Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 24 9 2005 Opinión 7 que, desde hace muchos años, se sabía: que esta socialdemocracia de los nietos está muy lejos del nivel de visión, gestión y decisión del gran canciller y de la vieja guardia dirigida por Wehner, y que a estos nietos les sobra egotismo y les falta el sobrio sentido de la proporción, del deber y de servicio al país de la vieja y ejemplar socialdemocracia alemana de posguerra. Y es que el sesentayocho no es, precisamente, la posguerra, ni produce aquel acero. LA ESPUMA DE LOS DÍAS DEJARSE DE HISTORIAS A historia, esa eterna maestra de la vida inasequible al desánimo a pesar de los repetidos fracasos escolares de sus alumnos, fertiliza con adjetivos derivados de numerosos conceptos a los que, en apariencia, dota de legitimidad o solvencia. Las nacionalidades, los días, los acontecimientos, los derechos, o son históricos o no son nada. Incluso la memoria ya es histórica, lo cual no deja de ser una redundancia, una tautología que, más que oponerse a la inverosímil existencia de una memoria futura, trata de remachar que no hay voluntad de olvido y sí de conservar los rescoldos de algún rencor. Una de las históricas más nombradas, es la deuda, exigencia de pago que MANUEL todas las Comunidades ÁNGEL MARTÍN Autónomas reclaman, no se sabe bien a quién. La deuda histórica se pretende que viene de lejos y que debe ser reconocida y pagada por alguien. Para eso es histórica. En Andalucía se ha organizado un alboroto tras las manifestaciones del ministro de Administraciones Públicas en el sentido de que la deuda histórica ya ha sido pagada en parte a los andaluces, entre otras cosas con infraestructuras como las del Tren de Alta Velocidad (AVE) en 1992. No debía ser consciente de ello el Gobierno andaluz cuando año tras año presupuestaba una partida de ingresos reclamada al central por ese concepto. Claro que entonces gobernaba Aznar y era políticamente obligado insistir en la asfixia económica de Andalucía provocada por su gobierno. Allá por diciembre de 2003, el Parlamento andaluz, con mayoría socialista, reclamaba 1.148 millones en concepto de deuda histórica a los que añadiendo unas cuantas fruslerías se llegaba a una exigencia de 16.300 millones de euros que pague Aznar lo que nos debe según los cálculos de la entonces consejera de Economía y Hacienda y hoy ministra de Fomento de Zapatero. En Sevilla (eterna) Sevilla (ministro) ha metido la pata en un momento en que hay que decidir si se incluye en el próximo estatuto una disposición que siga teniendo en cuenta las deficientes condiciones socioeconómicas de Andalucía, o se procede a un lavado de cara que aparente un resarcimiento satisfactorio. Este error de Jordi Sevilla es comprensible en unos políticos que dan la vuelta en el gobierno al discurso que esgrimían en la oposición, y viceversa. Cuando era secretario de Política Económica del PSOE, el ahora ministro tachaba al Gobierno de Aznar de intervencionista, prometía una revolución fiscal y la liberalización de un sector eléctrico controlado en un 80 por ciento por dos empresas, o sea lo contrario de lo que está haciendo el Gobierno. Aquello lo predica ahora Zaplana desde la oposición. Pero en el fondo Sevilla (ministro) no anda descaminado. Una nación moderna debería garantizar unos servicios mínimos generalizados y promover la convergencia del desarrollo de sus regiones partiendo de la situación actual y real. Y dejarse ya de historias. ÁNGEL CÓRDOBA es y ha sido el verdadero problema: que la chistera está y estaba vacía, por más que el mago haya logrado con su obstinada inclinación a los trucos hacer volar la impresión de que estaba llena. Pues la parálisis no ha venido primordialmente por arquitecturas institucionales enquistadas, como se ha dicho, o por situaciones políticas insalvables, sino por falta de valor e ideas. Por el gusto al atajo más que al trabajo, por el empeño en el pecado original de esta socialdemocracia hannoveriana: la gran apuesta por la magia mediática. Así que, por mucho que se apele a Brandt, las elecciones reconfirman lo Por lo demás, en esta confusión de confusiones otro invitado de piedra sale también cubierto de gruesos tafetanes: el sistema electoral mismo. Un sistema antimayoritario pensado para que no se repitieran las inestabilidades y crisis nefastas de la República de Weimar. Pero ese gran estabilizador se ha ido convirtiendo poco a poco en un importante inmovilizador. Porque ese sistema electoral fomenta la fragmentación de la representación y, por lo tanto, dificulta