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ABC MIÉRCOLES 21 9 2005 53 Cultura y espectáculos ANTONY BEEVOR Historiador Somos prisioneros del pasado, pero creo que la izquierda lo es más del suyo en España que la derecha La represión nacional fue una limpieza de enemigos, una actitud política además de una estrategia militar enfrentaba a un ejército, aunque también a un levantamiento y no sabía bien quién era el enemigo. Eso encendió el odio, pero no creó miedo, particularmente en una sociedad como la española- -odio decir esto con mi acento inglés- -que creía en el valor y suprimía el miedo. Estos factores desatan la mayor violencia imaginable. En los primeros días hubo violencia similar en ambos lados. Pero aquí se produjo una deshumanización del enemigo. Esto lo permitía la propaganda. Aun así, después la diferencia la marca que los nacionales emprenden la limpieza de enemigos potenciales hasta el final, lo que hace pensar que era una actitud política además de una estrategia militar. Y la cruda realidad es que los vencedores matan más que los perdedores en todas las guerras civiles. -Su libro refleja a la clase política como un batallón de incompetentes, cosido a sus errores. -La pregunta es ¿lo harían mejor nuestros políticos de hoy? Me temo que no, como no lo hicieron otros, como Chamberlain, dispuesto a sacrificar España, como Checoslovaquia a Hitler, con tal de evitar un nuevo Sarajevo. Y lo hemos vuelto a ver en Bosnia, y en Irak, recientemente; siempre había quien quería negociar más con el dictador. Negociar con el dictador es como negociar con la cobra o con el león, es ingenuo pensar que va a cambiar ante nuestra disposición. Tony Blair ha sido muy criticado por las concesiones realizadas en Irlanda, que han provocado la ira de los protestantes. Incluso las negociaciones de paz, como la de Irlanda, pueden ser muy peligrosas. -En realidad el prestigio lo tenían entonces los regímenes totalitarios, no las democracias. -Eso agravó el problema. Sin el Tratado de No Intervención la guerra habría sido más larga, pero habrían ganado los mismos. Los soldados coloniales eran más profesionales, más duros y despiadados que los de la metrópoli. -En su libro aparece una derecha posibilista, menos monolítica y más plural que la que nos ha legado la leyenda, el velo del franquismo... -Es exactamente verdad. Gil Robles se impresionó, como muchos otros, por la Alemana nazi, pero supo ver muy rápido sus peligros, sus horrores, y cambió de rumbo. No tenía la rudeza (Pasa a la página siguiente) El historiador, ayer, en Madrid El mito de la República como una edad dorada no se sostiene más El autor publica La Guerra Civil española (Crítica) una visión actualizada del conflicto, rigurosa con ambos bandos y empapada de los testimonios hallados por él en los Archivos soviéticos TEXTO: JESÚS GARCÍA CALERO FOTO: SIGEFREDO MADRID. Antony Beevor publica un libro sobre la Guerra Civil llamado a ser un fresco de todo el conflicto actualizado con la última bibliografía. A su personal mezcla de gran historia con las historias individuales añade sus hallazgos en los archivos soviéticos. -Usted irrumpe en un debate teñido de política y visceralidad. ¿Cuál es su visión de la polémica revisionista de las causas de la guerra? -El debate es muy importante. Todo lo que aceptamos debe ser desafiado. Pero hay que saber si el debate se hace de una manera honrada o no. Los revisionistas a los que se refiere han seleccionado algunos hechos que les interesan con un propósito político. Creo que es una gran pena entrar a debatir las responsabilidades de ambos bandos. Eso no informa ni ayuda a nadie. Corrompe el debate, lo politiza. ¿Es más fácil para un extranjero mirar con frialdad a los dos bandos? -Puede ser una ventaja. Pero no estoy de acuerdo con los historiadores alemanes y escandinavos: la historia no es una ciencia, nadie puede ser objetivo. No se puede ser objetivo porque tenemos la historia de los supervivientes y no la de los muertos. Es cierto que un inglés no tiene por qué justificarse, pero también tenemos un peligro, el romanticismo con el que miramos una historia como la de España, mucho más dramática que la nuestra. ¿Teme que historiadores españoles le reprochen sus puntos de vista? -No creo, como los revisionistas, que la guerra empezase en 1934. Lo que hay en Asturias son dos miedos enfrentados, entre el horror revolucionario y el horror de la represión. Esto no significa que uno sólo tenga razón. El historiador no debe hacer juicios morales, eso es cosa del lector. -Sin embargo, ni los revisionistas podrán reprocharle su visión de la República... ¿Qué es la República? La República no es coherente, son muchas cosas: liberales, demócratas, centristas, comunistas, anarquistas, miembros del POUM... El mito de una República inmaculada, como edad dorada que fue destruida, no existe. Era una contradición, era todas las contradiciones posibles a izquierda y derecha. -Hay quien piensa que en la izquierda de hoy hay un sector que quiere recuperar la legitimidad de ese mito, con tal de no tomarla de Aznar. ¿Qué le parece? -Somos prisioneros del pasado en muchos sentidos, pero creo que la izquierda es más prisionera de su pasado en España que la derecha en este sentido. -Su libro trata con el mismo rigor a los dos bandos, pero también establece diferencias entre el terror blanco y el terror rojo. Dice que el rojo era propio del desorden, mientras que el de los nacionales era programático. -La izquierda tenía menos armas y se