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ABC DOMINGO 18 9 2005 Nacional 19 ÁLVARO DELGADO- GAL EL CALÍGRAFO IMPENITENTE E l D. R. A. E. define calígrafo de la manera siguiente: Persona que escribe a mano con letra excelente Es obvio que un calígrafo no precisa saber qué significan las palabras que surten de su pluma. El fuerte del calígrafo son los gavilanes, los perfiles y los ringorrangos, no las ideas ni los conceptos. Pero yo quiero hablarles, en realidad, de política sanitaria. Dentro de un rato se verá qué pinta en todo esto la caligrafía. A mediados del mes de agosto, empezaron a sobrevolar noticias varias sobre lo que haría o no haría el Gobierno para frenar el déficit en sanidad. El interés público se centró en la Conferencia de Presidentes, foro donde habrían de ponerse, en teoría, los puntos sobre las íes. Por fin, el día diez, se reunió la Conferencia, en circunstancias verdaderamente estupefacientes. Los presidentes autonómicos acudieron a la cita como Dios los trajo al mundo. Quiero decir, sin más información que la meramente conjetural que había estado circulando en los medios de comunicación. La Conferencia fue un caos. Se prolongó dos horas más de lo previsto, y algunos presidentes, por razones de agenda, tomaron el camino de vuelta sin sentarse al banquete con que los festejaba el rey. Se supo que el Gobierno añadía algo más de mil quinientos millones de euros. Zapatero presentó el acuerdo como un éxito, en tanto que el PP eligió abstenerse en las votaciones, fórmula que transmitía descontento pero permitía a la vez no quedarse fuera del reparto. El martes, el Consejo de Política Fiscal y Financiera ratificó las cifras anunciadas tres días antes. El criterio de distribución entre territorios se encuentra aún por determinar. Nadie volverá sobre el asunto hasta que no trasciendan detalles sobre lo que toca a Cataluña o corresponde a Extremadura. Lo primero que llama la atención, es la desproporción dramática entre la atención que se ha prestado al asunto, y el importe objetivo de las decisiones adoptadas. Dado el volumen de la deuda sanitaria, las cifras que se han manejado son escasamente significativas. Ello autoriza una primera conclusión: la de que se ha estado haciendo un uso poco racional del tiempo. Pero cabe extraer conclusiones de más alcance. El crecimiento del déficit sanitario afecta a las finanzas del Estado y pone en riesgo, en el largo plazo, la sostenibilidad del sistema. Se conocen, a bulto, los factores que están inflando el gasto. Uno es viejo: el consumo farmacéutico. Los otros dos llevan operando desde hace menos tiempo. Tenemos, primero, una subida considerable en la remuneración del personal, que las CCAA fijan individualmente y que pa- Los presidentes autonómicos acudieron a la cita como Dios los trajo al mundo. Quiero decir, sin más información que la meramente conjetural que había estado circulando en los medios Sabemos cuál es la propina del Gobierno, pero nada más. Peor todavía: creemos saber que ha habido debate. Todo lo que se saca en limpio es una comunicación triunfalista y varios titulares rece haber entrado en un ciclo incontrolable de emulación recíproca. A ello se añade, en segundo lugar, el impacto de la inmigración y la propia liberalidad de las prestaciones españolas, de las que se están beneficiando incluso ciudadanos de la UE. Ponderar estos factores, y traducirlos en cifras, exige un trabajo sordo, largo, y reposado. El Consejo de Política Fiscal y Financiera es el organismo diseñado para llevarlo a cabo. En el Consejo se reúne, de un lado, el Gobierno, representado por los ministerios de Hacienda y Administraciones Públicas. Y del otro, los consejeros de las autonomías. El procedimiento para definir mayorías- -el Gobierno la mitad de los votos; las CCAA la otra mitad- importa menos que la propia deliberación, sujeta a pautas técnicas y muy ceñida a los números. Lo que acaba de ocurrir, en esencia, es que el debate sobre sanidad, que debería haberse verificado antes en el Consejo, para ser rematado, o resumido, o popularizado luego por la Conferencia, ha sido fagocitado por esta última. La verbena del sábado diez, concebida como un espectáculo puramente mediático, ha desviado las energías de su centro natural, y desplazado los acentos. Sabemos cuál es la propina del Gobierno, pero no sabemos en absoluto nada más. Peor todavía: creemos saber que ha habido un debate, siendo así que no ha habido ninguno. Se exprime la ubre, y todo lo que se saca en limpio es una comunicación triunfalista del presidente, y varios titulares de prensa. Recupero la figura del calígrafo. Zapatero es, a la gobernación, lo que el calígrafo a la literatura. El presidente- -ello ha podido apreciarse con claridad soberana con ocasión de la Conferencia- interpreta la política como una sucesión de gestos, de incursiones retóricas en la opinión. La envoltura de las cosas parece preocuparle bastante más que las cosas mismas. La resulta, es una creciente desorganización del aparato público, con repercusiones cuya intensidad iremos midiendo con el tiempo. No somos Suiza, por desgracia. Con Cataluña patas arriba, ETA con espacio político para maniobrar, y un territorio sujeto a tensiones crecientes, lo que menos necesita España es inventarse a sí misma cada día.