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6 Opinión MIÉRCOLES 21 9 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA MICHAEL D. J. MORGAN UNIVERSIDAD DE YALE LA ESTRELLA ESTRELLADA OS proyectos que suele anunciarnos José Luis Rodríguez Zapatero, gran vendedor de su propia e imaginada figura de estadista, suelen ser como la fruta de la fábula de Esopo, La zorra y las uvas: están verdes. Ignoro si es su magisterio el que impulsa el mismo comportamiento a sus ministros y ministras o si, por el contrario, el presidente del Gobierno es una síntesis fiel de lo que piensa y predica su equipo de talentos escasos. Ahora, dice Zapatero que las políticas de educación serán la estrella de los Presupuestos de 2006, y subraya que tan significativa partida crecerá el doble que la media de los demás rubros de las cuentas públicas. M. MARTÍN Debiera el presidente, FERRAND tan amigo de los comités de sabios que le desbrocen el campo, que no limpian sus titulares departamentales, crear uno específico para conocer, en profundidad, la raíz del problema educativo español. Está muy bien que, a pocos años vista, el Gobierno comprometa 300.000 nuevas plazas escolares gratuitas o que anuncie 40.000 nuevas becas en las enseñanzas media y superior; pero no será ese, el cuantitativo, el gran remedio que el mal demanda. Aquí el reto no es lo que dice Zapatero, que sean más los alumnos que terminen el bachillerato. Preferible será que, sean los que fueren, resulten mejores bachilleres, que sus conocimientos sean más hondos, su formación más sólida y que su tránsito académico no lo sea como consecuencia de una obligación, sino como la realización de un deseo sinceramente sentido de saber. Dando por sentado que los españoles, incluso los separatistas, no somos ni más listos ni más tontos que la media de los europeos que nos circundan, y vistas las tablas de los resultados docentes en unos y otros países, no nos queda más remedio que concluir que aquí el mal está en el sistema educativo que, para mayor perversión, se envuelve en un generalizado sentir popular en el que la demanda no establece el conocimiento como valor prioritario y que, atacado por el síndrome hedonista, más confiado en la suerte que en los frutos del esfuerzo y carente de vigor, entiende el estudio como una carga y la exigencia académica como una forma de tortura. El cacareado fracaso escolar, síntoma de la principal enfermedad que padecemos, es el fruto que genera una normativa absurda en la que se convierte un derecho incuestionable, el de aprender, en una obligación ignorante de que la madre naturaleza, muy poco socialista ella, no comparte las teorías igualitarias que hoy empobrecen y disminuyen al Viejo Continente. Elevar el presupuesto de Educación no será una medida eficaz si, previamente, no se alcanza un pacto social, no político, sobre la idoneidad en la pretensión de la excelencia, con restricción del criterio igualitario a las oportunidades y nunca a los resultados. Inevitable y felizmente unos serán mejores que otros. L DE HELSINKI A BAGDAD Cuando se cumplen tres décadas de la firma del Acta de Helsinki, el autor analiza cómo esa rúbrica supuso un primer paso hacia la doctrina de Bush según la cual Occidente debería fomentar la democracia y los derechos humanos en todos los países E acaban de cumplir 30 años desde que una breve ceremonia celebrada en Helsinki abrió las puertas al final de la Guerra Fría y sembró las semillas intelectuales de la doctrina de Bush, el núcleo de la actual política exterior estadounidense. Los dirigentes de 35 países europeos y norteamericanos se reunieron en la capital finlandesa para firmar el Acta Final de Helsinki, producto de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa. Al contrario que en París en 1919 o en Yalta en 1945, pocos de los presentes en la sala de Finlandia el 1 de agosto de 1975 reconocieron que estuvieran siendo testigos de uno de los puntos de inflexión del siglo XX. Pero en los 16 años que siguieron, el Acta Final erosionó sistemáticamente la legitimidad de los gobiernos comunistas de Europa del Este y ayudó a catalizar su colapso definitivo. Demostró que las palabras pueden, en efecto, ser armas. Irónicamente, la propuesta de la Conferencia procedió de Moscú, que confiaba en legitimar sus regímenes comunistas satélites, atrincherar el statu quo territorial, y expulsar a las tropas estadounidenses del continente. Los norteamericanos y los europeos occidentales aceptaron la invitación y, mediante la unión y la paciencia, desgastaron lentamente a los comunistas. Al hacerlo, convirtieron lo que podría haber sido una fácil victoria soviética en un triunfo para los ideales occidentales, especialmente los derechos humanos. Hicieron falta miles de horas de negociaciones duras y complicadas y casi tres años para negociar el Acta Final, que cubría prácticamente todos los aspectos de los asuntos internacionales. El Pacto de Varsovia hizo gran hincapié en la S seguridad y en las cuestiones militares, con la pretensión de que se hiciera una declaración clara de que las fronteras de Europa permanecerían fijas para siempre- -consolidando asíla división de Alemaniay la anexión soviética de las repúblicas bálticas- -y una afirmación de la doctrina de Breznev, que sostenía que la Unión Soviética tenía derecho a usar la fuerza para evitar el derrocamiento del comunismo en cualquier parte de Europa Oriental, como en Checoslovaquia en 1968. Presentando un frente unido, Occidente se opuso a estas propuestas e insistió en que no habría trato a no ser que los comunistas prometieran respetar los derechos humanos de sus ciudadanos. Decididos a que su conferencia culminara con éxito, los soviéticos no tuvieron más remedio que aceptar. No vieron lo importante que era esta decisión. En dos aspectos importantes el Acta Final era casi revolucionaria. Era la primera vez que los derechos humanos se aceptaban como tema legítimo de negociación internacional. Fue una prueba concreta de lo que Michael Ignatieff ha denominado la revolución de los derechos del siglo XX, en la que los derechos humanos se transformaron de idea abstracta en fuerza política fundamental para la identidad y el gobierno occidentales. El Acta Final ponía en entredicho la doctrina de la soberanía absoluta, que había constituido el cimiento del sistema internacional durante más de dos siglos, y presentó a cambio la nueva idea de soberanía restringida. Antes de las negociaciones de Helsinki, los soviéticos habían -El Gobierno central dará el visto bueno a cualquier opa que venga aprobada por el tripartito de Cataluña.