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12 La Entrevista DOMINGO 25 9 2005 ABC (viene página anterior) Un cubano de raíces vizcaínas que sólo sería embajador de Bush RAMÓN PÉREZ- MAURA MADRID. La personalidad de Eduardo Aguirre Jr. (La Habana, 1946) llena la habitación. Le gusta debatir y se le nota pronto que no rehusará hablar más que de aquello para lo que no pueda ofrecer una opinión cualificada. Se declara un optimista nato: Cómo no voy a serlo si acepté ser el primer director de los Servicios de Inmigración con rango de subsecretario dentro del Departamento de Seguridad Nacional creado tras el 11- S. Y afirma, con su marcado acento habanero, que su carrera diplomática se verá limitada a la Embajada en Madrid: Yo sólo serviría a un presidente Bush Aguirre llegó a Estados Unidos en 1961 dentro de la Operación Pedro Pan, el mayor éxodo de menores de edad no acompañados acaecido nunca en el hemisferio occidental. Entre diciembre de 1960 y octubre de 1962 unos 14.000 niños fueron enviados a Estados Unidos por sus padres para que no fueran indoctrinados por el emergente comunismo cubano. Con 14 años, y sin hablar inglés, Aguirre llegó solo y al poco se reunió con su único hermano antes de hacerlo con sus padres. Hasta los 21 años vivió en Luisiana y después estableció su hogar en Houston, Texas, donde este fin de semana su hijo Eddy intenta ca- la confianza en que van utilizar este tipo de armamento de una forma coherente con los valores que ambos tenemos; segunda, que tienen la capacidad técnica para utilizarlos, que no es fácil; y, tercero, que España siente la confianza en el tipo de equipo que nosotros tenemos. -Dice usted que ahora andamos en dos carriles. Tal vez antes no era así. La última entrevista que concedió su predecesor en el cargo, George Argyros, tenía un tono ciertamente amargo. ¿Qué ha habido que hacer para volver a ir otra vez en dos carriles? -Creo que hay muchos más que dos carriles. Es una carretera que tiene una docena o más de carriles: lo militar, la seguridad sobre el terrorismo, la seguridad del narcotráfico, las actividades culturales, el comercio, la economía... Y cada uno de esos carriles tiene su razón de existir, aunque deben estar compaginados. Mientras uno va por ellos, va dejando atrás algunos de los baches que pudiéramos encontrar. Yo sigo mirando por el espejo retrovisor y continúo teniendo presente el pasado, pero el foco de mi atención es el parabrisas del futuro, siguiendo las instrucciones que mi presidente me dio. El tiempo que ha transcurrido nos han dado permitido reconocer que dos aliados como España y Estados Unidos no ganan nada con las recriminaciones. Debemos valorar que tenemos mucho que proteger para estar lidiando uno con el otro de forma negativa. Mi predecesor tuvo ocasión de estar aquí en un cambio, un cambio difícil. Yo, gracias a Dios, tengo la oportunidad de comunicarme en el idioma de este país en cualquier momento. La comunicación en este caso ha ayudado a asegurarnos de que se comprende lo que estamos haciendo. -Hace unos días afirmó usted en una comparecencia pública que su Gobierno estaba estudiando la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones para tratar de entenderla. ¿Es difícil de entenderla, realmente? -No, yo creo que no es difícil, pero sí importante para nosotros entenderlo, porque el Medio Oriente y el Norte de África son zonas claves para nosotros. Y dado que hay un interés de muchos países de reducir la tensión en esa área, ha habido diferentes iniciativas sobre la mesa: una propuesta del G- 8- -el llamado Gran Oriente Medio después la Conferencia Euromediterránea de Barcelona y ahora la idea de Zapatero, promovida junto con Turquía y ya acogida por la ONU. Lo que queremos es que todas ellas se acoplen y que ninguna vaya a disminuir a las otras. Lo que queremos es asegurarnos de cuáles son las implicaciones y en cuanto sumen y agreguen valor, adelante. -Deduzco que, hoy por hoy, hasta conocer esos detalles no hay un apoyo expreso de Estados Unidos a la Alianza de Civilizaciones? -Seguimos estudiándola. ¿Ha notado usted en este tiempo en el pueblo español una alta reticencia hacia la Administración Bush? -Yo no dudo de que eso esté ahí. Estoy seguro de que es así. Pero para mí lo interesante es que en estos tres meses, he encontrado a muchos españoles que me di- pear el huracán en el domicilio familiar. La senda de las devastaciones del Katrina y el Rita son las de su vida de