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ABC SÁBADO 17 9 2005 51 Los Reyes inauguran en Barcelona el rascacielos- géiser de Agbar diseñado por Jean Nouvel Suecia celebra por todo lo alto el centenario del nacimiento de la actriz Greta Garbo ENTREVISTA Enrique González Macho Productor No está mal que se le pegue un aguijonazo al Ejecutivo O. L. BELATEGUI SAN SEBASTIÁN. Productor, distribuidor y exhibidor, premio Nacional de Cinematografía en 1997, pide tiempo para valorar la gestión del Gobierno, aunque admite que la carta de la Plataforma del Cine Español es un toque de atención ¿Hay motivos para el descontento en un año de legislatura? -Es prematuro para saberlo. Fabricar una película es un proceso que lleva dos y tres años; los estrenos actuales se han gestado en la época del PP. Aunque no está mal que se le pegue un aguijonazo al Gobierno actual y se le recuerde que hay unas promesas electorales pendientes. -Las dos medidas ya adoptadas, el incremento del Fondo de Protección y la ley que obliga a las televisiones a invertir el 5 por ciento de su volumen de negocio en cine europeo, ¿se están cumpliendo? -El Fondo de Protección ha quitado un tapón que impedía que dinero público llegara por ley al cine español; ha sido un balón de oxígeno. Pero las televisiones privadas siguen sin cumplir. -Quizá las medidas no sólo competan a Cultura, sino también a Industria y Hacienda. -Es necesario. Tecnológicamente, el sistema de explotación de las películas ha cambiado por completo. No tiene sentido que esas tecnologías estén en manos de un ministerio que aborda las formas pero no los contenidos. No vale de nada hablar de canales digitales si no se dice qué van a transmitir. ¿Para qué nos valen más televisiones si al cine español no le van a suponer nada? -Las últimas estadísticas de cuota de pantalla incluyen producciones españolas como El reino de los cielos y Sahara -Probablemente sea falsearlas. No es justo. Las estadísticas se deberían hacer por separado: películas íntegramente españolas y coproducciones. ¿Las vías de diálogo con el Gobierno siguen abiertas? -Sí y hay que potenciarlas. La carta es un toque de atención. Pero de ahí a descalificar toda una política... El actor Willem Dafoe, ayer a su llegada al Festival de San Sebastián TELEPRESS Empieza el baile por la Concha y, como muestra, un Winterbottom A cock and bull story un brillante y divertidísimo juego de espejos y cine muchas ganas la competición por la Concha de Oro con las películas de Winterbottom, A cock and bull story y de Zhang Yang, Girasol E. RODRÍGUEZ MARCHANTE SAN SEBASTIÁN. Michael Winterbottom y Zhang Yang son dos directores muy conocidos aquí; hasta tal punto son conocidos que ni siquiera necesita uno mirar el papel para escribir sin erratas sus nombres y apellidos. Ambos cineastas son antípodas entre sí, y no tanto porque uno sea británico y otro chino, sino porque a uno, Winterbottom, se le podría considerar como un clásico del eclecticismo y a Yang, pues lo contrario, un ecléctico del clasicismo. Cada uno de ellos traía ayer su película a la competición del festival y, francamente, la llenaron. El británico Winterbottom hace lo que le da la gana; así de claro. Probablemente tiene motivos para creerse un genio, pero el caso es que actúa como tal, y a veces hasta tiene cierta gracia. Aquí ha traído la película titulada A cock and bull story mucho más peculiar, genial y rara que con la que vino el pasado año (aquella de Nueve canciones supuestamente pornográfica) Nos saltamos el apuro de tener que traducir su título (ya lo harán en su momento sus distribuidores españoles, que si quieren ser literales y ajustarse al original, A cock and bull story a ver cómo convence uno a la abuela para ir a verla) y vamos directamente a lo importante: es una adaptación libre (libre, pero de barra libre) de la obra de Laurence Sterne Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy que Winb Comenzó con terbottom moldea como desde el interior de un rodaje, con superposición constante de realidad y ficción, con unas interpretaciones para llorar con ellas (de risa) de Steve Coogan, que hace de Steve Coogan en el rodaje y de Tristram Shandy y el padre de Tristram Shandy en la película que se rueda, y de Rob Brydon, también en su papel y en el de un tío del protagonista. Gracias al enorme e inesperado sentido del humor de Winterbottom nos enteramos, por ejemplo, de que Rob Brydon tiene la dentadura del color amanecer en la Toscana y una especie de zona de alunizaje en lo alto de la cocorota, bien pelada y bien redonda, que disimula con un cuidado reparto del material que le queda... Gracias, también, a ese sentido del humor y a esa visión ecléctica de Winterbottom vemos un rodaje por dentro como pocas veces se había visto: los piques entre el protagonista y el secundario de lujo, las sesiones de espiritismo entre el director, el guionista, el productor y la estrella... que no es la estrella y que ha de escuchar cómo necesitan una estrella (es tan gracio- sa toda la parte de contratación de Gilliam Anderson, la teniente Scully) los romances entre planos, los pequeños chantajes y las grandes miserias... Todo está mirado con humor y con sentido del ridículo, y está hecho con una brillantez fuera de lo común. Una película, además, que pasa por delante de uno como en monopatín: rápida, ligera, graciosa y haciendo cabriolillas. Relaciones entre padre e hijo La china se titula Girasol y, dentro de sus varias peculiaridades, hay que subrayar una ya mismo, por inusual y sorprendente: es una película china que se entiende. Parece mentira, pero uno sigue sin agobios ni comeduras de cerebro la historia de los protagonistas, una familia, durante los treinta o cuarenta últimos años; se muestra sin recelos toda la crueldad y los pavores cotidianos bajo el martillo de Mao, se aprecia desde los ojos de un niño el día a día, las impotencias, las delaciones, los privilegios, los respetos y las faltas de respeto, la sensación de abuso dentro del propio corralito familiar... El chino Zhang Yang profundiza con mucho sentido melodramático en las relaciones entre padre e hijo, unidas por la frustración de la pintura y enrarecidas por un manejo perverso de los verbos mandar y obedecer, sin duda fruto o metáfora del mundo que los rodea. A Zhang Yang se le queda Girasol algo larga, aunque sus 129 minutos de duración sean en realidad una minucia para cualquier película china, china, y siempre y cuando no se entienda muy bien lo que quiere contar. Ahora, para una película china que se entiende todo perfectamente, 129 minutos se hacen muchos. La película de Winterbotton pasa por delante de uno como en monopatín: rápida, ligera, graciosa y haciendo cabriolillas La china se titula Girasol de Zhang Yang. Una película china que se entiende