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14 DOMINGO 25 9 2005 ABC Nacional Zapatero se reunió ayer con la Coordinadora de ONG para ensalzar el compromiso de España en la lucha contra la pobreza y pidió más esfuerzo a las comunidades EFE Zapatero deja en manos de Maragall pactar el Estatuto aunque sea a la medida de CiU Se reunió el jueves en secreto con Mas y el líder del PSC, a quienes reafirmó que no aceptará un cupo catalán b El Gobierno cree que el miedo al abismo impedirá a CiU bloquear la reforma, pero los nacionalistas no renuncian al concierto económico y Montilla les llama chulos M. J. CAÑIZARES BARCELONA. El Gobierno cree que los dientes de sierra- ahora arriba, ahora abajo -con los que CiU se está manejando en la intensa negociación de última hora para salvar el Estatuto catalán terminarán por poner a la coalición nacionalista ante un abismo al que finalmente no se lanzará. El miedo de CiU a lo irreversible permitirá que el Parlamento catalán dé luz verde a la reforma estatutaria para que llegue al Congreso. Ésta es la sensación del Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero, quien en los últimos días- -y horas- -se está involucrando de manera directísima en este vertiginoso proceso y está multiplicando sus citas personales con los máximos responsables de CiU y del PSC- -y sus contactos con ERC- para fijar definitivamente los límites que considera aceptables en la reforma del Estatuto y, especialmente, tratar de mediar para un acuerdo definitivo que permita salvar la cara a Maragall. Tras haberse reunido de forma secreta el lunes con Artur Mas en Moncloa, ayer trascendió que Zapatero volvió a encontrarse el jueves con el líder de CiU. A esta cita se sumó también Pasqual Maragall. De ella no se derivó un acuerdo definitivo, según la versión de CiU, que considera que tras esa reunión y la del lunes todo queda en manos de Maragall Zapatero reiteró las tesis oficiales del Gobierno: es impensable que el Congreso de los Diputados pueda llegar a aprobar un concierto económico similar al vasco para Cataluña, por lo que CiU debe recapacitar y renunciar a algunos de sus postulados en favor del sentido común. El sistema que propone CiU es inconstitucional, según el Gobierno. De todos modos, la versión de CiU es que Zapatero dejará hacer al Parlamento de Cataluña. Tampoco puede hacer otra cosa salvo advertir, y es en lo que insiste, de que el Congreso no digerirá todo lo que llegue desde Cataluña. Zapatero entendió que no puede poner un veto al texto que salga del Parlamento de Cataluña señalaron fuentes de CiU. Por tanto, todo queda a expensas de lo que Maragall decida en los próximos días y que, según se deduciría de lo afirmado por CiU, se basa en sólo dos alternativas: estrellarse en Cataluña por no pactar con CiU un concierto económico, o estrellarse en Madrid si lo pacta. Porque, a lo que se ve, CiU no va a rectificar su propuesta de financiación, según avanzó ayer su portavoz Felip Puig. Estilo chulesco de CiU Puig aseguró que Maragall está siendo víctima del boicot de su propio partido porque cada vez que hay un síntoma de optimismo, el aparato del PSC CiU acusa al aparato del PSC de boicotear el Estatuto y deshacer todo lo que se ha tejido por Maragall y Mas se pone a trabajar para deshacer lo que se ha tejido por Maragall y Mas. O se acepta este modelo o no habrá Estatuto concluyó taxativo. La respuesta socialista a Puig vino de la mano de José Montilla, primer secretario del PSC y ministro de Industria, quien no sólo reiteró la tesis oficial del Ejecutivo- que se olviden de un concierto económico inconstitucional sino que denunció el estilo chulesco de CiU en las últimas horas. De hecho, el PSC y ERC ya no perciben diferencias de fondo insalvables con CiU (no creen que realmente exija como algo irrenunciable un sistema financiero de cupo) sino un empecinamiento de esta formación por hacer embarrancar el Estatuto a toda costa. Las exigencias maximalistas del concierto económico serían sólo la excusa de CiU para castigar a Maragall y a su tripartito y recuperar iniciativa en el panorama político catalán. Y, de paso, Zapatero les debería un favor. Sentadas las bases por Zapatero de lo que, según su entender, es admisible constitucionalmente, Maragall tiene en cualquier caso las manos libres pa-