Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 Opinión SÁBADO 24 9 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA LUIS MEANA ESCRITOR SUBVERSIÓN Y VESTUARIO RENTE al antiguo Hospicio de San Fernando, en la calle Fuencarral de Madrid, me abordan dos garridos mocetones con acento andaluz que, aunque ya soplan las primeras brisas del otoño, llevan el torso desnudo. Con exquisita cortesía me preguntan por el enclave del Museo Romántico y, tras advertirles que ya va para mucho el tiempo que lleva cerrado, les sugiero que visiten el Municipal que, también acosado por las obras de reforma, está frente a nuestras narices. Les veo entrar, casi desnudos- -calzón corto y chancletas de cuero- y me río pensando que a las espaldas del Museo, en los jardines de Ribera- -también en obras- se levanta un monumento M. MARTÍN a la memoria del más olFERRAND vidado de lo debido Ramón de Mesonero Romanos. Éstas, llenas de zanjas y sin urbanidad alguna, son las nuevas Escenas matritenses, las que nos imponen, a partes iguales, un tiempo sin valores y un alcalde sin medida. Lo del vestuario es, aunque asumido por la mayoría, un asunto inquietante. Un síntoma claro de la zafiedad imperante que, en creciente escalada, nos tiene acogotados. A pesar de ello, como gran paradoja, la industria textil parece la más próspera de todo el panorama económico y dos gobiernos autonómicos tan dispares como los que regentan Esperanza Aguirre y Pasqual Maragall se gastan un pico en sufragar los gastos que generan las pasarelas que, con los nombres de Cibeles y Gaudí, también le sirven de motivo para la competencia a Madrid y Barcelona. No entra en la razón que el dinero de todos se gaste en promover el escaparate del negocio de los diseñadores industriales; pero el disparate forma parte inseparable de los Presupuestos para que todo resulte más social y progresista La conciencia ciudadana no termina de asumir que esos dispilfarros, que lo son, salen de nuestros bolsillos. No faltan personas, como la titular del Juzgado Penal número 1 de Huelva, María José Moreno, sensibles a estas cuestiones de la indumentaria de las personas. En una de sus últimas sentencias, escandalosa por la exoneración de un acusado de malos tratos, señalaba que la denunciante había acudido al juicio oral vestida con una camiseta de tirantes ajustada al cuerpo y que sólo cubría diez centímetros de muslo Algo, según la juez y el sentido común, indecoroso y propio de un chiringuito Pero lo que son las cosas, lejos de perseguir por desacato a una denunciante tan larga de descaro y corta de pudor, la Comisión Disciplinaria del Consejo General del Poder Judicial ha sancionado a la juez con mil euros de multa por irrespetuosa en la expresión de su razonamiento. No entraré yo en los asuntos internos de la Justicia, que bastante tenemos con los externos; pero no es improcedente ni frívola la advertencia sobre la subversión a través del vestuario. Un mal creciente que se propaga con ayuda pública. F PERPLEJIDADES ALEMANAS El autor analiza el paisaje político alemán tras la batalla electoral del pasado domingo: Merkel y Schröder son dos cadáveres políticos de difícil sepultura en una Alemania que, ensimismada, es víctima incluso de su sistema electoral AÍS de la pomposidad lo llamó uno de sus hijos más ácidos y preclaros, Schopenhauer, quien ya diagnosticó: Los alemanes buscan siempre en las nubes lo que tienen delante de sus narices Así que el pasado domingo los alemanes realizaron uno de esos bucles históricos que les gustan tanto: subirse a las nubes después de haberse dado un garbeo- rodeo por la tierra. Nubes y realidades, ése sigue siendo su dilema. Así que, más que país de pomposidades, Alemania es y ha sido siempre país de perplejidades. El domingo le saltó, una vez más, ese nervio histérico que le estalla cuando olfatea riesgo. Las elecciones fueron oficialmente convocadas como instrumento de clarificación política. Gracias a ellas, el enfermo iba a levantarse, por fin, de la cama. El resultado es que seguimos teniendo al canciller, y para mucho tiempo, en la cama, y, encima, tenemos al sistema político entero en parada cardiaca. Es lo que tienen los superosados juegos malabares: que se disparan solos por la culata. Estas elecciones, logradas a base de mucho fórceps, fueron convocadas con un propósito quirúrgico. Que el bisturí electoral proporcionase el impulso que ya no conseguían los más poderosos medicamentos: un reinicio político limpio y más legitimado. La resultante es que, gracias al bisturí, tenemos al enfermo con todas sus miserias al aire: Alemania sale del intento con su autoridad y su liderazgo destrozados. Difícilmente se puede aspirar a tener peso y mando determinantes en Europa P cuando uno no está en condiciones ni de guiar su propia casa. Pero esa cirugía causa, además, otros desgarros importantes. A pie de urna tenemos dos hermosos cadáveres políticos insepultos, a los que va a resultar muy difícil darles sepultura digna. Por un lado, está el cuerpo presente de la trémula hija del pastor de Templin, Angela Merkel, das Mädel venida del Este que apareció un día en la historia política de Alemania bajo la sombra del gran hipopótamo, el ex canciller Köhl, y que ha estado a un milímetro de ser la primera mujer que ponía sobradamente los pies en el salón donde, hasta entonces, sólo habían entrado a fumar puros los hombres, como lo describió una vez Enzensberger. Pero a esa muchachita trémula del Este la ha dejado el astuto vampiro Schröder casi sin sangre. Entre otras razones porque a esta mujer doctorada en Física se le ocurrió la peligrosa idea de inventarse un oloroso perfume fiscal que se le convirtió en veneno, el veneno- Kirchhoff, que puede que todavía le cueste la cancillería, pero que, en cualquier caso, va a costarle casi todo su futuro político. Y es que los hechos demuestran lo que se veía: que esta caperucita antiescarlata venida del Este está muy verde para sentarse con autoridad en la butaca donde se sentaban Adenauer y sus pares. Pero, por otro lado, a pie de urna yace, también estrellado contra el suelo, el cuerpo del canciller supermediático con su milagrosa chistera echa pedazos. Porque ése ¿Teme que le quite el chupete su mamá, su abuelita, su tita... Estamos a punto de descubrir por qué le pone usted siempre nombre de mujer a los tifones.