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ABC SÁBADO 24 9 2005 Opinión 5 MEDITACIONES SÓCRATES PERPLEJO C OMO su propio nombre indica, Sócrates está perplejo. José Sócrates, el primer ministro portugués (de adscripción socialista) no se explica cómo se ha llegado a tan sorprendente situación: el responsable de Competencia de Portugal, Abel Mateus, recurre ante la UE la opa de Gas Natural sobre Endesa cuando él había dado orden a su ministro de Economía de no hacerlo. Falta de reflejos la de Sócrates, que al estallar la operación no cayó en la cuenta de que Mateus fue nombrado en el mandato del conservador Durao, hoy presidente de la Comisión Europea que decidirá sobre la opa y que estos días comparte un seminario en Lisboa con Aznar. El mundo es un pañuelo. Por seguir con la cosa clásica, a Sócrates le ha salido un caballo de Troya. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR LA DESTRUCCIÓN DEL DERECHO FIGURAS DEL DESTINO... DE VICTORIA CIRLOT Ediciones Siruela Madrid, 2005 302 páginas 22 euros Caligrafía del mito Nadie confundiría a Victoria Cirlot con su padre, Juan- Eduardo Cirlot, al igual que nadie dejará de plantearse cuál de los dos, ambos estudiosos y documentados, alcanza una mayor intuición que tanto enel padre comoen la hija resulta, en ocasiones, rayana en el prodigio. Figuras del destino. Mitos y símbolos de la europa medieval es una investigación mitográfica en busca de un acceso al misterio del Grial a través de una densa, compleja y absorbente malla de relaciones y adherencias entre los personajes de un argumento sagrado en el que se mezcla con cifra infinita y eterna, o quizá efímera y vacía- -cosa que vendría a ser la misma- lo profano y lo sacro. He aquí de nuevo figuras tan renuentes al mutis como Lancelot, Tristán y Percival en el siempre latente tapete de la leyenda artúrica, tanto más rico cuanto más raídas parecen sus urdimbres y sus tramas. Un asunto tan intrincado como para que no lo visite quien se sienta poco dispuesto a trabajar en contra y a favor de una cuestión interminable que puede acompañarle a uno toda la vida y proporcionar un número sorprendente de sorpresas, indicios, conjeturas y pistas acerca del ensueño, la incertidumbre y la gimnasia poética. EDUARDO CHAMORRO UBLICABA ayer el profesor Javier MartínezTorrón en estas páginas un muy atinado artículo sobre el matrimonio que, implícitamente, proponía una reflexión sobre la destrucción del Derecho. Denunciaba el profesor Martínez- Torrón que el matrimonio ha dejado de ser una institución propia del derecho de familia, con unos requisitos y unas finalidades concretas, para convertirse en un derecho individual; esta privatización del matrimonio permitiría su libre configuración (ya no sería necesario que los contrayentes fuesen hombre y mujer) así como una mayor flexibilidad en su disolución, que ya no estaría supeditada a unas causas establecidas, sino a la mera voluntad de los cónyuges. Así, el matrimonio se convierte en un derecho del individuo que se casa con quien le apetece y se descasa cuando le viene en gana; tal grado de ejercicio libérrimo de la voluntad no se obJUAN MANUEL serva ni siquiera en los contratos priDE PRADA vados. De este modo, el Derecho claudica en su función primordial (que no es otra que la consecución de un bien social a través de la seguridad jurídica) para someterse a la voluntad del individuo y autorizar legalmente su capricho. Este entendimiento del Derecho es el mismo que, en su día, postularon los totalitarismos: solo que ahora la voluntad unilateral del tirano se disfraza de voluntad ciudadana, democrática. Pero relativismo y totalitarismo anhelan un mismo objetivo: la destrucción del Derecho. Por supuesto, en esta deificación de la voluntad del individuo subyacen conveniencias inconfesables. La destrucción del Derecho reporta réditos electorales: esa, y no otra, es la razón por la que la facción gobernante ha impulsado una reforma de la institución matrimonial; esa, y no otra, es la razón de los titubeos de la facción opositora, que teme que su recurso ante el Tribunal Constitucional adelgace su provisión de vo- P tos. Lo que en dicho recurso se sustancia no es tanto la constitucionalidad del llamado matrimonio homosexual, sino la determinación de su naturaleza. La institución matrimonial, tal como la concibió el Derecho, no atiende a las inclinaciones o preferencias sexuales de los contrayentes, sino a la dualidad de sexos, conditio sine qua non para la continuidad social. La finalidad de la institución matrimonial no es tanto la satisfacción de derechos individuales como la supervivencia de la sociedad humana, a través en primer lugar de la procreación y luego de la transmisión de valores y derechos patrimoniales que dicha procreación genera. Quienes defienden el llamado matrimonio homosexual se preguntan contrariados por qué habrá gente que no desea que los homosexuales sean felices; naturalmente, esta pregunta es una necedad o un alarde de cinismo (o ambas cosas a la vez) puesto que la misión de la institución matrimonial, según la concibe el Derecho, no ha consistido jamás en garantizar la felicidad de los contrayentes (con cierta frecuencia, incluso, ha garantizado más bien su desdicha solidaria) Pero en esta vindicación retórica de la felicidad se demuestra que la satisfacción de un deseo, de una pura volición personal, ha suplantado la finalidad originaria de la institución matrimonial. Esta concepción del matrimonio como garante de la felicidad individual incorpora, además, un inexistente derecho a la adopción De este modo, una institución jurídica que trataba de restablecer los vínculos de filiación del niño (vínculos que presuponen a un hombre y a una mujer) se ha transformado en un nuevo derecho de los cónyuges; de este modo, el niño adoptado se convierte en un bien mostrenco que los contrayentes- -heterosexuales u homosexuales- -pueden procurarse según su capricho. Estamos caminando sin darnos cuenta hacia la destrucción del Derecho. Tampoco los borregos que se hacinan en el remolque de un camión saben adónde los llevan.