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ABC VIERNES 16 9 2005 65 FIRMAS EN ABC JESÚS LÓPEZ- MEDEL BÁSCONES DIPUTADO DEL PP POR MADRID ONU: REJUVENECER A LOS SESENTA conseguir un funcionamiento más eficaz, más participativo y más responsable es algo más que una necesidad, una urgencia, tanto en el Consejo de seguridad como en los demás órganos... A UNQUE haya el riesgo de que todo quede en aparentes discursos de cara a la galería, lo que ahora se está debatiendo en la sede de la ONU responde a un trabajo de muchos años. Ya poco después de su fundación tras la segunda guerra mundial, se comprendió que la institución requería una reforma. Esta se fue demorando en ex- ceso, lo cual generó una situación de deterioro de la organización paralelo al deterioro del edificio cuya disfuncionalidad para las necesidades actuales es un exponente de lo que implica interiormente. Ahora, aun sin ser maximalistas, hay que ser conscientes de que es un momento decisivo, una oportunidad que no podemos dejar de esca- par para rejuvenecer Naciones Unidas, antes de que el transcurso del tiempo le haga entrar en una situa- LEOPOLDO GONZALO Y GONZÁLEZ CATEDRÁTICO DE HACIENDA PÚBLICA SANEAR LA SANIDAD Los impuestos especiales constituyen una técnica apropiada, pero sólo si se aplican correctamente... E L adjetivo técnico alude a la aplicación de las ciencias con fines útiles. Si queremos volar con rapidez y seguridad, la Aerodinámica aplicada nos indica cómo hacerlo. La técnica fiscal también nos informa acerca de los medios idóneos para la financiación de los gastos públicos. Viene esto a cuento de la polémica suscitada en torno a la financiación suplementaria de la Sanidad (menos se habla de resolver su ineficacia e ineficiencia, desgraciadamente) El aumento de la presión fiscal ejercida mediante los impuestos sobre la gasolina, el tabaco, la electricidad o el alcohol, se propuso inicialmente como instrumento adecuado para ello. Pero tal propuesta mereció el rechazo incluso de las CCAA gobernadas por el PSOE. Así, se pasó a otra más prudente, limitada a apretar sólo la tuerca de los impuestos sobre el alcohol y el tabaco. El asunto es materia tan sensible que la vicepresidenta del Gobierno terminó por declarar que si la propuesta no gusta, la retiraremos, pues no se trata de obligar ni torturar a nadie Inesperado reconocimiento de que los impuestos son instrumentos de tortura, antes que medios inevitables para financiar determinadas necesidades colectivas, según pensábamos algunos. Los impuestos especiales constituyen una técnica apropiada en relación con el problema planteado, pero sólo si se aplican correctamente. Estos impuestos no tienen por fin recaudar, al menos no primordialmente, sino moderar la demanda de los productos sobre los cuales inciden e internalizar los costes sociales que el consumo de los mismos genera. Otra cosa es que la rigidez de la demanda de los productos sobre los que recaen los convierte en potentes instrumentos recaudatorios al tentador alcance de los políticos. El consumo inmoderado de alcohol, por ejemplo, se traduce en una mayor incidencia de ciertas patologías y en el aumento de los accidentes de circulación, lo que, a su vez, ocasiona unos costes sociales que el mecanismo de los precios no recupera. Así, se pueden gravar los bebidas alcohólicas afectando la recaudación obtenida a la cobertura de los gastos sociales que de su consumo se derivan. Esta justificación puede extenderse también a los gravámenes sobre el tabaco y los hidrocarburos, aunque en este último caso habría que aludir a los costes sociales de la contaminación ambiental. La cuestión es que nuestra patria lo es también del arbitrismo fiscal. Todavía recordamos algunos el pintoresco impuesto que gravaba el uso (sic) del teléfono. La fronda impositiva de los impuestos sobre consumos específicos ha ido podándose al ritmo de la racionalización de los sistemas tributarios. Sin embargo, el neoarbitrismo de hogaño pa- rece volver la vista al cajón de los impuestos especiales, y, en efecto, la financiación de la sanidad encuentra instrumento apropiado en la fiscalidad del alcohol y del tabaco (sea su consumo de derechas o de izquierdas pero lo que carece de fundamento