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ABC MIÉRCOLES 21 9 2005 Opinión 7 sovo y en otras partes, basadas en la creencia de que los Estados que infringen los derechos de sus ciudadanos renuncian a sus propios derechos de soberanía. LA ESPUMA DE LOS DÍAS En segundo lugar, los comunistas tenían la esperanza de que el Acta Final consolidara el statu quo europeo y les diera un respiro en la constante competición de la Guerra Fría. El acuerdo hizo exactamente lo contrario. Su lema era el cambio, no la estabilidad. En lugar de declarar que las fronteras europeas eran permanentes, esbozó de qué maneras podían alterarse. En lugar de aislar al Este de Occidente, comprometió a ambos bandos a permitir un intercambio más libre de personas, ideas e información. En lugar de confirmar la legitimidad de los gobiernos comunistas, abrió el camino hacia su erosión al garantizar los derechos humanos de todos los europeos, orientales y occidentales por igual. Estas garantías inspiraron a los disidentes del Este- -de manera muy destacablea Václav Havel y su Carta delos 77 en Checoslovaquia y Lech Walesa en Polonia- -para hacer responder a sus gobiernos por romper las promesas de respetar los derechos humanos. Frente al ideal de contención por el que abogaban el presidente Richard Nixon y el secretario de Estado Henry Kissinger, el Acta Final no aceptó el comunismo como rasgo habitual del paisaje internacional que Occidente tendría que sufrir sin más. Se atrevió a plantear la posibilidad de un cambio de régimen en Moscú, Berlín y las demás capitales comunistas de Europa. En un ensayo titulado Dos conceptos de libertad, Isaiah Berlin aconsejaba no menospreciar el poder de las ideas: Los conceptos filosóficos alimentados en la quietud del despacho de un profesor escribió, podrían destruir una civilización No hay mejor prueba del dicho de Berlin que las ideas nacidas en Helsinki, que tienen un descendiente directo en la doctrina de Bush: Occidente debería fomentar la democracia y los derechos humanos en todos los países, con el objetivo supremo de poner fin a la tiranía. Occidente estuvo a la altura precisamente de este ideal hace 30 años. Su éxito al cambiar el rostro de Europa- -e invalidar realidades que para algunos nunca podrían invalidarse- -constituye una convincente lección para el mundo actual. Por muy fuerte que parezca, ninguna tiranía es inmortal. Cuando los Estados defienden sus principios y los derechos de los oprimidos ocurren cosas buenas. Y quizá lo más importante de todo sea que las ideas tienen, en efecto, poder para cambiar el mundo. The Wall Street Journal 2005 Dow Jones Company, inc. TAIFAS MORALES L egoísmo particularista es una enfermedad contagiosa. Menos dotados para otras virtudes cívicas, los españoles hemos sido con frecuencia generosos y solidarios. Ahora, en cambio, la rivalidad interna se traduce en alegría mezquina por el fracaso del vecino. El discurso victimista prende ya por todas partes. Su rédito político es indiscutible: nos discriminan, nos tratan de forma injusta, otros se llevan los privilegios... Para colmo de males, a veces resulta que es verdad. En fin, son estas taifas morales el preludio de una ruptura afectiva mucho más preocupante que todas las leyes orgánicas juntas. Escribe Platón, en La República Los ciudadanos se unen BENIGNO cuando comparten los PENDÁS mismos placeres y penas, cuando se alegran o entristecen en las mismas ocasiones... El choque emocional que producen determinadas actitudes es mucho más dañino que cualquier debate sobre financiación y competencias. Si no compartimos símbolos y banderas, selecciones deportivas o dominios de internet es indiferente que funcionen mejor o peor las conferencias de presidentes. Nos consuela creer que se trata de minorías radicales que no representan a la opinión general. Ojalá sea así. A veces tengo mis dudas. Todos tenemos que hacer examen de conciencia. ¿De quién es la culpa? Pregunta maldita, que abre la letanía de quejas: por supuesto, siempre es de los otros. Es asombrosa la capacidad del ser humano para actuar con parcialidad, y no sólo en la discusión eterna sobre los árbitros. Un ejemplo entre mil. En pleno debate sobre la megaopa una empresa privada llamada Iberia anticipa su proyecto de reducir algunos vuelos internacionales no rentables con origen o destino en Barcelona. Una decisión rigurosamente empresarial, como es notorio. Sorprende la reacción de la prensa más ponderada: