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28 Internacional MIÉRCOLES 21 9 2005 ABC LOS ABURRIDOS a vida en los países islámicos es mortalmente aburrida. Es algo fácil de constatar pero que rara vez se escucha, porque los periodistas, políticos e intelectuales europeos tenemos demasiado miedo a llamar a las cosas por su nombre. Miedo o pudor, pero lo cierto es que nadie se ha atrevido hasta ahora a proclamar como hace el novelista Martin Amis que el Islam es una fuerza poco feliz, anticómica y severa Eso y que terror y aburrimiento van juntos de ordinario. Habrá algún listo que correrá presuroso a precisar que el Yahvé de los judíos o el Cristo crucificado de los cristianos tampoco son la alegría de la fiesta, pero no estamos hablanALFONSO do de cosas homogéROJO neas. Nuestra religión y la de ellos, en estos tiempos, no son entes que puedan colocarse en el mismo plano. No se trata de altivez o de etnocentrismo europeo. Me entenderá muy bien quien haya visitado un país musulmán, aunque sea durante unas breves vacaciones. Desde las arenas miserables de Mauritania a las selvas de la isla filipina de Mindanao hay un arco de 20.000 kilómetros, a lo largo del cual aparecen Estados variopintos, con niveles de vida diferentes, colores de piel diversos y hasta lenguas distintas. Tienen en común el Islam y el aburrimiento. También, la sensación colectiva de haber fracasado como proyecto histórico y una peligrosa frustración. Da igual que uno pasee por los lujosos centros comerciales de Kuwait, suba hasta la kasbah de Argel, visite el mercado de Kabul o eche un vistazo a los escaparates de la calle Sadum de Bagdad. En un sitio te hartarás de ver chiquillas, cuyos padres nadan en millones de petrodólares, cuya única diversión es comprar a mansalva y mandarse mensajes por el teléfono móvil. En otro, muchachos apoyados en los muros, que pasan las horas cavilando y acaban sucumbiendo a la sanguinaria tentación del GIA. O tipos en bombachos, especializados en adivinar lo que podría ocultarse bajo el tupido velo de un burka. O sujetos sin futuro o esperanza, que no han hecho más que llevarse palos desde que llegaron al mundo. Y en todos los sitios: aburrimiento. A eso se une una represión sexual de proporciones siderales. En los chats de internet donde convergen los admiradores de Bin Laden, proliferan mensajes donde se vitupera a Occidente como tierra depravada, corrupta y sin moral. Discuten sobre el yijad en Irak, pero si no hubiera marines estadounidenses desplegados por el mundo, justificarían los asesinatos porque hay bikinis en nuestras playas. No es complicado imaginar cómo ese cóctel, combinado a la promesa de un paraíso repleto de huríes vírgenes, puede resultar suficiente aliciente a más de uno de los que terminan poniendo bombas en los trenes, dinamitando vagones de metro o secuestrando aviones. Nació con una vocación, la de arquitecto, pero la vida y la muerte le condenaron a una misión tras sobrevivir al Holocausto. Se hizo una promesa y la cumplió: llevó ante la Justicia a los criminales de la Segunda Guerra Mundial L Simón Wiesenthal, el cazanazis cierra los ojos para siempre JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Ésta es la vida de un hombre muerto ayer en su modesta vivienda de Viena, a los 96 años, en la placidez del sueño, con la misión cumplida. Ésta es la vida de un hombre que siempre vivió con los ojos abiertos, a la caza de cualquier pista que le condujera ante algún criminal de guerra nazi, para mirarle de frente, recordarle lo que hizo, asegurarle que habrá olvido, reconocerle que no habrá nunca perdón. Ésta es la vida de un hombre que se convirtió, por su tenacidad, su valentía, su compromiso con la Justicia, con mayúscula, que no con la venganza, en la conciencia del Holocausto, como le calificaban ayer desde los cuatro puntos cardinales del planeta los herederos de los 6 millones de judíos muertos en la Segunda Guerra Mundial. otro hombre en cualquier otra parte del mundo. No pudo hacerlo. Ésta es la vida de un hombre que se convirtió en otro bien distinto, con una misión única en la vida, después de pasar por cinco campos de concentración nazis consecutivos, de perder a 89 miembros de su familia, de separarse de su mujer tres años gracias a ese pelo rubio que la hizo pasar por polaca, a unos papeles logrados in extremis que le salvaron a buen seguro la vida. No buscó venganza Un hombre tan flaco (pesaba sólo 45 kilogramos) que apenas se tenía en pie el día de su liberación por los americanos del campo de la muerte de Mauthausen (5 de mayo de 1945) Salió de allí con dos obsesiones: la primera, recuperar a su esposa. Lo logró muy pronto. La segunda: hacer justicia, que no vengarse; encontrar a los culpables y ejecutores del mayor crimen de la historia contra la Humanidad y llevarlos ante los tribunales. Este hombre, tenaz, tozudo, con su particular y nada disimulado afán de protagonismo, se puso manos a la obra en su pequeño despacho del Centro de Documentación e Información Judío de Viena. Lo fundó en 1947. Cuando se jubiló, en 2003, contaba con una secretaria. No tenía ningún ordenador. Pese a tan modestas condiciones de trabajo, este hombre de vida tan azarosa participó de manera directa en la captura de más de 1.100 criminales de guerra nazis, entre ellos algunos de sus más diabólicos cabezas de serie, como Adolf Eichmann (cazado en Argentina en 1960, secuestrado por agentes del Mossad que lo trasladaron a Israel, donde fue juzgado y ahorcado el 31 de mayo de 1962) o Karl Silberbauer, el policía austríaco que detuvo a la niña Anna Frank, condenándola a muerte en el campo de Bergen- Belsen; o a Franz comandante del campo de la muerte de Treblinka. La espina que no se pudo sacar Ésta es la vida de un hombre que se murió con la losa de no haber podido captura al doctor Josef Mengele, el Ángel de la muerte de Auschwitz, pero que vivió todos los días de su existencia para los muertos, para su memoria, para hacerles justicia, para no condenarles al olvido, y lo hizo mucho antes de los libros de Wiesel o de las películas de Spielberg. Ésta es la vida de un hombre que será enterrado con todos los honores el viernes en un Israel que le veneraba: Simón Wiesenthal, cazador de nazis, soldado de la justicia, detective, ojos, cara, oídos de 6 millones de judíos asesinados. Una vida truncada Ésta es la vida de un hombre que también tuvo sus particulares sueños cuando era un niño en su Ucrania natal (vino al mundo el 31 de diciembre de 1908 en Buczucs, aldea del Imperio Austrohúngaro) cuando se convirtió en un adolescente en Lvov, ocupada años después por los alemanes. Un hombre que quería casarse con Cyla, una imponente joven rubia de la que se enamoró muy joven y a la que logró conquistar. Que quería trabajar como arquitecto, lo hizo sólo unos años, formar una familia, criar a sus hijos dentro de la tradición judía, vivir como cualquier Pasó por 5 campos de concentración consecutivos y perdió a 89 miembros de su familia en ellos Simón Wiesenthal, en 1992, durante su visita a un cementerio judío asaltado por los neonazis en Eisenstadt (Austria) EPA