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ABC VIERNES 23 9 2005 Sociedad 55 Ciencia chó para que España poseyera Ciencia y Tecnología propias. Esa imborrable preocupación, que persiguió hasta el final de sus días, permitió la creación del Centro de Biología Molecular, con el que despertó las conciencias de la sociedad española. Retomó el interés por la Ciencia de un país recuerda Salas. Influyó en la creación de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, nos enseñó su idea de cómo había que hacer Ciencia, la misma idea que hemos ido transmitiendo a otras generaciones de investigadores y se basa en la búsqueda de la excelencia científica. Ese era su espíritu y lo que ha perdurado en el CBM Un científico pegado al terreno Quienes han trabajado con Severo Ochoa le definen como un científico pegado al terreno. No era el genio imaginitivo con ideas brillantes. Él confiaba más en el trabajo diario, en los frutos del experimento diario. Su trabajo era sistemático durante seis días a la semana, con jornadas laborales desde las 6 de la mañana a las 8 de la tarde que apenas interrumpía para tomar un ligero almuerzo. Su tiempo libre se reducía al sábado por la tarde y al domingo, cuando aprovechaba para disfrutar de la música, su otra pasión además de la Biología Molecular. Cuenta César Nombela que una mañana, cuando trabajaba en la Facultad de Medicina de Nueva York, intentó localizarle sin éxito en su laboratorio. Literalmente había desaparecido. Hacia las 12.30, mientras yo deambulaba por el pasillo, por fin lo vi entrar. Lo hacía como a hurtadillas, tratando de llegar a su modesto despacho sin que se percibiera que llegaba de la calle a una hora tan inusual. Pero se topó conmigo. Con cordialidad le pregunté: Dr. Ochoa ¿cómo llega a estas horas? Tras dudar un poco, no sin poner cara de quien ha sido sorprendido in fraganti me confesó: Vengo del Metropolitan, Montserrat Caballé me ha invitado al ensayo de Norma y no he podido resistir la tentación. Ése era Severo Ochoa, el prestigioso científico que también podía sucumbir a la tentación de hacer novillos si se trataba de oír a una intérprete musical excepcional. Me dio la impresión de que para eso sí le complacía ser importante, por el privilegio de recibir esas invitaciones Sin embargo, la modestia caracterizó su vida. Su despacho en Nueva York era sencillo, tanto como el que tuvo en España en el Centro de Biología Molecular. Muestra también de su sencillez es el placer que sentía por conducir y acompañar a sus amigos en coche, como hacía con el empresario farmacéutico catalán Rafael Foguet. Desde luego pocos han tenido a un Premio Nobel como taxista distinguido. El cerebro emigrado A pesar de su implicación con España, Ochoa era percibido en su tiempo como un cerebro emigrado al que no se debía premiar con un centro a su imagen y semejanza. Sin embargo, su compromiso fue claro desde el principio. Estaba convencido de que el mejor patriotismo español se demostraba promoviendo el conocimiento asegura el catedrático César Nombela, presidente de la Fundación Carmen y Severo Ochoa. Nombela fue algo más que un discípulo para el Nobel. En sus manos dejó su legado y su amistad. Fue su maestro, quien le enseñó el tesón de la experimentación diaria y su prosa científica, una faceta en la que también destacó Severo Ochoa. Era un gran comunicador científico. Escribía tan claro y preciso que cualquiera podía repetir el experimento Con la misma claridad exponía sus dudas y trabajos en el Centro de Biología Molecular. Cuando Ochoa regresa definitivamente a España, había cumplido 80 años. Hasta sus últimos días mantuvo su curiosidad y su interés por las actividades del centro. El catedrático Federico Mayor, hijo de Mayor Zaragoza, uno de los fundadores del CBM, recuerda cómo Don Severo explicaba sus logros con una sencillez y una claridad extraordinarias. Planteaba cuestiones tan básicas que a veces pensábamos que sus preguntas eran demasiado sencillas para un científico de su nivel, aunque siempre señalaban el punto débil Mayor pertenece a una generación de investigadores que recibió el centro a pleno rendimiento y ha crecido con el estilo Ochoa Pero está convencido de que ha llegado el momento de mirar hacia delante. Tenemos un centro con una producción importante, que ha respondido a las expectativas y no nos podemos dormir en los laureles Es el momento, dice, de dar un impulso al legado que dejó Severo Ochoa para permanecer en la vanguardia de la investigación. Ese nuevo impulso está a punto de producirse. El Centro de Biología Molecular estrenará nuevo edificio en menos de un año y está inmerso en una profunda reestructuración. Será la refundación del CBM. Nos abriremos a nuevos grupos de investigación y modernizaremos nuestras áreas de trabajo, aunque nunca perderemos nuestro sello original cuenta Cecilio Giménez, actual director del CBM. El espíritu de Ochoa y el estilo de los profesionales que aprendieron con él perdurará porque ése ha sido nuestro éxito Su equilibrio Carmen, su mujer, fue su apoyo y el gran amor de su vida El trabajo Capacidad de concentración y amor al trabajo, dos de sus cualidades más apreciadas Premio Nobel ABC recogió la noticia en su portada del 11 de diciembre de 1959 ¿Estaría Severo Ochoa satisfecho con la evolución del CBM? Taxativamente sí responde Antonio GarcíaBellido, fundador y profesor de Genética del Desarrollo en la institución. Pero no con la Ciencia española. Hemos mejorado mucho, más que otros países, aunque no lo suficiente. Severo Ochoa era muy exigente, siempre quería más y hoy hubiera querido más para la Ciencia en España