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ABC VIERNES 23 9 2005 Espectáculos 63 FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN Malas temporadas y las flaquezas de Martín Cuenca El actor Ben Gazzara, el príncipe de Singapur, recibía ayer el premio Donostia del bolchevique Martín Cuenca, presentó su pedazo de drama políticamente correcto, Malas temporadas a la competición por la Concha de Oro. A saber E. RODRÍGUEZ MARCHANTE SAN SEBASTIÁN. Ayer le pasaba el Festival el testigo del premio Donostia a Ben Gazzara, uno de esos actores elegantes y eficaces que siempre mira a la cámara como si fuera el barman al otro lado de la barra. También ayer, la 2, en un alarde de cintura y sintonía, programaba una de sus mejores películas, Saint Jack que aquí se le añadió la coletilla de el príncipe de Singapur dirigida por Bogdanovich, un cineasta con tanto talento en la espalda que lo tienen siempre castigado de cara a la pared. Fuera de eso, el programa se sacudió de encima otras dos películas a competición, una de ellas española, Malas temporadas dirigida por Manuel Martín Cuenca y protagonizada por Javier Cámara, Nathalie Poza, Leonor Watling y Eman Xor Oña. La otra era francesa, se titula En sus manos y es la que usaremos hoy como saco de entrenamiento. En términos generales, Malas temporadas gustó mucho y a muchos; y uno lo entiende: todo está tan atadito, tan correctito en su drama, en su viraje a la tragedia, en sus toques sociales, en su equilibrado mirar a los gases que revuelven las tripas del mundo, el exilio, la inmigración, las injusticias, las depresiones, persecuciones y pasiones que atosigan al individuo y a la sociedad... Por decirlo de un modo cursilón y sonrojante: son personajes al albur de la noche y la soledad que se buscan a sí mismos en la compleja y sutil mezcla de vidas y culturas que nos depara el mundo, ejem, de hoy... Cuba, Miami, Rusia, Marruecos... la brújula de la protagonista, Ana, que trabaja en una oficina de ayuda al refugiado, es un molino de viento que se agita al soplo de los demás personajes cruzados por relaciones más o menos leves, más o menos intensas: el ex presidiario, el tablero de ajedrez, el cubano vano, la muñequita rota, su silla de ruedas, el niño desolado, el morito bueno, el bar nocturno... por partes, todo suena como si le hubieran pasado un cepillo por encima, lo hubieran dejado bien liso y pulido (es un pedazo de drama pulido y barnizado) aunque el todo tal vez funcione, porque siempre suele funcionar este tipo de historias que se presentan ya resueltas de antemano: personajes y problemas están ahí, sobre la mesa, como fichas de dominó, y la cosa consiste, puesto que ya sabes lo que les pasa, en darle sentido a sus padecimientos. b El director de La flaqueza El director, Martín Cuenca, había atrapado con las dos manos el clima sórdido y tórrido de su anterior película, La flaqueza del bolchevique en ésta creo, en cambio, que hincha los personajes como si fueran globos y luego se le quedan sueltos y volanderos por la habitación. Aire y pretensión Pero habíamos quedado que el saco era la película francesa, En sus manos de Anne Fontaine, que cuenta una de esas historias banales construidas con mucho aire y pretensión. Los personajes son sólidos y equilibrados, pero sus actos son absurdos, con lo que también se convierten ellos en absurdos. Nada de lo que dicen y hacen tiene sentido: ni la relación entre ellos, ni el supuesto encanto seductor de él, ni las dudas de ella, ni los asesinatos en serie, ni la voluntad de adulterio, ni los amigos, ni la familia, ni siquiera los actores que los encarnan tienen la menor posibilidad de ser lo que son en la película: Benoit Poelvoode tiene pinta de ciclista y no de asesino múltiple y ella, Isabelle Carré, no le vendería un seguro ni a un pavo en el día de acción de gracias. Se supone que ha de haber intriga en todo el tramo final, pero lo que hay, en vez de intriga, es mucha tontería. Ben Gazzara agradece la concesión del premio Donostia AFP Gazzara: Los actores somos como niños, nos encanta que nos mimen OSKAR L. BELATEGUI SAN SEBASTIÁN. Criado en los peores barrios de Nueva York, Ben Gazzara, 75 años y la misma mirada irónica e inteligente que brilló en los filmes de John Cassavetes, destacó en el Actors Studio y debutó con Otto Preminger en Anatomía de un asesinato Su inquietante carisma se unía a un carácter indomable, lo que le convirtió en el favorito de Bogdanovich, los Coen, Spike Lee y Von Trier. Resulta inevitable preguntar al actor por John Cassavetes. Oh, Dios. Ya empezamos. John estará mirándonos ahora desde el cielo y tronchándose de risa. Tienes que volver a hablar de mí, Ben ja, ja. Supongo que si viviera hoy seguiría haciendo películas. Hubiera encontrado la forma de manejar el sistema. Era todo un genio griego: como artista y como negociante. Sabía encontrar el dinero, casi siempre hipotecando su casa Sobre su manera de trabajar, afirma: Creaba el ambiente y daba seguridad al actor, le hacía creer que nunca podía equivocarse. Te daba libertad y lograba que te sorprendieras En el momento de recoger el premio Donostia, confiesa que pasarán por su cabeza mis trabajos con Cassavetes y Bogdanovich: también pensaré en las obras de teatro con Elia Kazan. He colaborado con gente de mucho talento, ellos me alimentaban, no podría haberlo hecho solo. Nos juntábamos cuando los estudios nos decían que no Apenas voy al cine, prefiero leer Gazzara, uno de los primeros rostros del primer cine independiente, considera que el significado del término ha variado hoy. Un estudio como Miramax, que se llama independiente a sí mismo, llega al festival de Sundance y se queda con todo. ¡Bah! Pero no me haga caso, apenas voy al cine, prefiero leer A pesar de su edad, el actor sigue trabajando mucho, especialmente en Italia. ¡Tengo que pagar la fontanería de mi casa allí, ja, ja! Llevo dando vueltas por Me habría gustado hacer una película con Fellini y Antonioni y salir en El padrino como a todos los actores. Y rodar con Elia Kazan Europa desde junio: París, Venecia, San Sebastián... Una vida dura, ja, ja. En Italia escribí mis memorias, In the Moment que funcionaron muy bien ¿Materialista? Bueno, cuando ruedo he de reconocer que me levanto cada mañana para ir al plató con el mismo entusiasmo de cuando era joven; los actores somos como los niños, nos encanta que nos mime el equipo. Pero escribir me gusta cada vez más: no es tan arriesgado como hacer una película. Coges un boli y un papel y te crees Dios, eres el creador absoluto. Ahora estoy con una novela de ficción. Si no me la publican, no pasa nada Gazzara opina que ya no hay actores como los de antes. Clark Gable, Gary Cooper, James Cagney, Humphrey Bogart, Spencer Tracy... ¿Dónde están hoy? No me malinterprete, hay grandes intérpretes, pero aquellos monstruos no tuvieron relevo. Está Robert de Niro, Al Pacino... ¡Pero no quiero verle a Pacino dándole besos a una chica, no es lo mismo! Confiesa que le habría gustado hacer una película con Fellini y Antonioni y salir en El padrino como a todos los actores. Y rodar con Elia Kazan Y rehusa hablar de la politización de las estrellas: ¡Pare! No empecemos con la política. Sólo le voy a decir que la inteligencia es necesaria en un Gobierno. Y no digo más. ¡Dios! ¡No sé si esa gente tan estúpida ha leído alguna vez un libro!