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ABC DOMINGO 18 9 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC UN KOIZUMI PARA ESPAÑA POR JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Es retrógrado, antiliberal e ineficiente que sea el poder político a través de las Cajas el impulsor de procesos empresariales que corresponden a la energía endógena de las sociedades bien estructuradas... Catalunya como nación y sus ciudadanos y ciudadanas hemos de obtener victorias constantes en bienestar y progreso. Una tras otra. Hacer que este progreso y bienestar se extiendan a todos los pueblos, las ciudades y los barrios del país es nuestra nueva frontera. Necesitamos una afirmación colectiva como país y la tendremos. Pasqual Maragall. Discurso de la Diada de 2005. J UNICHIRO Koizumi logró el pasado domingo una contundente victoria en las elecciones generales japonesas. El reelegido primer ministro nipón se presentó a los electores con una propuesta muy arriesgada: la de privatizar de forma gradual el mayor banco del mundo que es la Caja Postal japonesa que dispone de 2,5 billones de euros en activos. Los ciudadanos de la potencia asiática recompensaron con un apoyo mucho mayor del previsto al fotogénico Koizumi porque, según los analistas, valoraron de modo muy positivo que el Gobierno se desapoderase de un instrumento tan potente de intervención en la economía y, por lo tanto, de un mecanismo de dominación social opaco e incontrolable. En definitiva: Koizumi ha dado un paso de gigante en la liberalización económica en Japón que los electores han entendido como un ejercicio de autenticidad democrática. res- -son nombrados por el poder político, acaparen también, mediante sus carteras industriales, un enorme poder decisorio en sectores económicos estratégicos. Según informaciones solventes, las Cajas controlan el 6,5 por ciento del Ibex y, aquí viene la gran cuestión, la Caixa por sí sola, nada menos que el 4 por ciento. Si la tesis anterior parece poco refutable por su objetividad tampoco parece posible desmentir las adherencias políticas de la opa de Gas Natural sobre Endesa que serían compatibles con la coherencia empresarial y profesional con que la operación es presentada por sus impulsores. Parece obvio que entre la Caixa y la Generalitat de Cataluña y el Gobierno de la Nación no hay concertación para lanzar esta opa, pero es igualmente visible que esta iniciativa se inserta en una unidad de propósito político y social entre la Caixa y el actual Ejecutivo catalán. Ambos actores en este proceso- -que es económico, pero que es también social y político- -pretenden lo mismo: reforzar el protagonismo de Cataluña frente a una capitalidad tan potente como la de Madrid. En España sucede exactamente lo contrario: las administraciones públicas- -y en particular las locales y autonómicas- -y los partidos políticos intervienen indirecta pero eficazmente en el sistema económico- empresarial a través de las Cajas de Ahorros que representan la mitad de todo el sector financiero español. Estas entidades de naturaleza extrañamente privada pero de carácter social según pronunciamientos jurisprudenciales, y que han mutado de establecimientos de beneficencia a organismos financieros de crédito, se comportan con frecuencia como bancos autonómicos al servicio de estrategias que, aunque de naturaleza empresarial, pretenden evidentes objetivos políticos. Las Corporaciones Públicas, por un lado, según les habilita la ley, y la infiltración de los partidos políticos en la representación que corresponde a los impositores en los órganos de gobierno de las Cajas, por otro, dejan a estas entidades en manos de los poderes institucionales de las distintas autonomías. Y en este planteamiento no caben distinciones: izquierda y derecha, Partido Popular y Partido Socialista- -y por supuesto, CiU y PNV- -han demostrado una actitud igualmente reacia a cualquier liberalización. Y lo que es peor: han permitido que entidades que no cotizan en Bolsa, que no pueden ser compradas, que están sometidas a un régimen de estricta autorización administrativa en el desarrollo de su función y cuyos máximos responsables- -sin duda, la mayoría, excelentes gesto- Pasqual Maragall, que es muy transparente, no sólo lo dejó reflejado en el pacto de Gobierno que suscribió con ERC, sino que, mucho antes, lo propaló en los medios de comunicación. En febrero de 2001, el presidente de la Generalitat escribía con cierta dramatización que Madrid se va -es decir, que Barcelona perdía la popa a la capital- -para constatar dos años después, el 7 de julio de 2003, que Madrid se ha ido Un poco más tarde, Maragall sostenía que la verdad es que Catalunya ve lo que está sucediendo en Madrid con espanto, pero no con sorpresa. Madrid se ha separado de España el Madrid político actual ha dado la espalda a Espa- ña, se ha marchado, tiene la cabeza en otro lugar y va a tener que ser ignorado primero y redimido después por los pueblos de España que menciona la Constitución Maragall y Carod Rovira- -Pujol lo hizo de otra manera- -han apostado por crear una tensión creciente entre Madrid y Barcelona para polarizar en torno a esta competencia un debate que la capital catalana necesita después de haber perdido posiciones. La argumentación de que a la España radial le debe seguir la España en red, es decir, aquella que prescinda de la centralidad geográfica, política y económica de Madrid, ha comenzado a tomar cuerpo. Y no sólo con esta opa- -insisto, cuya racionalidad empresarial es compatible con sus indudables adherencias políticas- -sino también con otras medidas tan llamativas como el traslado a Barcelona, por decreto, de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones o con el desaforado planteamiento estatutario que en estos días se debate en el Parlamento autonómico y que trata de conformar un verdadero embrión de Estado independiente en el Principado. Esos son los actos de afirmación colectiva, como país que Maragall preconizaba el pasado día 11 de septiembre con motivo de la Diada. El problema está en determinar si esas afirmaciones colectivas tan épicas las configura el dinamismo de la propia sociedad catalana o es la Caixa la que sustituye el músculo social de la siempre admirable Barcelona. Y dicho esto para Cataluña, valdría predicarlo para otras comunidades porque es retrógrado, antiliberal e ineficiente que sea el poder político a través de las Cajas el impulsor de los procesos empresariales que corresponden a la energía endógena de las sociedades bien estructuradas. En esta operación, en consecuencia, es importante quién la protagoniza y es igualmente trascendente cómo se articula, es decir, mediante instrumentos competitivos- -las Cajas- -prepotentes en el mercado financiero tanto por su propia naturaleza como por la protección que recaban de poderes públicos de los que dependen. Si a este poder intervencionista de las comunidades autónomas ejercido a través de las entidades de ahorro, se superpone una tensión como la que existe entre Madrid y Barcelona y la crisis del proyecto nacional que hace que ambas ciudades representen alternativas ahora incompatibles, se alcanzará a sopesar correctamente el valor simbólico y efectivo de esta operación de concentración y deslocalización en el sector energético. Y también se comprenderá la invocación a un necesario Koizumi hispano que plantee al electorado la definitiva liberalización económica que, por lo que se ve, ha sido, hasta el momento, apenas un espejismo en España.