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ABC SÁBADO 17 9 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC FEDERALISMO ALEMÁN: UN ENFERMO CON GANAS DE VIVIR POR FRANCISCO SOSA WAGNER CATEDRÁTICO DE DERECHO ADMINISTRATIVO. FACULTAD DE DERECHO. UNIVERSIDAD DE LEÓN Tras las elecciones, es probable que se aborde la curación de las zonas dañadas. Pero nadie lo dude: como es el caso de que en aquella República las partes creen en el todo, entre todos- -y sólo entre todos- -se buscará la terapia pertinente... E L observador español que se acerca a la realidad política alemana tiene ocasión de constatar que en aquel- -para mí tan admirado- -país la Historia es una asignatura que se cursa en las facultades universitarias, nunca la partitura del discurso político actual. La mayoría de los actuales länder son territorios artificialmente construidos tras la Segunda Guerra Mundial, pero nadie añora a la poderosa Prusia o el Estado de bolsillo en el que Goethe se entretenía gobernando. Los ingleses crearon Schleswig- Holstein o Renania del Norte- Westfalia; los franceses son los padres de Renania- Palatinado; Baden- Württenberg es una consecuencia de la unión entre un viejo gran ducado y un reino, y así sucesivamente. Prusia, que llegó a poner a sus pies en el siglo XIX nada menos que a Austria y Francia, fue borrada del mapa por un acuerdo de los generales que ocuparon Berlín en 1945. Pese a esta conformación, fruto de la imposición militar, los alemanes actuales no encuentran emoción alguna en remover vestigios históricos, ni en descubrir batallas humillantes o gloriosas ni en hurgar en esos documentos de quebrada color que sirven para la patriótica tarea de echarse en cara, como ocurre en otros ambientes más cercanos, a Sanchos, Isabeles, Alfonsos o Felipes. Viven los alemanes, en este sentido, tan felices. emitieron voluminosos dictámenes. Debían acabar sus trabajos en las navidades de 2004. El fracaso ha sido clamoroso, aunque los länder no se han marchado a sus territorios a reformar por su cuenta sus constituciones. El intento malogrado pone de manifiesto la realidad de esa república bloqueada a la que tantos ensayos se han dedicado (el libro del jurista y periodista Thomas Danstädt, traducido al español, La trampa del consenso, es bien expresivo en este sentido) Por otro lado, desde hace años es generalizado el deseo de reordenar el mapa de estos länder a la búsqueda de espacios aptos para exigencias inéditas y para la prestación de adecuados servicios públicos. Son muchas las dificultades políticas para conseguirlo, pero interesa destacar, a nuestros efectos, que, si observamos en conjunto las propuestas hasta ahora realizadas (se pueden consultar en el libro de Joachim Sanden, Die Weiterentwicklung der föderalen Strukturen der BRD todas ellas basadas en criterios técnicos, nunca en sueños del pasado, advertiremos que se mueven en torno a los seis y, en términos de población, entre los seis y los dieciocho millones de habitantes. Fuera de esas cifras se consideran inapropiadas las estructuras políticas en el marco de una Europa comunitaria que, por tener que lidiar con intereses privados muy fuertes y desde luego poco descentralizados, precisa de regiones bien equipadas para andar cómodamente por los senderos del federalismo moderno. Federalismo cuya reforma global es una preocupación bien viva. En octubre de 2003 se creó una comisión para la modernización del orden federal Se sentaron a debatir dieciséis miembros del Parlamento y del Bundesrat. El Gobierno federal envió además cuatro personas con voz pero sin voto, y seis el conjunto de los parlamentos regionales. Las asociaciones representativas de los municipios se hicieron presentes con tres representantes. La comisión llamó a doce expertos, catedráticos universitarios de Economía, Finanzas y Derecho en su mayoría, que asistieron a las discusiones y Pues bien, una de las causas de ese bloqueo se halla en el Bundesrat, foro de representación de los länder Conocer su actual sentido