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28 DOMINGO 18 9 2005 ABC Internacional Ligera ventaja de Merkel y los liberales frente a Schröder y Los Verdes El 20 por ciento de indecisos dispara la incertidumbre en las elecciones alemanas de hoy b La efervescencia política germa- na contrasta con el desaliento ciudadano; las encuestas son de lo más ajustadas, pero en la opinión pública reina el escepticismo RAMIRO VILLAPADIERNA CORRESPONSAL BERLÍN. Cerca de un 20 por ciento de indecisos a veinticuatro horas de las elecciones justificaban el frenesí con que los partidos alemanes concluyeron ayer sus campañas electorales, el mayor porcentaje de voto no decidido que recuerdan las agencias demoscópicas. La ventaja para la participación democrática sería, según sondeos de opinión, que la efervescencia desate una asistencia masiva. La agresiva caza de votos final desatada por el Partido Socialdemócrata (SPD) está causando inseguridad a una Unión Democristiana que ha visto disminuir su ventaja, de casi 20 puntos a poco más de siete. Los observadores anotan que la matemática electoral podría hacer que un mínimo giro del vo- to indeciso de última hora diera al traste con la mayoría necesaria para una coalición conservadora- liberal que sustituyera al gobierno saliente de socialdemócratas y verdes. El grueso del voto de protesta que canalice la nueva fuerza electoral de izquierda revisionista es la gran incógnita. La última encuesta del Instituto Allensbach ofrece a la Unión Democristiana (CDU- CSU) y a sus socios liberales del FDP, un 49,5 por ciento combinado, lo que supone una ligera mayoría absoluta en el sistema electoral alemán. La presente coalición de gobierno obtendría un 32,5 por ciento, para el SPD, y un 7 por ciento para Los Verdes, con una suma de 39,5. A lo que podría agregarse un 8,5 por ciento de La Izquierda- PDS, de los socialistas y ex comunistas, que pueden hacer un frente de un 48 por ciento. Allensbach cuadra más o menos con el sondeo anterior de Forsa, que ofrece a un gobierno de Merkel un total estimado de entre un 48 y un 51 por ciento. También los asistentes al brutal Oktoberfest de la cerveza, inaugurado ayer en Múnich, encaran hoy la difícil- Schröder saludaba ayer a sus simpatizantes en un mitin electoral en Recklinghausen Los partidos políticos concluyen su campaña con el frenesí provocado por los inciertos pronósticos de las encuestas mente sobria decisión entre más Schröder o probar con Merkel, entre seguir avanzando en la dolorosa reforma de las garantías sociales conquistadas o acelerar hacia una cura integral que relance el sistema, la economía y el empleo. Como escribe el Neue Zürcher Zeitung, entre quien exija menos BERLÍN. Se puede llamar elitista, pero hacen algo: los Henokiens es un club que exige 200 años de tradición empresarial como condición de ingreso, ahí donde otros exigirían tal cantidad en millones o aún en años de sangre probada. Resulta encomiable la industriosidad centroeuropea a lo largo de los siglos, la necesidad de crear, ejecutar y desarrollar: del Báltico a la Bética se los llevaban por una laboriosidad que, en realidad, precedía al tópico protestante weberiano. La semana pasada se reunía en Witten, ese cruce del Ruhr entre el trabajo, el progreso y la nobleza: la aristocracia industrial. Estaba la cervecera Weihenstephan, fechada desde 1040; la farmacéutica Merck, fundada en 1668; el Berenberg Bank, de 1590; la cristalera Poschinger, de 1568; las poleas y grúas industriales de J. D. Neuhaus, desde 1745. Junto a ellos, Codorníu, y otras veteranas firmas francesas e italianas. Una expresión local invita a hacer poleas de viejos hierros y el economista del desarrollo Joseph Schumpeter elogiaba la destrucción creadora de Los orientales han imitado todo lo alemán y ahora se lo revenden... o compran sus empresas. Es como si se estuviera perdiendo la vieja aristocracia industrial Tradición de progreso R. VILLAPADIERNA la economía. El inventor ostentaría el monopolio, hasta que llega el imitador y lo destruye o lo fuerza a renovarse. O a apañarse con el poder para exlcuir la competencia: banqueros y empresarios lo intentan gustosamente. Hasta con Hitler como Karl Rasche, del Dresdner Bank, Emil von Strauss, Hermann Abs o Krupp, como revela el libro Die Bankiers und die Nazis Siguiendo a Schumpeter, los orientales han imitado todo lo alemán y ahora se lo venden; o compran sus empresas. Por resultado de todo, la empresa alemana tiene hoy una antigüedad media de 18 años. Sólo un 1,4 por ciento de las mismas tiene más de cien años, y sólo cinco están en los Henokiens Hoy el coste de trabajo alemán es- -a 29 euros la hora- -el más alto del mundo (en España es sólo de 15,5 euros la hora) al igual que sus cargas salariales, de las que un 51 por ciento (en España, el 37) son gravámenes. La empresa soporta un 10 por ciento menos de burocracia que en Francia, pero un 20 por ciento más que en España, y sus empleados trabajan 1.467 horas al año, frente a 1.816 en España y Estados Unidos. Las flaquezas, según convienen los análisis, yacen en la inflexibilidad la- boral, baja natalidad y envejecimiento, estado social desbordado, sistema fiscal kafkiano, estado federal complejo y un pesimismo anímico. Pero su indiscutible fortaleza está en su alta productividad, gran capital humano, potencia exportadora, paz social, infraestructura viaria e investigación e innovación. El récord mundial de patentes lo demuestra. Pero que la mayoría no se ejecuten revela su desequilibrio. El moravo Schumpeter también teorizó los ciclos económicos, aunque algunos no cuajan sin romper unos cuantos huevos. Otros políticos intentan ir desplumando poco a poco a la gallina alemana sin que cacaree. Otra iniciativa empresarial pretendía ayer tarde en eBay, una alemana de 35 años: subastar por 10.000 euros a su hijo de cuatro meses. No es que esta transacción sea menos antigua que las de los Henokiens pero no deja de ser chocante en el corazón de la primera potencia europea, en la vieja Hannover, el feudo del canciller. Tal vez las mejores prestaciones económicas tampoco lo sean todo.