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56 Cultura FESTIVAL DE CINE DE SAN SEBASTIÁN JUEVES 22 9 2005 ABC Los universos para lelos de Terry Gilliam El brasileño Ruy Guerra pone a hervir en cine La mala hora de Gabriel García Márquez b En menos de un mes, dos películas de Terry William; demasiado para una cabeza normal. La que presentó ayer aquí, Tideland es un espanto sin precedentes E. RODRÍGUEZ MARCHANTE SAN SEBASTIÁN. Estar en todas las películas que habría que ver en un día del Festival es del todo imposible; para acercarse algo a lo ideal hay que echar mano de la ingeniería horaria: cambio ésta por aquélla y, mañana, la cojo allí y recupero la otra, pasado, para... En fin, modos de complicarse la existencia. Ayer, unos cuantos teníamos la suerte de haber visto ya en Cannes Broken flowers la magnífica película de Jim Jarmusch, con lo que se pudo mandar al ingeniero del tiempo a hacer gárgaras y ver por riguroso turno lo que nos ofrecía la sección a concurso. Aunque eso, claro, no siempre es tener suerte. La competición la comandaba Terry Gilliam, cineasta que si se ofreciera en una tarima en plaza pública, lo abrasarían igual a tomatazos y a flores. Tideland es el producto de un parón (largo) en el rodaje de Los Hermanos Grimm y es una de las películas más insoportables de la filmografía insoportable de Gilliam, con el agravante de que tiene un punto de insana, como de lata de mejillones abierta y olvidada en la nevera. No es fácil reponerse a la imagen repugnante de una niña picándole a su padre su ración de heroína; ni de los saltitos idiotas de ambos ante el cadáver de la madre, muerta de un atracón de caballo; ni la serie de ruidos, guarradas y escatologías que atraviesan la historia de principio a fin... Terry Gilliam, ayer en San Sebastián tipo que dice los responsos en los entierros de su pueblo, y suelta cosas tan profundas que no le caben ni en las fosas: todo el mundo quiere ir al cielo, pero nadie quiere morirse antes El retrato de la familia del fulano y de sus vecinos es tan fresco y lunático que uno no acaba de aterrizar nunca con los dos pies en la película: simplemente se ríe y va dando saltitos por ella como Armstrong. Sólo salen tipos raros y quizá por eso, y sin aparentemente venir a JOSÉ MARI LÓPEZ Tideland es una de las películas más insoportables de la filmografía insoportable de Gilliam De tumba en tumba pretende entristecer al espectador, aunque es una película de risa Ruy Guerra consigue sacar el cuello por entre las páginas de García Márquez cuento, la película da un giro al final y pretende entristecer al espectador; aunque, bajo mi punto de vista, ya es demasiado tarde: es una película de risa. Y al fin, la tercera película en liza fue la hecha por el brasileño Ruy Guerra sobre una novela de García Márquez, La mala hora retitulada O veneno da madrugada El veterano cineasta afronta la hercúlea tarea de sacar el mundo de García Márquez del folio y más el de esta novela: puro clima disuelto en vapores. La historia de venganzas y pasquines se recuece entre el aguacero y los sudores del bochorno, los personajes se restriegan empapados contra la pantalla y las pasiones chapotean entre barros e inmundicias; la película, como la novela, se cuenta sin ser contada: todo ocurre en un pueblo, en un tiempo, en una atmósfera de pesadilla... en realidad, como si a ese pueblo o a ese tiempo y clima le dolieran las muelas. En fin, creo que Ruy Guerra consigue sacar el cuello por entre las páginas impregnadas de óleos y tufos de García Márquez. Lírica de pantano Se supone, y es mucho suponer, que Gilliam construye un personaje, el de la niña, que se construye a su vez un mundo ficticio: como si se pasara, digamos, al otro lado del espejo. Un universo paralelo y para lelos, con toda esa manga ancha del cineasta y con un sentido del humor que apesta, igual que su lírica de pantano y esa especie de metástasis chorra que se expande de una película suya en otra. Aceptemos que hay ingenio visual en su puesta en escena, trucos y juegos que pueden conseguir cierto efecto, pero todo es completamente huero, estéril sin otro objetivo y fecundidad que el de estamparse contra el suelo al llegar a los ojos: nada traspasa la vista en esta película; bueno, en realidad, en muchas de Gilliam. Liberados del sopor, engorro y carcasa del cine de Terry Gilliam esperaba agazapada una película eslovena (todos en guardia) De tumba en tumba (título preocupante) de Jan Cvitkovic El panorama no podía ser más lúgubre, pero aún no se habían ido los títulos de crédito y ya se habían echado más risas en la sala que con toda la filmografía de Gilliam, que pasa por ser chistoso... La eslovena se centra en un