó su pista sin descanso, siguió sus huellas, buceó en la organización Odessa, creada para enviar a antiguos criminales de guerra nazis a Iberoamérica. Con el paso de los días, las semanas, los meses, los años, reunió documentación y testimonios suficientes, muchos de ellos llegados de ex agentes de los servicios secretos aliados o de vícti- Mapa aterrador. Wiesenthal observa un mapa con la situación de los campos de concentración, en el Museo del Holocausto mas de la Shoah que le escribían conscientes de sus esfuerzos, para demostrar no sólo que Eichmann estaba vivo y había vuelto a casarse con su viuda sino que se refugiaba en Argentina. Wiesenthal puso sus informes a disposición del Mosad los servicios de inteligencia israelíes (algunas fuentes sin embargo minimizan en este sentido la influencia de Wiesenthal en la captura de Eichmann y aseguran que sus informaciones no fueron determinantes) El criminal de guerra nazi, que se ocultaba bajo el nombre de Ricardo Clement, fue capturado en una calle de San Fernando, al norte de Buenos Aires, en 1960, y trasladado a Israel donde sería juzgado en un proceso histórico. Condenado a muerte por el Tribunal, fue ahorcado el 31 de mayode 1962. Nunca más en la historia de Israel se ha ejecutado una pena de muerte. EFE Karl Silberbauer En el objetivo siempre ajustado de Simón Wiesenthal, nunca aparecía una sola presa, sino muchas. Sólo así se explica que la labor infatigable de este hombre sencillo y valiente se cerrara con más de 1.100 capturas. Otro de sus más renombrados trofeos fue Karl Silberbauer, oficial de la Gestapo que ordenó la detención en Amsterdam de la niña Anna Frank, con sólo 14 años de edad. La búsqueda se prolongó durante 5 largos años. La pista definitiva la encontró Wiesenthal en la guía telefónica de la Gestapo en Holanda. A partir de ahí ató un cabo tras otro; ensambló los eslabones de la cadena y dio con el oficial en Viena, donde trabajaba para la Policía austríaca. Silberbauer fue detenido en 1963 pero Wiesenthal ya se olía al- go raro y para evitar desagradables sorpresas puso de inmediato el caso en conocimiento de los medios de comunicación holandeses. Sus sospechas no eran infundadas. Durante el juicio posterior, los jueces holandeses no condenaron a Silberbauer como criminal de guerra, pues negaron su responsabilidad en el envío de Anna Frank al campo de la muerte de Bergen- Belsen. La orden fue de otros responsables de la SS, no de Silberbauer. Franz Pocos meses después, aún dolido por un episodio judicial, Simón Wiesenthal recibió una llamada en su casa de Viena. No tenía nada que ver con Silberbauer. Al otro lado de la línea, hablando casi en un susurro, sin querer desvelar su identidad, la voz ronca de un hombre ya entrado en años. LA JAURÍA DEL MIEDO Adolf Eichmann. Autor, desde las SS, de la solución final Klaus Barbie, el carnicero de Lyon extraditado en 1983 a Francia Franz comandante del campo de concentración de Treblinka