adulto. Como profesional de la banca tuvo una carrera de 24 años en el Bank of America del que llegó a ser presidente de su departamento de Banca Privada Internacional. El servi- cio público y la carrera profesional empezaron a entrecruzarse cuando el ex presidente Bush le nombró vocal de la Comisión Nacional de Política de Empleo y después empezaría a colaborar desde distintos cargos con el gobernador de Texas, George W. Bush. Al enviarlo esta primavera como su embajador a Madrid le encomendó mirar hacia delante como fórmula para superar las desavenencias de los meses anteriores. Su español es de una riqueza académica aunque admite con rubor su culpa por el hecho de que sus hijos no hablen fluidamente el idioma en el que él reza. Enumera como si fuera la lista de los Reyes Godos las poblaciones que ha visitado en los tres meses que lleva en España y recuerda con orgullo sus raíces vascas de Muzquiz, a donde acudió en busca de familiares antes de ser embajador. Y donde llegó a reunir en un almuerzo a unos 60 parientes después de convencer al responsable del archivo municipal de que la razón de su búsqueda nada tenía que ver con la reclamación de tierras ni propiedades- -posibilidad que hacía que el funcionario municipal se cruzara de brazos- -sino que sólo quería conocer a sus primos, tíos y sobrinos- -lo que acabó generando toda la colaboración posible. Eduardo Aguirre está llamado a ser un embajador central en la vida española, en la línea de Guido Brunner, el alemán de Chamberí, o del israelí Shlomo Ben Ami, nuestro profesor de historia contemporánea de España. Un embajador con el que los españoles se sentirán identificados. Quien relacione el despliegue en Irak con falta de respuesta al huracán Katrina no entiende la magnitud de las fuerzas en EE. UU. En Nueva Orleáns no hacían falta tanques ni aviones de combate cen: No creas en eso del antiamericanismo Me ha cogido de sorpresa la iniciativa de esas personas a las que no había visto nunca y a las que posiblemente no volveré a ver, por lo que no creo que sea gente que pretenda congraciarse conmigo. Entiendo que tal vez yo estoy mirando por una rendija que, sin buscarlo, me refleja favorablemente mi país. Ahora bien, supongo que habrá otras rendijas que reflejen otra visión. A mí me parece que Estados Unidos, como potencia mundial que es, es el vecino sobre el que mucha gente tiene una opinión porque hace o porque deja de hacer, y no se entienden algunas de sus acciones o se le atribuyan ciertas motivaciones que no son correctas. Mi trabajo es comunicar más allá de la acción el porqué nosotros hacemos una cosa. ¿Cómo explicaría al pueblo español que la primera potencia mundial haya tenido que pedir ayuda a otros países que juegan en una liga inferior? -Yo quisiera hacer la distinción de que hemos aceptado ayuda más que haberla pedido. La mano de la asistencia se nos ha extendido en el momento en que se ha demostrado que los americanos somos de carne y hueso y que sufrimos, y que, si se nos inunda o incendia la casa, perdemos todo lo de valor que tenemos. Hay que conocer que la catástrofe del Katrina abarca un área geográfica que viene a ser más o menos el tamaño de Gran Bretaña. La magnitud de la catástrofe indica que con muchísimo gusto se acepta la mano amiga que se nos ha dado. Aquí en España estuve presente cuando salieron los dos aviones Hércules con agua, tiendas de campaña, etc. Pero mucho más importante que las 16 ó 17 toneladas que se enviaron, fue darme cuenta- -y me emocioné- -del cariño que el pueblo español estaban dando para el pueblo americano. -Mucha gente se ha preguntado si tiene el despliegue en Irak alguna relación con la falta de respuesta inmediata en la catástrofe del Katrina... -Quien haga esa acusación no entiende la magnitud de lo que son las fuerzas que tiene Estados Unidos a su disposición para afrontar empresas de distinto tipo. Lo que hacemos en Irak, militar o no militarmente, es un porcentaje relativo con respecto al resto de las cosas que tenemos en nuestras manos. Hay que entender que la necesidad militar en el caso del Katrina es relativamente pequeña y corta en el tiempo en relación con lo que es la necesidad civil de ayudar a los damnificados. Había que establecer cierto orden en el caos de esa área, había que traer la ley y el orden. Pero, una vez que las fuerzas policiales asumen su responsabilidad, las fuerzas militares se retiran. No se necesitaban aviones de combate ni tanques en Nueva Orleáns.