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ABC SÁBADO 24 9 2005 Internacional 29 Hamás paga con una veintena de muertos su sucesión de desfiles armados en Gaza Un comando militar israelí mata a tres miembros del Yihad Islámico en Tulkarem b Los fundamentalistas árabes dan por rota la tregua y acusan a Israel de los sucesos del campo de Yabalia; el Tsahal niega cualquier relación con la explosión JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Viernes de oración y muerte en el norte de Gaza, en el atestado y mísero campo de refugiados de Yabalia. Viernes de oración y muerte en Tulkarem, en el norte de Cisjordania. Viernes de oración y muerte después de una semana de celebraciones en los Territorios Ocupados por la evacuación israelí de la Franja mediterránea, 38 años después, y de cuatro insignificantes asentamientos del norte de Samaria. Un día. Veinticuatro horas. Mil cuatrocientos cuarenta minutos. Un día faltaba nada más para que el pacto nada secreto realizado por el presidente Mahmud Abbas y los dirigentes de Ha- más se hiciera realidad y los milicianos palestinos dejaran de exhibir sus armas en las calles de Gaza. Desde hoy, palabra de Abbas, palabra de Hamás, no se verán fusiles, ni granadas, ni pistolas, ni cohetes en la Franja. Hasta ayer, sin embargo, se vieron sin necesidad de abrir demasiado los ojos en todas las celebraciones palestinas por la salida de tropas y colonos judíos. Se llevaban al cinto, a hombros, a mano, en coches, camiones, carretas. Armas ligeras pero mortales de necesidad, como los cohetes Qassam de fabricación artesanal transportados ayer en Yabalia durante otra manifestación muy concurrida de Hamás. Y la camioneta cargada de cohetes que explosiona de golpe. Y los vehículos cercanos, también armados, que se suman a los dantescos fuegos de artificio. Y los muertos que se cuentan por unidades hasta que alcanzan, al menos, la veintena. Y los heridos que sobrepasan el medio centenar. Y los cuerpos destrozados sin manos, ni pies, ni Un miliciano de Hamás levanta los brazos tras la explosión de ayer en Yabalia cabeza. Y la histeria que se apodera de una manifestación ya de por sí alterada. Y las ambulancias que no dan abasto para trasladar los cadáveres y los heridos. Y las acusaciones que se disparan pese a que las primeras versiones apuntan a una explosión accidental. El portavoz de Hamás, Sami Abu Zuhri, acusa a un avión sin piloto israelí de haber disparado varios misiles para asesinar al jefe de las Brigadas Ezedín al- Qassam en el norte de Gaza, Ahmed Randur. Y los miles de manifestantes aterrados que claman venganza. Y los cohetes Qassam que caen AP por vez primera desde la evacuación en Sderot, sin provocar heridos. E Israel que niega la mayor y asegura no tener nada que ver con el incidente. Pese a ello, la tregua se rompe en mil pedazos. Sí tuvo que ver, y mucho, con la muerte de tres dirigentes del Yihad Islámico esa misma madrugada en Tulkarem por los disparos de un comando militar israelí que intentó su captura. Viernes de oración y muerte en Gaza. Y en Cisjordania. No ha sido el primero. No será el último.