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ABC VIERNES 23 9 2005 Espectáculos 65 John Cusack y Diane Lane, en una imagen de la película ABC Y que le gusten los perros Drácula de Francis F. Coppola, que versionó la novela de Bram Stoker ABC Cartel de la película El código Da Vinci que se rueda actualmente ABC ¿O Cela una colmena mejor que la ensamblada por el cineasta santanderino? ¿Habrá salido Pérez Galdós de algún jurásico billete de mil pesetas para darle las gracias a Garci por hacer que El abuelo estuviera hecho un chaval a las puertas del siglo XXI? ¿Y Poe para hacer lo propio con Roger Corman? ¿Sería Antonio Skarmeta jurado del Festival de San Sebastián si Michael Radford no hubiese obrado maravillas con su Ardiente paciencia más conocido como El cartero y Pablo Neruda ¿Soñaría Nick Horby con mejor partitura para su Alta fidelidad que la que le puso en el tocata Stephen Frears? Eso, sin pasar página a la enorme estantería de adaptaciones competentes y con buena caligrafía, de clásicos como El juego de Ripley de Liliana Cavani (sobre texto de Patricia Highsmith, adaptadísimo ya por René Clément, Minghella o hasta Wenders en El amigo americano al grahamgree- niano El americano impasible de Philip Noyce, La casa de los espíritus con Bille August adaptando a Isabel Allende, o, bien reciente, Charlie y la fábrica de chocolate con Tim Burton embadurnándose del dulce texto de Roald Dahl. Afortunadamente, en materia cinéfila, la letra con sangre no siempre entra, aunque en el Hollywood dorado los guionistas tuvieran a su vera a todo un Faulkner, todo un Hammett o todo un Hemingway que les corrigiesen las erratas, y hoy día nos tengamos que conformar con alguna videoconferencia del abogado de Grisham, Clancy, Crichton (bueno, éste se salva de la quema, que si no se nos enfada algún viejo colega) o Stephen King. Aunque a veces suena la flauta, sobre todo con este último, de largo el autor contemporáneo anglosajón más adaptado: véanse clásicos como Carrie de Brian de Palma, Cadena perpetua de Frank Darabont, o Cuenta conmigo de Rob Reiner, sin contar la mentada El resplandor Por cierto, entre nuestras fronteras el premio honorífico correspondería a Arturo Pérez Reverte, con un muy apreciable currículo donde sobresalen títulos como El maestro de esgrima de Pedro Olea; Cachito de Enrique Urbizu; La novena puerta de Polanski, o el inminente Alatriste de Díaz Yanes, sin duda la adaptación estrella del cine español (junto al sorprendente Tirante el blanco de Vicente Aranda) en los próximos meses (la foránea tal vez sea el dichoso Código Da Vinci de Ron Howard) En fin, que en estos tiempos donde lo que se lleva es volcar a la gran pantalla un cómic (o una novela gráfica, que queda más aparente) un videojuego o hasta una colección de cromos o de sellos, adaptar con buena letra una novela, relato o poema es todo un arte. Si no, comparen los nominados al Oscar (o candidatos al Goya) al mejor guión adaptado con el de mejor guión original. Lo del déficit de imaginación es otro tema. Al menos, que el calco sea bueno. Diane Lane y la manada EE. UU 2005 Director: Gary David Goldberg Intérpretes: Diane Lane, John Cusack, Dermot Mulroney, Christopher Plummer FEDERICO MARÍN BELLÓN Una profesora divorciada sufre el acoso de familiares y amigos, que le preparan citas a ciegas e introducen sus datos, incluso los reales, en las peores páginas de internet. Pronto se advierte que sus dos principales pretendientes son el idealista John Cusack y el insoportable padre separado y ligón Dermot Mulroney. Fin de la historia. Ni el espectador más ingenuo considera al segundo capaz de lle- varse el primer premio, por más que el guión de Gary David Golberg recurra a los habituales trucos, no siempre sucios. Si añadimos que el entramado de secundarios incluye al típico amigo homoguay imprescindible en toda comedia romántica moderna, el panorama parece disuasorio incluso para las mayores accionistas de la compañía Kleenex. Motivos para el optimismo: Diane Lane. Cada vez está más guapa y, sobre todo, es mejor actriz. Ella ilumina la pantalla y convierte un personaje tópico en un arco iris de matices. Es capaz de expresar cualquier sentimiento con una mirada. A su lado, incluso los perros (y Mulroney) parecen mejores intérpretes. John Cusack la sigue con estilo y no desafina, mientras que el resto de la tropa está a la altura de una película de su presupuesto. Y en cuanto a los perros, ni caso. Apenas molestan. Trauma Vuelo nocturno Mejor, traumatismo Amedrenta como puedas encefálico EE. UU. 95 minutos Director: Marc Evans Intérpretes: Colin Firth, Mena Suvari JAVIER CORTIJO EE. UU. 85 minutos Director: Wes Craven Intérpretes: Rachel McAdams, Cillian Murphy J. C. M arc Evans, del que guardábamos grato recuerdo de su My little eye planta un moratón en la pantalla con esta pesadilla a la virulé en la que un pintor (de brocha gorda y fina, según) vive atormentado por la muerte de su esposa en accidente de tráfico provocado por él. Ni la cara de alivio de luto de Colin Firth ni el rayo de sol esponjoso de Mena Suvari salvan los muebles de un guión estúpido como pocos donde birlibirloque sobrenatural e interracial, entomología y tembleques terroríficos a lo Hellraiser flotan y boquean en aguas estancadas. Al final, el raro espectador no dormido evocará a Macario: Me lo explique Aunque total, ¿para qué? s un detalle que todo un caballero del cine de terror nos plante a estas alturas su trabajo de fin de carrera. Y dicho sin ánimo peyorativo, claro. Porque este Vuelo nocturno reúne todos los requisitos de orfebrería primeriza: claustrofobia artesanal, tour de force a escenario y piñón fijo y, también, algún error de brujo novato. Lo más importante es que Craven consigue que nos olvidemos de las caretas de Scream y jerséis de crudillo de Freddy con que se emboza su carrera, y nos prenda la mecha de la bomba de relojería que duerme bajo nuestras posaderas. Fallos y turbulencias, haberlos, haylos, pero el buen mal rato está garantizado. E