es echar mano del impuesto sobre hidrocarburos o del que recae sobre la electricidad. Bastantes problemas tenemos con la energía como para alimentar más el fuego. El fracaso anunciado de la Conferencia de Presidentes autonómicos, ha puesto nuevamente de manifiesto las disfunciones de un Estado de las Autonomías llevado a sus extremos, al poner también a prueba la compatibilidad entre los postulados de la descentralización financiera óptima, la igualdad de todos los ciudadanos a disfrutar de los mismos servicios esenciales y la chirriante realidad política nacional. El asunto de la financiación de la Sanidad ha quedado a merced del Consejo de Política Fiscal y Financiera, de donde nunca debió salir. Con independencia de si las cuantías son o no suficientes y de la sospechosa indeterminación de los criterios de reparto territorial de las mismas, la propuesta formulada el sábado por el Gobierno en términos de ampliar la aportación del Estado con cargo a sus ingresos generales y, adicionalmente, mediante recargos sobre los impuestos de alcoholes y tabaco, no merece mayor objeción técnica. Pero lo que no admite demora es la reforma de la Sanidad con el fin de superar su ineficacia, corregir su ineficiencia y atajar así la insuficiencia financiera crónica que padece. No se trata de un juego de palabras, pues si hay un ámbito de las políticas públicas en el que es posible aplicar los criterios empresariales de gestión, éste es el de la sanidad. En suma, se trata, antes que otra cosa, de sanear la sanidad. ción de convalecencia más difícil de facilitar una recuperación. Si con lo que se ha trasformado el mundo en cuanto a retos y problemas comunes, no somos capaces de hacer algo más que un lifting, sino un impulso de verdad, será un fracaso para todos. Ante todo, es necesario que recupere credibilidad que ha ido perdiendo. El transcurso del tiempo ha ido poniendo de relieve deficiencias que afectaban a órganos vitales como la confianza de la humanidad en esta institución. Su prestigio, su auctoritas fue cayendo progresivamente y solo en los últimos años fracasos ante acontecimientos como la invasión de Irak, el desastre el Balcanes o el genocidio en Ruanda y Sudan, son un exponente para exigir a todos un compromiso para que la entidad que reúne a 191 países (más de un tercio que en su origen) remonte el vuelo. Vinculado a su prestigio, que está ligado a un compromiso más multilateralista, está la necesidad de potenciar la transparencia de una organización cuya opacidad ha escaseado. Sombras y sospechas que no son solo de ahora han ido perforando cimientos y han sido aprovechadas para debilitar la institución por quienes no creen en la conjunción de todos sino en la primacía de solo los más fuertes: Al mismo tiempo, conseguir un funcionamiento más eficaz, más participativo y más responsable es algo más que una necesidad, una urgencia, tanto en el Consejo de seguridad como en los demás órganos. Hoy los nuevos retos requieren respuestas más eficaces. A la complejidad de los problemas derivados de la globalización hay que responder también con respuestas globales. Sin duda, ante la seguridad colectiva, acontecimientos recientes han puesto de relieve la necesidad de articular mecanismos proporcionados y adecuados, sabiendo que la lucha contra el terrorismo internacional no es una guerra convencional y asumiendo, en su caso, con libertad y consciencia los costes que en materia de derechos individuales pudiera conllevar. Al igual que sucede con el hecho de que lo espectacular e impactante de un accidente aéreo con un centenar de víctimas no puede ocultar la realidad de que mueren por accidentes en carretera miles y miles de personas, exactamente lo mismo puede decirse respecto un planeta en el cual las muertes silenciosas y sin publicidad por hambre de millones de personas, especialmente niños, son algo que debe considerarse más que prioritario prioritario. Derechos humanos, compromiso con la paz, lucha decidida contra la pobreza han se ser los compromisos de una institución en la que todos puedan tener voz, que se articulen mecanismos eficaces y se recupere la confianza en que el esfuerzo colectivo merece la pena para evitar un envejecimiento en decadencia.