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ABC VIERNES 23 9 2005 27 La dimisión del ministro de Economía italiano pone de relieve la crisis en el Gabinete de Berlusconi Primer encuentro sin resultados entre Merkel y Schröder para tentar un gobierno de coalición en Alemania Para esta ciudad- isla en la costa de Texas, la amenaza de Rita remueve su terrible pasado: la completa destrucción en 1900 por un huracán sin nombre pero aún considerado como el peor en la historia de EE. UU. Galveston, segunda parte TEXTO: P. RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL REUTERS nivel del mar. El alcalde Ray Nagin mantiene abierta la posibilidad de otra evacuación pero esta vez con decenas de autobuses ya dispuestos. Esfuerzos gubernamentales Esta vez, la Agencia Federal para la Gestión de Emergencias (FEMA) bajo su nuevo y experimentado responsable, David Paulison, ha empezado con buena antelación a pre- posicionar suministros, helicópteros y equipos médicos dentro de un plan que excede con mucho los esfuerzos gubernamentales en Nueva Orleáns. El Pentágono, por su parte, también ha anunciado una robusta respuesta de medios militares, con la posibilidad de recurrir a 319.000 efectivos de la Guardia Nacional repartidos por todo el país. WASHINGTON. En Galveston, la isla- ciudad con 58.000 habitantes en la costa de Texas, lo apocalíptico no es precisamente un concepto abstracto. Un 8 de septiembre de 1900, un huracán sin nombre al que nadie tomó en serio pese a conocerse su llegada destruyó por completo ese próspero puerto rival de Houston, conocido en su momento como la Nueva York del Golfo de México Entre 6.000 y 12.000 personas perdieron la vida en lo que todavía hoy en día se considera como uno de los peores desastres naturales en la historia de Estados Unidos. Para evitar una tragedia similar, Galveston fue reconstruido con un muro de granito para contener mareas con más de 5 metros de altura y casi 18 kilómetros de extensión. Protección insuficiente ante las monstruosas subidas de agua de 15 metros que acompañan a Rita En un ejemplo de responsable protección civil, la ciudad ha sido desalojada barrio por barrio, facilitándose ayuda a más de dos mil residentes incapaces de valerse y que ya se hallan en refugios de la Cruz Roja tierra adentro. Sin perder tiempo y perderse en eufemismos, la alcaldesa de Galveston- -Lyda Ann Thomas- -ha advertido a los vecinos empeñados en no salir que asuman el consiguiente peligro porque los servicios municipales a los que están acostumbrados- -policía, ambulancias, bomberos- -no van a estar disponibles La plana mayor del ayuntamiento tiene previsto trasladarse temporalmente hasta el hotel San Luis, construido sobre un elevado búnker de la Segunda Guerra Mundial aunque no descartan aplicarse sus propias recomendaciones. Como ha explicado el historiador local Marsh Davis, ante el espectáculo de su ciudad nuevamente amenazada de muerte, el tiempo nos ha vuel- Una imagen histórica de Galveston devastada por el huracán de 1900 to a atrapar Pero en realidad, los recuerdos del huracán de 1900 nunca han abandonado Gavelston. EPA Exposición conmemorativa El ayuntamiento mantiene una histórica exposición sobre la destrucción y reconstrucción de la ciudad. Y los turistas interesados pueden contemplar un show de treinta minutos sobre el desastre que según el Centro Nacional de Huracanes de Miami encabeza la lista de ciclones tropicales más letales, costosos e intensos en Estados Unidos desde 1851 al 2004 Una gran placa de granito recuerda Los ancianos del lugar recuerdan las historias de la noche que fue como si mil diablos gritaran a la vez en el cementerio local a los miles de personas que perecieron en 1900 a pesar de que la llegada de aquel huracán- -posiblemente de categoría cuatro como Rita y Katrina -no resultará precisamente una sorpresa ya que la tormenta fue anunciada incluso en el periódico local. Pero al final, ante esa chulería de Texas y la sensación de invulnerabilidad creada por la gran prosperidad portuaria del momento, las advertencias fueron recibidas por oídos sordos. En cuestión de horas, en un caluroso sábado de septiembre, esa noción de superioridad se esfumó. Sin posibilidad de escapar, entre vientos de 240 kilómetros por hora y mareas incontenibles, uno de cada seis habitantes de Galveston perdió la vida. Alguno de los viejos del lugar recuerda cómo sus padres contaban que aquella noche de hace un siglo fue como si mil demonios gritaran a la vez