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50 Sociedad LUNES 19 9 2005 ABC La llegada de tres niños inmigrantes permite al pueblo de Gotarrendura (Ávila) reabrir su colegio, cerrado durante trece años. El renacimiento de esta escuela se ha conseguido gracias a niños bolivianos y rumanos Escuelas rurales con acento extranjero TEXTO: PATRICIA GARCÍA ROBLEDO FOTO: M. MARTÍN ÁVILA. Trece años después de su cierre, la escuela de Gotarrendura, una localidad abulense de 180 habitantes situada a las puertas de la comarca de La Moraña, ha reabierto sus puertas gracias a la inmigración. El establecimiento de una familia boliviana en el pueblo gracias a la cesión de una vivienda por parte del ayuntamiento ha hecho viable la creación de una escuela rural, en la que más de la mitad de los niños en edad escolar proceden de otros países. Las madres, Virginia y Jacqueline, acompañan a sus hijos hasta la puerta de las remozadas escuelas, anejas al antiguo edificio del ayuntamiento. Junto a ellas, caminan sus retoños, Ana Alba y Víctor, quienes aún no han cumplido dos años y que en el próximo curso podrán acudir al colegio junto con otro compañero más de la misma edad que también reside en Gotarrendura. Jacqueline Roca, de 30 años y embarazada de ocho meses, y su marido, José Luis Garzón, de 33 años, son el matrimonio boliviano que vive, desde el pasado 1 de agosto, en la casa construida expresamente por el consistorio para albergar a una familia con hijos en edad escolar que permitiera reabrir la escuela, dando vida al municipio y evitando la marcha de los pocos matrimonios jóvenes con descendencia. Los alumnos, con su profesora, en el colegio de Gotarrendura Esta circunstancia forma parte del plan de trabajo de la joven profesora de la escuela de Gotarrendura, Paula Guerra. Así, los pequeños realizarán a lo largo del curso escolar varias actividades relacionadas con la socialización, incluyendo convivencias con otros centros escolares de la provincia e incluso una estancia de siete días en el complejo de ocio Naturávila de la Diputación Provincial de Ávila. La maestra está encantada con el reto de educar a cinco niños de edades diferentes y de procedencias muy diversas, algo que también se ha tenido en cuenta para programar acciones educativas relacionadas con la integración y la tolerancia. Los niños se esmientras controla a sus alumnos, que han comenzado a colorear las casillas del horario de clases que acaban de entregarles. Los alumnos cuentan con jornada continua, de 9 a 14 horas, que complementan por las tardes con actividades como karate, expresividad musical o recuperación de tradiciones, materia dedicada, entre otras artes, a la realización de jabón o de vino. Sin embargo, todos los niños coinciden en señalar que lo que más les gusta de su escuela es que, por fin, está en Gotarrendura. Y permanecerá abierta al menos hasta dentro de diez años, tiempo en que el alumnado- -gracias a la inmigración- -está asegurado. Tres hijos y un cuarto en camino Con sus tres hijos, Luis José, de once años, César Jonathan, de diez, y Ana Alba, de 15 meses- -además de la niña que nacerá a primeros de noviembre- se han convertido en la suma necesaria para poner en marcha de nuevo la escuela. Gracias a ellos, también Andy Gurgu, un niño de nueve años y de origen rumano que reside en Gotarrendura y acudía el pasado año a clase en Riocabado, y los hermanos Sandra y Jonatan, de diez y nueve años, quienes vivían durante la semana con sus abuelos en Peñalba de Ávila, donde recibían clase, pueden disfrutar de la escuela en su localidad de residencia. El padre de los niños bolivianos considera muy positivo que tan sólo cinco niños- -el número mínimo para poder contar con colegio- -acudan a clase, porque considera que la educación será más personalizada a pesar de que comparten aula niños de 4 5 y 6 de Primaria. Virginia Gutiérrez, de 32 años, considera un privilegio contar de nuevo con un centro escolar en el que poder educar a sus hijos sin necesidad de desplazarse a los colegios de otros municipios, mediante el transporte escolar o llevándolos a diario en su propio coche. El único inconveniente que ve es que los pocos niños del pueblo se relacionan ahora sólo entre sí sin conocer a otros chavales de su edad. Los alumnos tienen cinco horas de clase por las mañanas, y por las tardes, actividades extraescolares tán adaptando muy bien aseguró, y las relaciones entre ellos son buenas Paula Guerra se ha mostrado maravillada por el empeño del pueblo en sacar adelante la escuela, así como por las dotaciones de material e instalaciones logradas para este curso. La gente del pueblo ofrece su ayuda, están tan ilusionados con la escuela que contagian su ilusión asegura, El empeño de un alcalde por dotar de futuro a su pueblo El alcalde de Gotarrendura, Fernando Martín, tiene un solo objetivo en su mandato: evitar que el pueblo desaparezca y dotarle de vida para convertirlo en un hogar atractivo para sus vecinos y en foco de atracción para futuros habitantes. Así, a las iniciativas de crear un albergue para peregrinos del Camino de Santiago de Levante o la creación de una asociación de mujeres rurales, se suma la construcción de una vivienda municipal destinada en exclusiva a familias con hijos en edad escolar. Martín estaba decidido a reabrir la escuela, una infraestructura educativa esencial para evitar la marcha de los matrimonios jóvenes y para atraer a nuevas familias. A través de Cáritas Diocesana y del Grupo de Acción Local Adrimo, encargado de gestionar los fondos Proder para el desarrollo rural en la comarca, Fernando Martín consiguió por fin dar la forma deseada al proyecto. El Consistorio de Gotarrendura invirtió 113.000 euros para levantar y amueblar la casa, financiados en un 50 por ciento por el ayuntamiento, y el otro 50 por ciento restante, mediante el programa europeo Proder. Fue la Iglesia Evangélica Cristiana de Ávila la que se puso en contacto con una familia boliviana que vivía en Soria desde hace dos años, que se mostró dispuesta a trasladarse con sus tres hijos a Gotarrendura, ya que el ayuntamiento les cedía durante dos años una casa y se comprometía a buscar trabajo al padre. En ella vivirá esta familia durante los próximos dos años. Después la cederán a otras familias con niños para poder mantener la escuela.