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56 Cultura SÁBADO 17 9 2005 ABC POP- ROCK Juanes Intérpretes: Juanes (voz y guitarra) Fernando Tobón y Juan Pablo Villamizar (guitarra) Emmanuel Briceño (teclados) Andrés Felipe Alzate (percusión) Pedro Felipe Navia (bajo) y Waldo Madera (batería) Lugar: Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Fecha: 15- 9- 05 CLÁSICA Septiembre sinfónico Obras de Kurt Weill. Int. Ana Belén, Miguel Ríos, Lluís Vidal Trio, Orquesta Nacional de España. Dir. Josep Pons. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 14- 9- 05 ALGO MÁS QUE LATINO PABLO MARTÍNEZ PITA WEILL CON LOS SUYOS ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE U n concierto como el de anoche posee una carga adicional de emotividad. Y es que una mayoría de los que se acercan a ver a un artista como Juanes son originarios de su propio país, y de esta forma convierten al protagonista de la velada en una especie de catalizador de su propia nostalgia por la tierra abandonada. Además, se trata de un músico que ha sabido reunir en sus canciones una delicada mezcla de pop de origen anglosajón con los ritmos cetroamericanos, esos que hacen mover las caderas a esta gente como sólo ellos saben hacerlo. Las altas temperaturas que sufría esa noche la capital culminaban la sensación tropical. Se agradece que haya un hueco en los Grammy latinos y en las listas de éxitos para gente que huye de los productos prefabricados, melodías facilonas y letras sonrojantes. Juanes ha sabido dotar al rock latino de una personalidad propia. A lomos de su tercer álbum en solitario, Mi sangre llevaba dos meses recorriendo la geografía hispana, pero sabe que la cita más importante es la de Madrid. Así que desde el principio se le notó muy motivado. La primera parte del repertorio voló a gran altura. Desde Sueños con la que abrió el concierto, hasta La camisa negra ofreció un recorrido muy aplaudido y bailado por los allí presentes. Después se combinaban momentos más o menos brillantes, pero siempre era capaz de recuperar el pulso con algún estribillo de esos pegadizos pero no pegajosos. De vez en cuando se dejaba llevar por la vena rockera y se marcaba algún alarde guitarrero. También hubo tiempo para la sensibilidad con el tema Tu guardián dedicado a sus dos hijas, y para la protesta por la situación del mundo con Qué pasa (por otro lado, no deja de resultar un tanto paradójico que los vídeos de imágenes duras de hambre y guerra se emitan en medio de un ambiente festivo) El estoicismo del escenario, la simpatía del cantante y sus ganas de agradar, demostraron que Juanes es una estrella (por ventas y premios obtenidos) cercana y que despierta simpatía, diferenciándose de esas otras que parecen vivir en otro mundo. Con A Dios le pido redondeó un recital que ni él ni los presentes olvidarán con facilidad. T Toni Cantó, Kiti Manver y Gerardo Malla en La retirada de Moscú MIREYA LÓPEZ TEATRO La retirada de Moscú Autor: William Nicholson. Versión: Nacho Artime. Dirección: Luis Olmos. Escenografía: Daniel Bianco. Vestuario: María Luisa Engel. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Intérpretes: Kiti Manver, Gerardo Malla y Toni Cantó. Lugar: Centro Cultural de la Villa. Madrid. PAISAJE DESPUÉS DE LA BATALLA JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN l británico William Nicholson es autor de teatro, novelas, poesía y guiones de cine y televisión; a los aficionados al séptimo arte les resultará familiar, entre otros trabajos, por su guión de Gladiator (2000) de David Lynch, galardonado con un Oscar, y por los que escribió para filmes como el basado en una pieza teatral propia, Tierras de penumbra (1993) Búho Gris (1999) ambos dirigidos por Richard Attenborough, o ese desvarío artúrico titulado El primer caballero (1995) de Jerry Zucker. Salvo error, se presenta ahora por primera vez en España uno de sus textos para la escena, La retirada de Moscú basado al parecer en experiencias autobiográficas, en concreto cómo vivió la dura separación de sus padres. Contra lo que