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32 Madrid SÁBADO 17 9 2005 ABC MADRID AL DÍA LA UNA Y LA OTRA MANUEL DE LA FUENTE El nuevo jefe de Policía jura el cargo con el reto de atajar la violencia callejera Enrique Barón sustituye a Fernández Rancaño, que se va al sector privado tiene varios frentes abiertos: la delincuencia organizada, las muertes violentas, la inseguridad y las bandas latinas, entre otros S. ALLER MADRID. El nuevo jefe superior de la Policía de Madrid, Enrique Barón Castaño, juró ayer su cargo ante el ministro de Interior, José Antonio Alonso. Barón, que sustituye en el puesto a Miguel Ángel Fernández Rancaño, será a partir de ahora el máximo responsable de la seguridad madrileña, después de ejercer esta misma responsabilidad en el País Vasco. En el acto, donde también juraron sus cargos los responsables policiales de Navarra, Asturias y País Vasco, estuvieron presentes el delegado del Gobierno en Madrid, Constantino Méndez, el anterior jefe superior de Policía, Rancaño, y altos mandos policiales madrileños. A Barón, un conocido especialista en la lucha contra ETA, le toca ahora asumir nuevas responsabilidades tras su desembarco en la policía madrileña. Por un lado, extender su trabajo en esta materia para hacer frente al terrorismo internacional, una de las amenazas de las grandes capitales occidentales. Por otro lado, atajar los altos índices de delincuencia que se registran en la región, especialmente en la capital. En este capítulo hay mucho trabajo por delante. Los casos de muertes violentas, por ejemplo, arrojan estadísticas alarmantes y la actuación de bandas extranjeras ha disparado las cifras de robos y extorsiones. La inseguridad de los comerciantes y la acción de bandas latinas que luchan por controlar sectores de la ciudad también se han convertido en caldo de cultivo para abrir brechas xenófobas en algunos barrios. b El responsable policial I ncreíble pero cierto, en el barrio se ha abierto un nuevo pequeño comercio. Y en frente de una conocida gran superficie. Unos valientes, eso es lo que son. Es más, no es un comercio de telefonía móvil. Ni de ordenadores. Ni de envíos de dinero a Ecuador. Es una frutería, un autoservicio de la fruta, ese tesoro de la Naturaleza que hoy vale su peso en oro. Esto es la regla que confirma la excepción de la otra. La otra, ésa es la otra de veras, la otra ciudad, la que ve cómo día a día cierran sus comercios de barrio. La otra, la otra de verdad es la ciudad de las zanjas y de la cruz de navajas, día sí, día no, por un quítame allá esos territorios. La otra ciudad, la de los ciudadanos que esperan, veinta, treinta minutos el autobús. La otra, la ciudad de los currantes que van en Metro como sardinas en aceite (de colza) La otra, pero la otra genuina, la otra en serio, la ciudad de los atascos, de los malos modos, de lo soez. La otra, la de toda la vida de Dios, la de las listas de espera, la de los ambulatorios y las urgencias atestados. La otra, la de las cocacolas a 320 pesetas. La otra, la de verdad, la ciudad sin ley, la de la insufrible contaminación acústica (ruido, estruendo, para qué andarnos con eufemismos) La otra, la de la suciedad tercermundista (si quieren les hago un sencillo listado de estercoleros y muladares de mi barrio) La otra, la de entonces y la de ahora, la que no ve un solo policía por sus calles, no ya de proximidad, ni siquiera de lejanía. Cuando bajen ustedes esta mañana a por el periódico y el pan y a calzarse unas porritas en el bar de la esquina, de qué hablarán los contertulios, de la otra o de La Otra. Se admiten apuestas. La otra es la ciudad que habita toda esa gente para la que septiembre es otra cuesta aún peor que la de enero, y luego la cuesta de octubre, y así, la otra es la ciudad que vive de crédito, se supone que esperando que un día cambie su suerte, bueno, o sencillamente, que exista (su suerte) y que trabaje su abuela. La otra, la de veras veritatis es la ciudad hooliganesca y gritona, que ya no hay alianza que la civilice. Y ahora vienen a contarnos que nuestro gran problema como madrileños es La Otra. Como si no tuviésemos bastante con la una. Barón conversa con Constantino Méndez tras jurar su cargo CHEMA BARROSO Un especialista en la lucha contra el terrorismo El nuevo jefe superior de Policía de Madrid, que ocupaba ese cargo en Bilbao, ha sido definido por Interior como un profesional que ha cosechado excelentes resultados en materia de lucha antiterrorista Además de la desarticulación de comandos, el periodo de Barón al frente de la jefatura en Bilbao estuvo protagonizado por el frente abierto por el Estado de Derecho contra el entramado terrorista. De hecho, los agentes bajo sus órdenes han participado en todas las grandes operaciones dirigidas contra el entorno de ETA por el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón. Ahora, reducir la delincuencia, las bandas juveniles, el crimen organizado y afrontar el terrorismo internacional serán sus retos. Muertes violentas En lo que va de año se han producido 38 muertes violentas en la Comunidad. La lista negra de fallecidos aumenta cada año. En 2004, por ejemplo, los delitos contra las personas se multiplicaron por dos en la capital. Se pasó de los 1.960 delitos de este tipo registrados en el año 2003, a los más de 4.000 ocurridos en 2004. Villaverde El asesinato, el pasado 2 de mayo, de un menor español a manos de un joven dominicano abrió la veda para las revueltas vecinales. Villaverde, que ahora tiene un plan de seguridad específico, se convirtió en un polvorín, y el brote xenófobo se saldó con 40 agresiones y el miedo de la población inmigrante a las represalias. ral de asaltos a mano armada derivó en movilizaciones populares y puso a las bandas organizadas de delincuentes en el punto de mira de la policía. Bandas latinas Su lucha por controlar el territorio ha generado inseguridad en algunos barrios madrileños. La creciente proliferación de pandillas juveniles como los Latin Kings o Los Ñetas ha situado a muchos vecinos en medio de un fuego cruzado entre bandas rivales. Integradas por jóvenes ecuatorianos, colombianos y dominicanos, sus reyertas se caracterizan por la extrema violencia. Droga y prostitución El consumo de estupefacientes y el tráfico de cocaína y heroína hacen estragos en asentamientos como Las Barranquillas y El Salobral. La cercanía con algunos barrios extiende a esas zonas la inseguridad. Algo parecido ocurre con la prostitución. La presencia de meretrices y, con ellas, el desembarco de extorsionadores, devalúa la convivencia en muchos barrios. Inseguridad en los comercios El asesinato a bocajarro de Antonio Sancho Arevalillo en su joyería de Móstoles en junio puso el punto y final al silencio de los comerciantes. La espi-