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54 Los domingos DOMINGO 18 9 2005 ABC ALEMANES ENTRE NOSOTROS España El land número 17 Los alemanes residentes en España, decenas de miles de ciudadanos, contemplan desde la distancia los comicios de hoy en su país. Éstas son sus reflexiones POR BLANCA TORQUEMADA FOTOS: DANIEL G. LÓPEZ nsere Inseln o sea, nuestras islas es expresión que llegaron a acuñar los medios de comunicación alemanes a lo largo de los noventa con una cierta retranca expansionista. En España las opiniones eran igual de concisas pero no menos elocuentes: ¡Se están comprando Mallorca! A lomos del marco, claro. De entonces ha quedado muy asentado un poso de lugares comunes sobre esos ciudadanos que se instalan en nuestro litoral, se beben a tragos largos nuestro sol implacable y colonizan de forma silenciosa, ensimismada y endogámica sus rincones preferidos. Tanto que la Alemania que hoy acude a las urnas ha interiorizado que en Baleares (y, casi en la misma proporción, en Canarias o en el litoral mediterráneo de la península) está el land número 17. ¿Un territorio virtual de la Bundesrepublik arrimado a un clima bonancible o un ámbito mucho más diverso y heterogéneo de lo que dictan los tópicos? Los alemanes que viven en España son mu- U chos, sí, pero ¿cuántos? Es imposible dar una cifra exacta, porque en nuestro país no se les exige empadronarse y porque a menudo (sobre todo los jubilados) son residentes de temporada. Los cálculos más fiables cifran en medio millón el número de germanos que pasan más de tres meses al año en España y que no caben en el mismo saco que los millones de turistas teutones que se remojan en nuestras costas. Ya ni compran ni gastan En sus zonas de presencia e influencia, sobre el terreno, muchas ideas preconcebidas se vienen abajo. Un paseo por los soportales céntricos de Palma de Mallorca con Hans von Rotenhan, abogado de origen bávaro con despacho en la ciudad, aclara algunos puntos: Los alemanes lo compraban aquí todo, sí, pero ya no compran nada. No es que ahora no tengan dinero, es que no lo gastan. Cuando se aproximaba la implantación del euro muchos vinieron aquí a blanquear sus marcos. Como locos. Pero eso se ha acaba- do. Yo a finales de los noventa gestionaba hasta cien operaciones de compraventa de inmuebles al año, y en 2004 sólo cuatro... Explica que, aunque son multitud (se estima que más de 90.000 en Baleares) carecen, en general, de sentimiento de grupo: El alemán que viene en edad de trabajar a menudo busca romper con algo. Un cambio radical de vida, después de un problema con la justicia, de una quiebra, de un divorcio... Por eso huye de una vida gregaria con otros alemanes Von Rotenhan, nacido en el seno de una acomodada y aristocrática familia del norte de Baviera, llegó a Ibiza en 1978 atraído por el ambiente bohemio y hippy de la isla. Era un paraíso- -evoca- Allí puse una tienda de botas. Estuve catorce años No ha vuelto a Alemania. Lleva trece años en Mallorca, adonde se trasladó cuando ya no encontrábamos los colegios adecuados para que mis hijos siguieran sus estudios Su integración fue progresiva, aunque no cómoda, por la dificultad inicial del idioma, hasta que en 1996 se hizo español. Exhibe con orgullo el DNI, aunque confiesa que sus padres no lo entienden. Pero yo nací en 1951, soy de una generación demasiado cercana a la gue- Benedicta von Lebetzow. Dirige la Escuela Alemana del Puerto de la Cruz (Tenerife) fundada hace casi cuatro décadas por su madre. Llegó con quince años a España y no puede votar en su país, pero le preocupa la situación de Alemania. Explica que los recortes en Educación repercuten en su colegio. Joachim Zeisel. Dejó un brillante puesto en un despacho de ingenieros de Berlín para trasladarse a Tenerife con su familia. Ha dado un giro radical a su vida y ahora fabrica cerveza artesanal en el restaurante que ha montado en el norte de la isla. Ha votado a los Verdes. Peter Wagner. Instalaba suelos en Fráncfort, pero ya no podía competir con las grandes superficies del bricolaje. Desde hace tres años trabaja en Tenerife como jardinero para particulares. Está satisfecho con el cambio, porque dice que cuando acaba su jornada se siente de vacaciones. No ha votado.