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82 SÁBADO 17 9 2005 ABC Deportes España arrasa a Serbia para abrir a lo grande el Europeo Un Navarro de otra galaxia arrastró a un equipo valiente y descarado DOMINGO PÉREZ NOVI SAD. No estaba Pau Gasol, pero sí el que ha sido su más fiel escudero en los últimos años, Juan Carlos Navarro. El escolta azulgrana fue el hombre determinante de la sensacional victoria de España sobre Serbia y Montenegro (70- 89) nada menos que la anfitriona de este Europeo. Con sus bombitas sus entradas, sus quiebros y su rebosante genialidad, Chiqui llevó a España a un triunfo que permite empezar a soñar con las medallas. España temía tres cosas de Serbia. Bueno, temer no, que los jugadores de esta selección hace mucho que no le tienen miedo a nada ni a nadie. Recelaban más bien de tres cuestiones: la probable salida en tromba de los locales, la altura descomunal de sus rivales (2,04 de media por 1,98 de los hispanos) y la presión del público y sus consecuencias en el arbitraje. La primera de las inquietudes la controló bien. Durmió el comienzo del partido. Lo enredó. Obligó a Bodiroga- -Jiménez y Vidal le maniataron- -y los suyos a jugar al paso. Tampoco es que le costara mucho encelarles en el ritmo lento porque hace tiempo que Dejan, fuera de forma y con mucha menos chispa que en su juventud, va al paso. El caso es que el marcador se aburrió en los primeros compases (3- 4 para España, m. 4) SERBIA Y MONTENEGRO ESPAÑA 70 89 Serbia y Montenegro (13+ 17+ 26+ 14) Jaric, Bodiroga (9) Gurovic (12) Milojevic (2) Rebraca (6) -cinco inicial- -Milicic (3) Avdalovic (2) Radmanovic (7) Rakocevic (20) Scepanovic (6) y Kristic (3) España (21+ 22+ 27+ 19) Calderón (17) Navarro (27) Jiménez, Garbajosa (5) Felipe Reyes (9) -cinco inicial- -Rudy Fernández (9) Vidal (7) De Miguel (14) Vázquez (1) y Cabezas. Cumplido el primer objetivo, que era neutralizar la supuesta rabia inicial de sus rivales, España pasó a ejecutar su segunda misión: nivelar de alguna forma la diferencia de centímetros. Gran trabajo en el rebote Para este trabajo, Mario Pesquera diseñó una doble estrategia: mover mucho el balón en ataque buscando las penetraciones de los bajitos y cerrar muy bien la defensa para que no hubiera rebote serbio. Fue una obra maestra. La velocidad de Navarro (14 puntos en el primer cuarto y 18 en el descanso) y el desparpajo de Rudy Fernández rompieron la cintura a los armarios yugoslavos. Cerca del aro propio la defensa de ayudas, cerrando muy bien las líneas de pase, el sacrificio de Garbajosa y los manotazos de De Miguel- -igualito que el legendario Pinone, que fuera su maestro- -dieron un fruto inmejorable. El marcador se vistió de rojigualda. Las diferencias no cesaron de aumentar. Los 10 arriba se alcanzaron a 23 segundos del final del cuarto inicial (11- 21) Los 14 de ventaja, a 1: 27 del descanso (27- 41) y al vestuario se fueron con 13 por delante (30- 43, m. 20) Quedaba lo más difícil, mantener a los aficionados locales en estado de letargo. Resultaba imprescindible que el tanteo siguiera claramente dominado. España controló la situación con veteranía. Aceptó el intercambio de encestes, pero sin permitir que Serbia cruzara la frontera de los diez puntos. Fue lo más arduo. Serbia se desató, pero como los buenos toreros España templó sus acometidas. Pasó por los 15 de ventaja (30- 45, m. 22) y cerró el tercer cuarto con un 56- 70. El partido estaba ganado. España estaba enorme, con De Miguel, inconmensurable, Calderón de NBA y Navarro... de otra galaxia. Un triple suyo (70- 85) una penetración del nuevo base de Toronto, un tapón de Garbajosa a Bodiroga y un palmeó de De Miguel sentenciaron un partido que acabó con el público coreando con olés a España y silbando a su equipo. EL RIVAL DE HOY Letonia, un buen ataque con un pobre rebote Hoy (17.30) España se enfrenta a una Letonia que no puede volver a fallar tras su tropiezo ante Israel. La ausencia de Kaspars Kambala, aquel rocoso y malencarado pívot que tuvo el Real Madrid, limita mucho el juego interior de los letones. Sin embargo, sus carencias bajo los aros quedan compensada por una brillante maquinaria ofensiva. Por fuera, el capitán, Roberts Stelmahers, y los hermanos Sandis y Kristaps Valters, hijos de un legendario base de la temible URSS, resultan diabólicos. Controlar el rebote y defender bien a los pequeños serán las claves para que España se imponga a una Letonia que en la fase de preparación logró meritorios triunfos sobre Italia, Grecia y Croacia. Su presencia en Novi Sad, en el mismo hotel que la selección española, ha creado una situación un tanto incómoda por el protagonismo que el pívot roba a los internacionales La incómoda sombra de Pau Gasol D. PÉREZ Vestíbulo del hotel Park de Novi Sad. Entran por la puerta giratoria dos jugadores españoles, da igual el nombre. Pasan casi desapercibidos. Nadie les para. Nadie les pregunta. Apenas un saludo con la cabeza de algún conocido. A pocos metros se encuentra Pau Gasol rodeado de periodistas, cámaras de televisión y fotógrafos. Situación extraña: los protagonistas, ignorados, y el ausente- presente perseguido por todos. La presencia de Gasol en Serbia y precisamente en el hotel de la selección resulta cuando menos incómoda. Ni él mismo tiene muy claro qué papel adoptar. El de uno más en la selección, el de un compañero de visita, el de periodista... Nadie critica su presencia abiertamente y menos aún los jugadores, pero por el entorno de los mismos circulan preguntas y rumores que hablan de una ligera incomodidad. Sobre todo cuando siguen sin estar muy claras las razones por las que el pívot no compite en el Europeo. No hay que olvidar que él ha sido el líder de esta selección en los últimos años y su ausencia no ha sentado nada bien en la Federación. Hay incluso quienes la ven como una pequeña traición. También los hay que no entienden que el jugador no haya podido vestirse la camiseta nacional, pero sí pueda agarrar, espléndidamente remunerado, los micrófonos para comentar en TVE- -sus patrocinadores andan encantados porque se le ve a todas horas en la pantalla- -y la pluma para escribir en un periódico deportivo. En fin, que el ambiente se en- cuentra algo enrarecido, aunque sin que salten las alarmas ya que en parte puede atribuirse a los nervios del inicio de la competición. Las versiones sobre las razones de su ausencia pululan y varían según quienes las esgriman. Él habla de un cúmulo de cuestiones: su última lesión, su renovación multimillonaria con los Grizzlies, las presiones de su club para que no jugara aquí y, por fin, las dificultades para conseguir un seguro que cubriera un posible contratiempo físico tan cerca del percance que sufrió hace unos meses en el pie. Desde la Federación insisten en que ellos han hecho todo lo humanamente posible para que Gasol estuviera en la pista y no sentado al borde la misma con unos cascos.