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6 Opinión VIERNES 23 9 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JAVIER MARTÍNEZ- TORRÓN CATEDRÁTICO DE LA FACULTAD DE DERECHO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE UN ERROR DE TIEMPO N España nos gusta la bronca. Forma parte del carácter nacional y no suelen desperdiciarse ocasiones, que son muchas, para entregarse a ella. Somos, aleccionados por la Historia, más ásperos que el papel de lija y, salvo cuatro excepciones ermitañas, tendemos a interpretar el silencio y el sosiego como síntoma o anticipo de una enfermedad. No es raro, en consecuencia, que la ley sobre el matrimonio homosexual tenga revuelto el patio. Si el debate sobre esta cuestión, o sobre cualquier otra, discurriera por los cauces de la serenidad y ajustado a las normas de la razón, lejanos de las que suministran las pasiones, esto ya no sería España. M. MARTÍN Estaríamos en el extranFERRAND jero, lo que tampoco parece para dar brincos de contento. Cuando el asunto ya parecía zanjado y casi olvidado, con menos de treinta uniones celebradas desde la promulgación de la ley, el PP, cuyo sentido de la oportunidad es mensurable en micras, decide llevar el asunto al Tribunal Constitucional. Aquí sí que cabe decirle a Mariano Rajoy lo que, cuando conservador, decía Winston Churchill: Un error de tiempo en política es más grave que en Gramática Está muy bien eso de obrar por principios que la escasez de supuestos éticos es el gran mal de nuestro tiempo; pero los principios de efectos modulables y retardados son, en principio, sospechosos. Si, como se asegura, un siete u ocho por ciento de la población española es homosexual entramos en la ley de los grandes números, y, por ello mismo, puede asegurarse sin muchos riesgos de error que la proporción de homosexuales próximos al PSOE o al PP tenderá a ser la misma que se produce en la cuenta general de la Nación. Entre ellos, se puede sospechar, serán más conservadores los que aspiran a unir sus vidas para siempre que los progresistas trabajan a más corto plazo. Es decir, que con su legítimo recurso, como bien previene Esperanza Aguirre, Rajoy puede perder, u ofender, a su clientela política. Podría haber resultado válido lo de los principios pero ya no lo es a estas alturas del partido. Sobre todo ello flota una de las muchas inconsistencias que, tras degenerar en partitocracia, conforman nuestra vida actual. Los aparatos rectores de cada formación funcionan como máquinas de acuñar y olvidan que, del mismo modo que existen- -se supone- -razones ideológicas que son la espina dorsal del partido a las que deben sumisión todos los militantes, hay otras de orden ético que sólo afectan al individuo. Legislar sobre asuntos de la moral y las costumbres desde el monolitismo partidista es un error de bulto. No todos los homosexuales son socialistas, y el respeto a la libertad demanda que, en este tipo de asuntos, cada cual, por la derecha o por la izquierda, vote según su conciencia personal. La disciplina es para otras cosas. E MATRIMONIOS A LA CARTA A cuenta de la legalización de las bodas gays en cuatro países, entre ellos España, el autor reflexiona sobre el estado de la institución del matrimonial y echa en falta que no se haya producido un serio debate intelectual, social y político antes de proceder a su modificación A legislatura de California aprobó, el 6 de septiembre, una ley que permitirá el matrimonio homosexual, al definir el matrimonio como una unión entre dos personas y no entre hombre y mujer. La actitud de la Asamblea Legislativa californiana- -dominada por el Partido Demócrata- -viene así a unirse a la reciente experiencia canadiense y española. Es una buena noticia para quienes contemplan el matrimonio desde la estricta perspectiva de un derecho individual más que como una institución vertebradora de una familia en el sentido tradicional del término. Pero es también una sorprendente noticia para los ciudadanos californianos, que en un referéndum de marzo de 2000, por mayoría del 61,4 por ciento, aprobaron una reforma del Código de Familia según la cual sólo podía celebrarse o reconocerse válidamente el matrimonio entre un hombre y una mujer De ahí que el gobernador Schwarzenegger haya anunciado que, por respeto a la voluntad de los ciudadanos, vetará la ley recién aprobada (el estrecho margen por el que fue aprobada la ley le permite hacerlo) No podemos tener- -declaraba su portavoz- -un sistema en el que el pueblo vota y la legislatura actúa contra ese voto Para sus valedores, la eliminación de la heterosexualidad significa un paso más en la apertura hacia nuevas formas de matrimonio, basadas en una privatización de su contenido jurídico, como una consecuencia que derivaría de su consideración estrictamente como derecho individual. En esa línea se inscriben también otras políticas matrimoniales, como las de agilizar al máximo el procedimiento de divor- L cio. La unión en sí misma, y la tutela jurídica de su estabilidad, pierde consistencia a ojos del legislador, quien tiende a prestar atención sólo a los deberes derivados de la eventual paternidad, los cuales existirían con o sin el matrimonio. No ha de extrañar, por otro lado, que ahora se reclame el matrimonio homosexual, pues hace ya más de medio siglo que viene produciéndose un proceso de privatización a ultranza del matrimonio, así como una clara apuesta por su fácil disolución que otorga a la voluntad unilateral de los cónyuges un mayor grado de eficacia que en otros contratos. Tampoco ha de extrañar que ese itinerario de privatización y de apertura hacia nuevos modelos no se detenga aquí. Si se aceptan esos principios, el resultado lógico sería un matrimonio a la carta. Lo cual incluiría la posibilidad de la poligamia- -tanto masculina como femenina- que no es más contraria a la concepción tradicional de matrimonio que la ruptura de la heterosexualidad (en todo caso menos) Y eliminaría el tradicional rechazo del incesto: irrelevantes ya los argumentos morales en el contexto actual, los argumentos eugenésicos han perdido toda su fuerza frente a eficientes sistemas contraceptivos y a una política liberal en materia de aborto. Ese potencial desarrollo futuro de los principios desde los que se preconiza el matrimonio homosexual debería mover a reflexión acerca de si el estricto individualismo es el fundamento más adecuado para redefinir una realidad, el matrimonio, que se ha juzgado esencial, universalmente, para el buen funcionamiento de una sociedad. ¿Por qué tengo yo que explicarle a la oposición que negocio con ETA, para que el posible éxito final sea de todos los españoles y no de los socialistas solamente?