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48 LUNES 19 9 2005 ABC Sociedad LOS MAYORES EN LAS RESIDENCIAS Guillermina. 79 años Nueve años en la residencia pública Estoy contenta desde el primer día que llegué. En la residencia incluso me he enamorado. En cuanto le vi ya me llamó la atención y estuvimos un año como novios. Pensamos en casarnos y todo, pero al final murió. Fue un año precioso el que estuve con él Ana María. 86 años Un año en la residencia privada Lo más importante para mí es que si te pasa algo tienes enseguida a un médico o a alguien que te atienda. Yo he venido a la residencia porque he querido, y no quiero marcharme porque esta es mi casa y la gente ya es casi como de mi familia. No me arrepiento de nada Francisco. 86 años Tres meses en la residencia pública Me viene muy bien la terapia ocupacional. Estoy tan bien que el resto me tienen envidia. Tengo 86 años y todavía me gustan todas las mujeres. Además, mantengo una memoria tan buena que le podría decir de memoria todos los partidos judiciales de España Gustavo. 82 años Dos años en la residencia privada El servicio médico que te dan es tan indispensable que a mí me ha salvado la vida. Mi habitación es mi casa porque he venido voluntaria e indefinidamente. Además, ahora uso internet para comprar y hacer las cosas del banco. Es el mejor medio de comunicación que he visto Sólo uno de cada siete mayores dependientes tiene plaza en las residencias públicas El precio está entre 1.200 y 2.400 euros al mes, mientras que la pensión media es de 690 b La lista de espera para conse- guir una plaza pública aumenta cada año y muchos mayores tienen que vender su casa para pagar los gastos de su cuidado VÍCTOR M. OSORIO MADRID. En España hay más de un millón y medio de personas dependientes mayores de 65 años, mientras que sólo existen unas 200.000 camas públicas en las residencias (una para cada 7,5) El resultado de la ecuación es inmediato: más demanda que oferta, unas listas de espera cada vez más grandes y la necesidad en muchos casos de acudir al sector privado pese al gasto que supone pagar una plaza. En total, los 4.888 centros residenciales que existían en 2004 en España ofrecían 266.392 plazas, sumando los públicos y los privados. La cifra supone sólo 3,66 plazas por cada cien habitantes de 65 o más años. Pero hay más. El precio medio de cada una de esas plazas se sitúa en 1.200 euros al mes para personas no dependientes y 1.300 euros para personas dependientes en los centros públicos. En los centros privados, los precios varían desde los 1.200 euros mensuales hasta más de 2.400. Y los ancianos españoles tienen que hacer frente a estos gastos con una pensión media de 690 euros mensuales. Los servicios que se ofrecen como solución parecen insuficientes. Unidos al bajo número en las plazas residenciales, los servicios de ayuda a domicilio y de teleasistencia tan sólo cubren al 5,19 por ciento de la población ma- yor de 65 años (algo más de 377.000 personas) y la cobertura de los centros de día (lugares a los que pueden ir los mayores para ser atendidos, pero sólo durante el día) es incluso menor. La única puerta abierta para muchos mayores acaba siendo vender sus casas para hacer frente a los gastos de su cuidado en residencias privadas. Estos centros presentan dos extremos, lejos de los estándares que tienen los públicos: el lujo o las malas condiciones, las residencias que parecen hoteles de cinco estrellas o las que no tienen medios adecuados para cuidar a los ancianos. El ejemplo más dramático de este segundo tipo de centros apareció hace una semana en Valencia, donde dos mujeres sometían a un trato vejatorio a los enfermos mentales que tenían a su cargo en uno de los llamados pisos de los horrores Sala de ocio para los mayores en la residencia pública Carabanchel Del lujo al esfuerzo del día a día De suites, conciertos de piano, un gimnasio espectacular y habitaciones totalmente equipadas (la residencia hecha hotel) a pequeños detalles, un baño para cada dos personas y una cafetería de la que nadie quiere la concesión. Esa es la distancia entre la residencia privada Ballesol Príncipe de Vergara y la pública Carabanchel de Madrid. Ambas dignas y totalmente atendidas, pero con conceptos diferentes. La pública tiene sus 77 plazas ocupadas por residentes que necesitan estar continuamente asistidos. Por eso el número de trabajadores es mayor que el de mayores, 92 por 77. Al principio ésta es la segunda casa de los mayores, pero acaba siendo la primera. Preten- Cada anciano tiene un lugar para comer, donde están su foto y su dieta