el ejercicio del poder. Esconde un último poso conservador que se va volviendo cada vez más activo y lastrante. Por lo que en un momento de urgente necesidad de impulso, en vez de servir de multiplicador del cambio, es multiplicador de la parálisis. En medio de todas esas perplejidades, la cuestión vuelve a ser la que era, o sea, aquélla que les gustaba formular a las cursis clases intelectuales con una rimbombante sentencia: Quo vadis Germania Ni ella misma lo sabe. Está Alemania profundamente ensimismada. Llena de dudas profundas y desorientada. Mira más a sus nubes que a sus realidades, y tiene la cabeza llena de trompeteos de crisis. Tienen hace ya tiempo miedo al propio valor por formularlo con la frase que para estos casos han inventado ellos mismos. Su péndulo parece inclinarse a una inercia que se va pareciendo demasiado a una agonía. Todo eso no quita que Alemania siga siendo, como siempre, el gran laboratorio de la política europea, la retorta de ensayo donde, para bien o para mal, se ponen históricamente a prueba los gases más explosivos y las más complicadas pólvoras. Y en ello estamos. Una vez más Alemania se enfrenta a su viejo dilema: ser fábrica de tragedias o locomotora de soluciones europeas. No parece, pues, que sea éste el momento de hacer de Sansón moviendo las columnas del templo, no vaya a ser que lo que de momento sólo es una grave crisis política desemboque en una crisis de las instituciones. L PALABRAS CRUZADAS ¿Cree posible un acuerdo para que haya nuevo estatuto en Cataluña? LO TIENEN NEGRO LA BOLA DE CRISTAL DICE... E inclino a creer que, finalmente, los nacionalistas de Convergencia i Unió, que no son socialistas, y los socialistas del PSC, que sí son nacionalistas, acabarán llegando a un acuerdo básico, al que Esquerra, que no es nacionalista sino separatista, tendrá que dar su visto bueno, qué remedio. Pero, claro, esta mía es una apuesta que hoy por hoy carece de más peso que la que pueda hacer aquí mi vecina de columna en sentido contrario. Estamos ante la bola de cristal. Porque quién sabe la de locuras, marchas atrás y adelante, contradicciones, pactos bajo la alfombra y sobre el barril de dinamita que puedan hacer el tripartito y el bipartito (CiU) de aquí a finales de la semana que viene. Tiendo a pensar que Maragall hará lo imposible por FERNANDO hacer buenas sus promesas y enviar un texJÁUREGUI to de Estatut a las Cortes, a Madrid. Es su único seguro de vida político. Otra cosa será que ese texto resulte, como creo que ya he escrito aquí mismo en alguna ocasión, un auténtico bodrio, destinado a ser tumbado en el Congreso de los Diputados por mucho que Zapatero haya prometido respetar y apoyar cualquier cosa enviada por el Parlament catalán. Si ese Estatut no llegase, gran follón en Barcelona: por mucho que el president de la Generalitat se empeñase en lo contrario, adiós Maragall, adeu. Nos esperan días de emoción, en todo caso, a cuenta de un Estatut que a nadie importa excepto a la clase política. Verdaderamente curioso cómo se han metido en la boca del lobo. N O lo tiene fácil Maragall, las negociaciones no cesan, pero hasta el momento lo único que hay son filtraciones interesadas y reuniones contra reloj. Cree mi compañero de la derecha que habrá Estatut. Me gustaría coincidir con él y que se acabara de una vez la tensión que envenena la vida política española en los últimos meses. Ojalá tengamos un Estatut de consenso aprobado por el Parlament y por el Congreso, pero hoy por hoy no se ve la luz al final del túnel. Todo es posible hasta el minuto previo a la votación. Incluso los que hayan llegado a un acuerdo, si llegan, sufrirán un sinvivir. Según con quien hables y en qué momento del día, te cuenta que ya puede respirar tranquilo, que no hay nada que hacer, que las posiciones son PILAR inamovibles o que finalmente ha imperaCERNUDA do el sentido de Estado y la flexibilidad en todas las partes. Maragall se juega mucho, no le vale sólo un Estatut aprobado en el Parlamento autonómico, necesita que sea aprobado también en el Congreso. Zapatero está atrapado por su promesa de apoyar en Madrid lo que salga de Barcelona, pero no puede pretender que Madrid apruebe un texto que se salte a la torera la Constitución. Artur Mas lidia en un escenario en el que si firma le pueden decir que han tenido que llegar los socialistas para reformar el Estatut, y si no firma le acusarán de radical. Y los de ERC van por libre, pero se juegan su presencia en el gobierno. La cosa está cruda, pero... M ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate