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64 Espectáculos VIERNES 23 9 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO: CINE PARA LEER Fotograma de Mystic River dirigida por Clint Eastwood y basada en la novela homónima de Dennis Lehane ABC A los directores más gallitos les suele crecer el ego profesional cuando intentan llevar a la gran pantalla grandes éxitos literarios. Adaptar al cine y con buena letra una novela, relato o poema es todo un arte. Lo del déficit de imaginación es otro tema Cine y literatura: amistades no tan peligrosas Re JAVIER CORTIJO sulta tan obvio tender vasos comunicantes entre el cine y la literatura como entre la yema y la clara: ambos se retroalimentan, combinan incluso cromáticamente y están deseando que el lector- espectador moje pan en su salsa o en su sopa de letras. Sin duda, el Séptimo Arte no sería igual sin la intervención de los miles de guionistas adaptados de los que se ha surtido. Sobre todo, y no necesariamente por ese orden, dos: Shakespeare y Dios. Podría datarse esta inagotable colaboración en números de varias cifras, pero nosotros preferimos la letra, así que, para más información, valgan libros como Shakespeare a través del cine de Gil Delgado, o Las 100 mejores películas del cine histórico y bíblico de Payán, donde encontraremos las mejores versiones en celuloide de dichas páginas inmortales. Sin ir más lejos, hoy viernes se estrena El mercader de Venecia espectacular adaptación de Michael Radford del enésimo clásico de Shakespeare, y concienzudos estudios como Cine- fórum 2005 han elegido recientemente a La Pasión de Cristo de Mel Gibson, como mejor película estrenada en España el año pasado. Pero no sólo de páginas sagradas vive el cinéfilo. A los directores más gallitos les suele crecer el ego profesional cuando intentan llevar a la gran pantalla textos tradicionalmente intra- tables y o de culto. Ejemplos los hay a tutiplén: los martillazos gore- yuppis de Bret Easton Ellis en American Psycho fueron adaptados con estimable fortuna por Mary Harron gracias a la planta de Jeckyll y Hyde (otro de los textos clásicos de los que se nutre incansablemente el cine, por cierto) de Christian Bale; las lagunas metafísicas de Solaris descritas por Stanislaw Lem fueron objeto de chapoteo cinéfilo por parte de Steven Soderbergh, que, en un doble mortal, también puso sus pulcras manos de parafina en la clásica adaptación de Andrei Tarkovsky, y el indomable David Cronenberg se atrevió no con uno sino con dos miuras como El almuerzo desnudo de William Burroughs, y Crash de J. G. Ballard, con resultados curiosos. ca apocalíptica adaptación del clásico de Anthony Burgess (y de su léxico, tarea no menos titánica) El resplandor sublimación del pulp de Stephen King, o, en fin, Eyes wide shut anhelado ensayo onírico del original de Arthur Schnitzler Relato soñado son algunos ejemplos de su prodigio. Se le escapó Inteligencia artificial según el cuento de Brian Aldiss Los superjuguetes duran todo el verano que pilló al vuelo su amigo Spielberg, emborronando con su ñoño final una presunta obra maestra (parecida acción ejecutó con Minority report de Philip K. Dick, otro de los gurús de la adaptación, gracias a perlas como Desafío total de Paul Verhoeven, o Blade runner de Ridley Scott) El tópico suele dictar sentencia: nin- Jackson y Kubrick Pero dos ejemplos poderosos sobresalen en este más difícil todavía: Peter Jackson y su magistral adaptación de la trilogía El Señor de los Anillos (aquí, además del escollo literario, tenía que terciar con las garras de los fans, mucho más afiladas que las de Tolkien) y Stanley Kubrick con una filmografía donde casi no asoma una línea original, aunque parezca blasfema la afirmación. Lolita inapelable relectura del escandaloso texto de Nabokov; 2001 sobre un relato de Arthur C. Clarke; La naranja mecáni- Sobresalen dos ejemplos: Peter Jackson con El señor de los anillos y Stanley Kubrick con 2001 En España, Arturo Pérez Reverte es el escritor con el mayor número de novelas llevadas al cine guna película le llega a la suela de la nota a pie de página a la novela en cuestión. Pero, afortunadamente, los clichés están para despedazarlos. ¿Cuál supera a cuál, El Padrino de Coppola o el de Puzo? Muerte en Venecia de Mann o la de Visconti (aplíquese el mismo cuento con El gatopardo de Lampedusa) ¿Quién se metió más hasta la médula de El corazón de las tinieblas Joseph Conrad o Coppola con Apocalypse Now (con o sin Redux) ¿Aguantaría la letra gótica de Bram Stoker los estacazos de madera noble de los sucesivos Dráculas y Nosferatu de maestros como Murnau, Browning, Fisher o, una vez más, Coppola? (por cierto, como de casta le viene al galgo, métase en este saco el gran trabajo de su hija Sophia con Las vírgenes suicidas de Jeffrey Eugenides) ¿A quién correspondería la patria potestad del monstruo de Frankenstein, a Mary Shelley o a James Whale? ¿Qué amistades son más peligrosas, las de Stephen Frears o las de Choderlos de Laclos? ¿Y qué cuco volador está más como un cencerro, el de Ken Kesey o el de Milos Forman? ¿Alguien duda de que a Dennis Lehane le tocó la lotería editorial cuando Clint Eastwood puso su punto de mira sobre su mediocre novela Mystic River O, sin salir de nuestras fronteras, ¿hubiese imaginado Delibes un Azarías mejor que Paco Rabal en Los santos inocentes de Camus?