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ABC DOMINGO 18 9 2005 29 Las víctimas del Katrina siguen sin recibir ayuda del Gobierno tres semanas después de la catástrofe Ariel Sharón amenaza con torpedear las próximas elecciones palestinas si el movimiento Hamás no es desarmado DESHOJANDO UNA MUSTIA FLOR JOSÉ MANUEL COSTA AP víctimas y quien diga más la verdad. Esto a dilucidar entre las estimadas seis piscinas olímpicas de cerveza que se beberán los pantagruélicos asistentes a este 172 Oktobertst. Una victoria opositora vería llegar en la misma jugada, por primera vez, a una mujer a la cúspide de la primera potencia de la UE y tercera economía del mundo. Siete años de centro- izquierda han anotado en su haber un paulatino declive económico, pero también la introducción del primer paquete de reformas globales, con el fin de responder al asedio de las nuevas economías y de una pirámide de población que amenaza con colapsar el Estado del bienestar. El canciller Schröder y su lugarteniente verde, Joschka Fischer, han de- finido una nueva imagen de Alemania, ante sí misma y ante el mundo, pero en el último período parecieron flaquear en estímulo, ideas y popularidad. Angela Merkel, la discípula de Helmut Kohl que, sin embargo, tuvo el arrojo de precipitar su salida, es además la primera candidata de la antigua RDA en aspirar al más alto puesto. Aunque la democristiana no es percibida en el Este como muy local, ni entre las mujeres como una nítida representante, no es difícil pensar que su irrupción afectará definitivamente las líneas de demarcación entre las Alemanias, los géneros y las políticas. Su problema, como el de Schröder, es que lo que un 10,5 por ciento de ciudadanos espera es apenas, y ni más ni menos, que un puesto de trabajo. sto que siento a mi alrededor, ¿es la partida de nervios que anuncian los diarios? ¿O se trata más bien una resignación expectante? La verdad, resulta complicado registrar entusiasmo entre los votantes democristiano- liberales ante la posibilidad de volver al poder. De la misma manera, tampoco se percibe una gran alarma entre los votantes socialdemócratas ante la posibilidad de perderlo. Exceptuando, claro está, a los políticos pertenecientes a ambos partidos. El sentimiento que rezuma el votante miserere y a veces trasluce en alguno de los mil artículos macropolíticos publicados estos días, es el de una esperanza negativa. Es decir, esperar que lo otro no suceda, que Angela Merkel no gane, que Gerhard Schröder no se mantenga en el cargo. Pero como deseando no tener nada que ver con ello, pensando en el fondo que, de todas formas, les van a tomar el pelo. No es para menos. En lo tocante a la economía, tema central de esta campaña, nadie puede asegurar qué hará un nuevo Gobierno. El actual ministro de Hacienda, Hans Eichel, un hombre con una nariz mas larga que la de Pinocho y la competencia macroeconómica de un contable de supermercado. Frente a el, Paul Kirchhof, que sería ministro de Hacienda para llevar a cabo un programa mucho menos dramático y radical de lo que él mismo había anunciado. Y es que tras bastantes rifirrafes, el catedrático y antiguo juez federal de creencias ultra liberales, se ha visto obligado a plegarse ante un programa de partido que no escribió. No se sabe lo que hará. No se sabe, porque no se recuerda una campaña más paupérrima en argumentos, más centrada en unos pocos leit motiv generalistas (más empleo, menos impuestos, más soli- E No se recuerda una campaña más paupérrima en argumentos y centrada en generalidades daridad, menos intervenciones militares, más crecimiento económico... unos carteles lamentables- -conceptual y estéticamente- -una falta tan absoluta de imaginación y pasión. Un manto de gris y amedrentada mediocridad ha cubierto el antes fértil campo del debate político alemán. Por momentos da la impresión de que los alemanes contemplan este espectáculo y se asustan ante la posibilidad de que la vulgaridad del Olimpo político no sea más que un reflejo de ellos mismos. Y sin embargo... es difícil encontrar a alguien que no crea en la necesidad de cambios y no esté dispuesto a poner su grano de arena y sacrificio para llevarlos a cabo. Simplemente es que no se fían de la competencia de estos políticos, no entienden por qué la discusión se establece únicamente entre modelo anglosajón y modelo centroeuropeo, cuando existen experiencias de reformas social- liberales como las escandinavas, posiblemente más cercanas a esta sociedad... Lamentablemente, los partidos menores- -Verdes, Liberales y ahora Izquierda- que antes solían ofrecer ideas sugerentes (aunque quizás irrealizables) y una visión alternativa de la vida, se han sumado a la corriente de la banalidad y sus proclamas resultan casi más aburridas que las de los grandes partidos. Y el alemán se pregunta: ¿Qué he hecho yo para merecer esto?