Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 24 9 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC ¿CUÁL ES EL MENSAJE DE EUROPA? POR CRISTÓBAL HALFFTER COMPOSITOR. DE LA REAL ACADEMIA DE BELLAS ARTES DE SAN FERNANDO Algunos conceptos básicos nacidos de la Cultura Occidental han supuesto una mejoría en la relación entre los seres humanos: los Estados democráticos, el respeto absoluto de los Derechos Humanos, el reconocimiento, en todo su significado, de la dignidad y los derechos de la mujer... NA quincena de personas de diferentes países europeos y de diversas profesiones fuimos convocados por el canciller austriaco Wolfgang Schüssel y la Fundación Bertelsmann de Alemania, para dialogar y debatir, entre los días once y catorce de agosto en Salzburgo y en un encuentro denominado Trialogue- Salzburg, sobre Responsabilidad global: ¿Cuál es el mensaje de Europa en Política, Economía y Cultura? Las sesiones fueron presididas por el canciller Schüssel, centrándose la dedicada a la política en la ponencia presentada por el diputado del Parlamento de Alemania Wolfgang Schäuble, la asignada a economía por la ponencia de Pascal Lamy, presidente de Notre Europe y Director General del World Trade Organization de París y recayendo en mí el honor y la responsabilidad de desarrollar la ponencia sobre cultura. He aquí resumidas y en grandes líneas, cuáles fueron mis palabras sobre las que se desarrolló un amplio y profundo debate. Nos reunimos para intercambiar ideas sobre tres conceptos que tienen una muy difícil definición: Europa, Cultura y la unión de ambas, Cultura Europea. No voy siquiera a intentar una definición de ellas, pero sí a exponer mi pensamiento al respecto. En varias ocasiones he manifestado lo que entiendo por Cultura Occidental y no me importa repetirme, pues en estas cuestiones sólo caben dos opciones: repetirse o contradecirse, y yo prefiero la primera. Para mí la Cultura Occidental se basa en cuatro pilares fundamentales: la Filosofía griega, el Derecho Romano, el Cristianismo- -y su concepto de la dignidad humana- -y la evolución constante y en paralelo del pensamiento, la ciencia y la creación artística. Sobre estas cuatro columnas, con las diferentes variantes que han ido introduciendo las distintas culturas de los pueblos que viven desde el Atlántico a los Urales y desde los Mares del Norte al Mediterráneo, se conformó con el paso del tiempo un todo que ha llegado a crear un conjunto de conceptos comunes, en los que destaca la valoración de la dignidad del ser humano como individuo único e irrepetible, pero integrado en la sociedad de la que forma parte. Concedo también un muy especial significado a la idea de la evolución continua y en paralelo del pensamiento, la ciencia y la creación artística pues esto no es posible encontrarlo con tanta claridad y fuerza en ninguna de las culturas que actualmente conforman el conjunto de la humanidad. U Ilustración y la creación de la ópera La Flauta Mágica. Estas interrelaciones no son un hecho casual, podemos encontrarlas con muy diferentes variantes en nuestra cultura, desde la antigüedad hasta hoy. Ahora bien, en los primeros años de este nuevo siglo hemos de considerar nuevos elementos para establecer estas relaciones. Me refiero al proceso de globalización en el que estamos inmersos, a los movimientos de masas, al populismo y a la cultura de masa gobernada por la fuerza que ejercen los medios de comunicación en la imposición de ideas, voluntades y opiniones. Si pienso en la necesidad y la importancia de un diálogo entre culturas y civilizaciones también creo que éste ha de basarse en la comprensión, respeto y conocimiento mutuo. Sólo podremos hacer que ese dialogo sea fructífero, si Occidente parte de la base de presentar su aportación cognoscitiva y sensible al resto de la humanidad, en su verdadera dimensión de complejidad y no en un resumen banalizado en el que 3.000 años de evolución se compacten en una emisión televisiva de dos horas. Que ese conjunto de aportaciones no es la única verdad que se han cometido errores, sí, pero también que esta verdad es la nuestra. En el relativismo inherente en la valoración de estos conceptos creo, sin embargo, que hay una certidumbre clara al considerar que algunos conceptos básicos nacidos de la Cultura Occidental han supuesto una mejoría en la relación entre los seres humanos: los Estados