pudiera esperarse de un asunto con semejante carga de desgarramiento sentimental y familiar, Nicholson no ofrece al respetable una amarga ensalada de peleas, desencuentros y desavenencias conyugales, sino que le sirve una comedia agridulce aliñada con la delicada salsa de la inteli- E gencia, irónica y tierna, honda y divertida, en la que reflexiona sobre la fragilidad de los sentimientos, el efecto erosionador de la rutina en las relaciones de pareja y la necesidad de superar los malos momentos. A Jaime, un treintañero que atraviesa una etapa de dificultades amorosas, su padre, Edward, le confiesa que ha tomado la determinación de abandonar a su madre, Alice, tras treinta y seis años de matrimonio, porque se ha enamorado de otra mujer. El hijo es, así, testigo sorprendido de la ruptura y confidente de ambos: el padre pretende un borrón y cuenta nueva, y la madre no acepta la nueva situación y alimenta un manso rencor depresivo mientras ambos emprenden la retirada de un campo de batalla en el que ella se siente víctima. Luis Olmos orquesta con seguro pulso y minuciosa batuta las hostilidades de esta exploración del crepúsculo de un amor, un paisaje después de la batalla estupendamente iluminado por Juan Gómez Cornejo, hábil administrador de apartes y penumbras. En el plano interpretativo, Toni Cantó, como Jaime, y Gerardo Malla, en el papel de Edward, efectúan un contenido trabajo de muy difíciles matices frente a la desbordante Alice de Kiti Manver, espléndida actriz que transita con autoridad y desenvoltura de la incredulidad desolada al cómico sarcasmo en el personaje estrella de esta función tan llena de humor como de resignada tristeza. Luis Olmos orquesta con seguro pulso y minuciosa batuta las hostilidades de esta exploración del crepúsculo de un amor ras la Noche americana llegó el Encuentro Los dos conciertos han formado parte del ciclo Septiembre sinfónico con el que la Orquesta Nacional de España ha querido prologar la temporada. Ambos confeccionados con ese espíritu de nueva cercanía que tan simpáticamente ilustra la imagen del director Josep Pons, en la portada del último de los programas de mano, donde aparece sentado sobre una luna creciente. También de proximidad a otros públicos. Efectivamente el Auditorio ha vuelto a llenarse de gente distinta, quizá poco habitual a los conciertos de abono, pero desde luego que sabía a qué iba, y que poco tiene que ver con esos oyentes de nuevo cuño con el que sueñan tantas instituciones que ven cómo día a día envejecen sus habituales. Así que con el ánimo de ensanchar horizontes la One, primero puso en el anzuelo la música de Barber, Gershwin, Copland y Bernstein, y ahora repite bajo el reclamo de los intérpretes. El Encuentro ha reunido a Ana Belén y Miguel Ríos con quienes, desde 1999, Josep Pons ha trabajado, rodado y grabado canciones de Kurt Weill. Así las cosas, era inevitable ciertos condicionantes como la amplificación, que es algo que ya se sabe que tiene mala solución en una sala afinada como la sinfónica del Auditorio. Luego otros de sesgo formal y que ya se conocían, como la traducción al castellano de muchos textos que, aun pudiendo ser lícito, obliga al oído a acostumbrarse a una vulgaridad que suena tosca. Quizá por ello pareció sonar distinta la difícil Speak Low que Ríos cantó en inglés junto al Lluís Vidal Trío, en un momento de recogimiento. Que posiblemente fue el más genuino en su intención, si es que cabe alguna autenticidad en un repertorio tan versionado y ante el que Belén y Ríos se complementan desde los extremos. Ella con su voz tersa, dibujada bajo un punto de frialdad y recta elegancia que a veces distancia pero que posee encanto y atractivo; él poniendo carne y acentos de rebeldía, además de recursos de oficio, por ejemplo en el juego con el micrófono, que más obvios y brillantes habrían resultado si el maestro Pons hubiera contenido algo más a una orquesta siempre muy sólida. Y pese a los detalles hubo emoción, buen ambiente y sintonía con todos los presentes. En otras palabras: público satisfecho.