exigiría recorrer hacia atrás el río de la Historia. Bismarck, en 1871, renovó un invento que venía de los primeros esfuerzos constitucionales para asegurar la vinculación de los soberanos de los Estados- -a la sazón reyes, grandes- duques, príncipes y demás- -a su proyecto unificador. Bajo el manto de su Constitución, el Bundesrat se convirtió en un segundo órgano de gobierno que colaboraba en la legislación aprobada por el Parlamento. En Weimar se quiso rebajar su importancia y por ello se reforzó la del Parlamento (detalles sobre estos avatares pueden verse en mi libro Maestros alemanes del derecho público, segunda edición, 2005) El actual Bundesrat está compuesto por representantes de los gobiernos de los länder y sus funciones son- -fundamentalmente- -de carácter legislativo. Cuando hay discrepancias entre el Parlamento y el Bundesrat se convoca una comisión especial mixta de ambos órganos (muy activa en la práctica) El quantum de la representación de cada land está en función de su población, aunque se beneficia a los pequeños (Baviera- -doce millones de habitantes- -dispone de seis votos, máximo existente, mientras que Bremen- -no llega al millón- -cuenta con tres) Entremos en este hermoso palacio berlinés para preguntar: ¿quién es la persona que se sienta en sus escaños como representante de su land Se trata de alguien que, carente de legitimación democrática, se halla muy vinculado a la alta burocracia local. El voto que se emite- -de los seis o los tres antes aludidos- -ha de ser unitario: todos votan lo mismo, al no permitirse la discrepancia. Esta situación es la causa por la que en muchas de las sesiones del Bundesrat se encuentra presente un único representante de cada land que vota por sus compañeros (Stimmführer) Cuando en una ocasión- -ley de emigración de 2002- -los representantes en el Bundesrat del Gobierno de Brandenburgo dividieron su voto porque tal Gobierno era de coalición, el Tribunal Constitucional declaró nula la referida ley (diciembre de 2002) Pues bien, esta es la pieza que ha resultado clave en el bloqueo como demuestra el hecho de haber sido invocada justo estos meses para la convocatoria anticipada de elecciones. En la actualidad- -en un proceso que ha ido creciendo desde los años cincuenta- -necesitan el consentimiento del Bundesrat el 60 por ciento de los proyectos legislativos: rebajar esta cifra a un máximo del 30 por ciento fue uno de los objetivos de la reforma frustrada de 2004. Y ello porque la práctica constitucional, embarazada inevitablemente por el constante manoseo de unos y de otros, ha engendrado dos mayorías, la del Parlamento- -y la fuerza que sostiene al Gobierno- y la existente en el Bundesrat. La parálisis tenía grandes posibilidades de adueñarse del sistema y agarrotarlo, siendo su mérito haberlo conseguido. Por otro lado, y curiosamente, el Bundesrat contribuye a la uniformidad de la estructura federal porque las elecciones a los parlamentos de los länder se utilizan en parte como herramienta para intentar bloquear al Gobierno elegido en los comicios generales. Y ya que he citado a tales parlamentos, conviene saber asimismo que se hallan en franco declive, ocupados por un abrumador número de diputados que son empleados públicos, y víctimas de la influencia de los poderes ejecutivos- -apoyados por sus élites funcionariales, en armonía con las de Berlín- más el hecho de hallarse literalmente emparedados entre las competencias crecientes de la Federación (es decir, del Estado central) y el despliegue incesante y arrollador de las de Bruselas. Con difícil escapatoria. El federalismo alemán, el más ilustre y el más antiguo de Europa, se halla, pues, enfermo pero a la búsqueda de renovada vida en el balneario de las ideas frescas y depuradoras. Por eso, tras las elecciones, es probable que se aborde la curación de las zonas dañadas. Pero nadie lo dude: como es el caso de que en aquella república las partes creen en el todo, entre todos- -y sólo entre todos- -se buscará la terapia pertinente.