democráticos, el respeto absoluto de los Derechos Humanos, el reconocimiento, en todo su significado, de la dignidad y los derechos de la mujer, la separación entre Religión y Estado y el fomento de la enseñanza y la cultura como el valor más alto de nuestra sociedad. En el escrito que nos ofreció la Fundación Bertelsmann para fijar los principios del Triálogo, se hacía entre otras, la siguiente pregunta: ¿Será Europa la cuna de la evolución del Islam? Creo que esto es posible, igual que el Islam supuso una fuerza importan- te en la evolución de la cultura europea en los siglos X, XI y XII, y que esto se realizó desde España, principalmente desde la Escuela de Traductores de Toledo. Tampoco debemos de olvidar su aportación a la astronomía, la poesía, la medicina, el álgebra y la matemática, con la fundamental invención del cero. La evolución del Islam sería más fácil si pudiésemos sugerir como modelo el concepto de la evolución continua y en paralelo que nosotros hemos creado y que no podemos ni debemos frenar, a pesar de que ciertos grupos de nuestra sociedad puedan juzgar este punto de vista como minoritario o elitista. Peligroso sería considerar las manifestaciones masivas de algunos movimientos pseudoculturales del momento, como la base del estado de nuestra cultura, por lo que debemos tener muy claro cuáles son los campos en los que estamos obligados a poner nuestro énfasis de protección y estímulo para que en una sociedad tremendamente masificada y globalizada, en la que la economía impone su férrea ley, no se ahoguen y se pierdan iniciativas, que aunque puedan parecer minoritarias, contienen los principios de continuidad, evolución y sobrevivencia de nuestra cultura. Quizá para iniciar este diálogo sería necesario hacer un examen de conciencia previo, en el que reconociésemos nuestros errores del pasado, lejano y reciente; analizásemos el grado de conocimiento que tienen nuestras diferentes poblaciones de su propia entidad cultural; valorásemos el estado en que los individuos participan de este conocimiento individual y colectivamente; la forma en que nuestros Gobiernos atienden a la posibilidad de esta participación y conocimiento; el estado de nuestros sistemas de enseñanzas; la ayuda pública y privada que somos capaces de generar para las manifestaciones culturales que no están ligadas a un inmediato beneficio económico... Después de este examen, quizá comprendamos que sólo desde el conocimiento de nuestra tradición cultural es posible su defensa y se podrá garantizar su evolución y sobrevivencia. Establecer una relación en un preciso momento del medievo, del renacimiento, del barroco o del romanticismo, entre una pintura, un concepto filosófico o científico, una obra musical o una determinada arquitectura, depende sólo del grado de conocimiento que en las distintas disciplinas tenga el estudioso que la realice, pero entiendo que es una realidad que siempre ha estado presente y permanece hasta nuestros días. En la ciudad de Mozart- -Salzburgo, donde nos reuníamos- -me vino a la memoria la íntima relación existente durante el último tercio del siglo XVIII entre la egiptología, la influencia de esta naciente ciencia en el pensamiento de la masonería, la fuerza con que iban imponiéndose en la sociedad las ideas de la Dialogar entre culturas y civilizaciones sólo será fructífero si se realiza, insisto, desde el conocimiento de nuestra realidad cultural para lo que es imprescindible distinguir con claridad, por un lado, lo que esta realidad es y lo que ese es, es producto de 3.000 años de evolución continua y, por otro lado, lo que está a la moda del instante en que vivimos y que sólo representa una realidad congelada en el tiempo de esa evolución y es un producto deformado por los intereses políticos y económicos del momento en que vivimos. Creo en la conveniencia de establecer estos diálogos, pero marcando, por nuestra parte, ciertas prioridades: l. -Conceder a la Educación y la Cultura, en sus más altas acepciones del término, el valor prioritario por encima de cualquier otro. 2. -Que Europa y la Cultura Occidental tienen una clara responsabilidad frente al resto del mundo. Y 3. -Que para cumplir esta responsabilidad será necesario que los intereses políticos y económicos estén supeditados al desarrollo y la evolución de la Enseñanza, la Cultura y la propagación del concepto de la dignidad de la persona.