ofensa, humillación, centralismo... ¿Qué van a decir los exaltados? La coherencia es otro valor en baja. Anuncia el PP el recurso contra la ley del sedicente matrimonio homosexual y algunos se rasgan las vestiduras. Sigamos con las sorpresas. ¿Desde cuándo resulta hostil por naturaleza un auditorio empresarial para un líder político de centro- derecha? Esa es la opinión común en todas las crónicas sobre la brillante conferencia de Rajoy en La Caixa, identificada curiosamente con el territorio comanche Lo más grave, insisto, es el peligro de que todos acabemos actuando como ellos, porque el ambiente nacionalista fomenta el gregarismo tribal y excluye cualquier autocrítica. Por ejemplo: si hay menos viajeros, habría que analizar la influencia de la lengua en la deslocalización de directivos y de estudiantes... Es una experiencia universal: como advierte Hegel: la ruina de un pueblo se produce cuando los grupos y los individuos se retraen sobre sí mismos. Reflexión desencantada- -todavía no pesimista- -a la vista del debate territorial que se nos viene encima. E insistido en que la naturaleza de su régimen y la forma en que éste trataba a sus ciudadanos eran cuestiones puramente internas, y que cualquier intento occidental de mencionar el tema era una injerencia ilegítima y una trasgresión de la soberanía. Independientemente de que fueran democracias o dictaduras, los Estados tenían que tratarse mutuamente como iguales. Pero por primera vez, la naturaleza del régimen estatal- -y cómo trataba éste a sus ciudadanos- -importaba. Occidente consiguió el derecho a controlar las trasgresiones de los derechos humanos y a presionar a los gobiernos comunistas para que cumplieran laspromesas hechas en Helsinki. Hay una línea directa entre el Acta Final y las intervenciones humanitarias de los años noventa en Ko- PALABRAS CRUZADAS ¿Debe el PP recurrir la Ley de Matrimonios Homosexuales ante el TC? UNA CONFRONTACIÓN EQUIVOCADA E cuesta entender que el respeto, la tolerancia y la aceptación del amor homosexual no se traduzcan en aceptación del matrimonio homosexual. Pero es cierto que hay algún argumento consistente en contra. Y hay que admitir que el artículo 32 muestra materia para la posible inconstitucionalidad de la ley. Sin embargo, el Partido Popular se equivocará si convierte esta cuestión en una batalla política. Y es lo que va a hacer en el momento en que presente el recurso, transformar las críticas mesuradas y los reparos moderados en una confrontación abierta e inevitablemente agresiva. Fundamentalmente, con los homosexuales. Y el discurso popular del respeto a las EDURNE uniones homosexuales va a dejar de entenURIARTE derse inmediatamente. Porque, no nos engañemos, nadie va a interpretar esto en clave de purismo constitucional, sino de derechos de los homosexuales. Y una cosa es que a los votantes populares no les entusiasme el matrimonio homosexual, y otra que quieran ir tan lejos en su rechazo. Entre ambas posiciones hay una gran distancia, una distancia que no se corresponde con la actitud mayoritaria de la derecha española. Esa actitud circunscribe debates morales y religiosos como éste al ámbito privado. En el ámbito público, se vuelven incómodos y contraproducentes. RAZÓN Y COHERENCIA M E L PP debe presentar recurso de inconstitucionalidad contra la reforma del Código Civil que legaliza el matrimonio entre personas del mismo sexo. En primer lugar, por pura coherencia, pues se opuso a la medida y defendió su inconstitucionalidad. Además, tiene razón. La reforma no concede derechos a quienes no los poseían, sino que destruye la concepción vigente del matrimonio. Antes de ella, no había discriminación, pues podían casarse todas las personas siempre que lo hicieran con otras de distinto sexo. Tampoco se puede invocar en su favor a la democracia. ¿Es que no lo son el Reino Unido, Suecia, I. SÁNCHEZ Dinamarca y tantos otros países que no CÁMARA reconocen el matrimonio homosexual? Hay que distinguir entre los homosexuales y los grupos activistas que pretenden hablar en nombre de todos ellos. Por lo demás, la Constitución afirma que el hombre y la mujer pueden contraer matrimonio, distinción que no efectúa cuando se trata del resto de los derechos. Intentar ganar votos en detrimento de la coherencia y la fidelidad a los propios principios es un grave error. Presentando el recurso, el PP salvaguarda la coherencia y defiende la razón que le asiste. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate